10 de julio 2002 - 00:00

Rusia consagró nuevo astro del ballet, Joaquín Crespo

Joaquín Crespo
Joaquín Crespo
E l bailarín de 17 años Joaquín Crespo acaba de regresar de Rusia, donde ganó el Premio Revelación en el Concurso Internacional Arabesque 2002. Regresó junto al maestro Leandro Regueiro, que lo acompañó en la competencia, y Jutta Ohlsson, que desde su Departamento de Concursos Internacionales del Teatro Colón colaboró en este logro. Dialogamos con ellos:

«El Concurso era exclusivamente para rusos y hace muy poco que es internacional» cuenta Regueiro. «Yo trabajé en Moscú el año pasado y allí recibí la invitación oficial para llevar bailarines argentinos. Encontré que sería muy interesante que alguno de los nuestros se presentara frente a un jurado tan calificado y ver cómo trabajan los bailarines rusos. Mandamos el repertorio y se interesaron, es que de 7 obras solamente 2 eran del repertorio anteriormente soviético. No conocían «Tema y Variaciones» de Tchaicovsky, ni el personaje del tamborilero del ballet «Baile de graduados». Tanto es así que me pidieron autorización para que lo baile el ganador de la medalla de plata».

Periodista: ¿Cuánto tiempo hace que Joaquín Crespo es su alumno?


Leandro Regueiro:
Cinco años. Es alumno del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, y ya lo contratan. Bailó en «Notre Dame de París», en «Giselle»; en La Plata fue uno de los solistas en «Paganini» y también bailó en «Estancia» de Ginastera-Araiz. Es muy chico, recién cumplió 17, y en Rusia compitió con profesionales de hasta 26.

Proyección

P.: ¿Qué significa el premio para usted?

Joaquín Crespo:
Una gran satisfacción desde ya, empiezo a ver el fruto de un sacrificado trabajo. Disfruté de conocer un país tan lejano, otras gentes y otras culturas. Como una esponja, fui absorbiendo todo lo que ví, y me ayudó a soportar la presión de un concurso internacional y no asustarme al ver lo bien preparados que iban otros participantes. El Premio Revelación lo compartí con una bailarina rusa que venía de Lausanne y había ganado un tercer premio en Moscú el año pasado. Cuando me dieron el premio, el jurado dispuso que bailara en dos galas; en la primera bailé un tango de Piazzolla con coreografía de Julio López, del ballet «Dos Mundos». En la segunda me lo pidieron otra vez más la Variación del tamborilero del ballet «Baile de Graduados», y allí disfruté bailando, sin preocupaciones técnicas.

P.: ¿Cómo recibió su familia la decisión de ser bailarín?


J.C.:
Me estimularon mucho; somos cinco hermanos, y todos nos esforzamos mucho por ayudarnos, papá está desocupado, mi hermana mayor estudia arquitectura, los más chicos aun van al colegio y nos apoyamos tratando de no entrar en la depresión colectiva que encontré al regresar, la gente mira para abajo en lugar de mirar hacia delante. Yo todavía estoy haciendo el secundario, me atrasé un año pero lo voy a rendir libre; leo mucho, me gusta el cine; los fines de semana juego al fútbol; pero perfeccionarme en la danza en mi preocupación principal. Ahora me gustaría presentarme en el Concurso Internacional de Praga. Jutta Ohlsson se está ocupando en conseguir los pasajes y algún sponsor.

Jutta Ohlsson:
En este momento tengo tres bailarines y un coreógrafo en la competencia de Frankfurt, y dos cantantes en el Concurso Belvedere de Austria. Cada vez se hace más difícil ayudar a los jóvenes, pero afortunadamente nos hacen quedar muy bien y son la franja pujante del país y la presencia de argentinos es siempre bien recibida. No se explican tanto talento en un país de apariencia ruinosa, con lo que se ayuda a mejorar la opinión, por lo menos en el plano artístico.

P.: ¿Cómo ve su futuro?

J.C.: Seguir trabajando con rigor, inspirado en Nureyev y el virtuosismo de Baryshnikov, la creatividad del danés Peter Schaufus. Lograr el nivel de Julio Bocca o Maximiliano Guerra. Creo que tengo 10% de talento y pongo 90% de transpiración. Por el momento tuve la oportunidad de conocer el Bolshoi, el Museo Pushkin y la nieve.

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