21 de julio 2008 - 00:00
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"Señora", papel collage 51 x 76 cm de Nora Iniesta, que integra su muestra "La vida siempre sonríe" en Wussmann de San Telmo.
Como en la vida real las cosas no siempre tienen sentido, y por lo general las tipificaciones o catalogaciones de la identidad humana suelen ser imprecisas, la búsqueda del orden perfecto se convierta en un trabajo ímprobo, que la artistas realiza con obsesión. Esta obsesión la lleva a recortar miles de personajes representativos de la diversidad del mundo.
Así, en cada uno de los cuadros elabora distintas composiciones, que tratan sobre la infancia, el sufrimiento, el dolor, la violencia, el mundo femenino, los temores, la ciudad, entre otros temas. Finalmente, la obra que le brinda el título a la muestra, «La vida siempre sonríe», trata sobre las clases sociales, que aparecen ordenadas con la precisión de un entomólogo, en sectores totalmente diferenciados.
La muestra culmina con unos enjambres cerrados en algunas obras que alcanzan la máxima tensión, pero el trabajo de Iniesta parece no tener límite. La ingenua pretensión de clasificar la sociedad en sectores felices o infelices, cultos o incultos, ricos o pobres, pero perfectamente reconocibles, le otorga paradójicamente a la exposición, una veracidad que reside en la genuina aspiración de encontrar el modo de que las cosas encajen en su debido sitio, aspiración que pareciera involucrar a la propia artista y a su obra. La exhibición deja cierto resabio melancólico, provocado en parte por la dificultad conceptual de la tarea, que se acentúa, además, por el clima que crean las imágenes retro, tomadas de revistas de las décadas del 50 y el 60.
A la vuelta de Wussmann, sobre la calle Chacabuco, en Appetite, está «Bibelot» la bellísima instalación de los jóvenes Verónica Romano y Juan Tessi, y también la poderosa muestra donde el talentoso Roberto Jacoby mira en retrospectiva el mítico y convulsionado año 1968. «Bibelot» es una instalación que dos artistas realizaron como un juego. Pero se trata de un juego donde Tessi, que es uno de los mejores pintores realistas de la actualidad, decide decorar un rincón con platos de loza inglesa y algunos de su invención, y donde Romano, una estupenda escultora, dispone con gracia de algunas de sus obras. El resultado es que entre ambos, acaban por conformar una obra de gran belleza ornamental.
En una sala de Appetite, Jacoby exhibe unos afiches donde ha reunido imágenes, nombres y documentos históricos del año 1968, a los que yuxtapuso frases breves que seleccionó en la actualidad y que llegan de modo muy directo al espectador. La estructura de los acontecimientos del 68, guarda un pasado que parece inagotable, que invita a nuevas representaciones. Jacoby se apropia en parte del material gráfico de la época y le superpone fragmentos de las letras de las canciones que escribió en las décadas del 80 y el 90, y algunas citas, que funcionan como un dispositivo para atrapar de inmediato la atención.
El oscuro, extenso y denso documento de la «Declaración del Comité Coordinador de la Imaginación Revolucionaria sobre la Nueva Vanguardia Cultural Argentina. 1968», potencia su mensaje revolucionario al superponerle en grandes letras color rosa, la frase que dice: «Si supieras cuánto te amo. Te daría temor». Sobre la portada de un libro de Oscar Massotta, Jacoby, que fue un activo protagonista de la década del 60, escribe, «imágenes paganas se desnudan en sueños», el fragmento de una de sus canciones para el grupo Virus. Sobre el afiche de Buenos Aires, Cultura 1968, la frase «tu beso en el vidrio dejó marcado el rouge», aparece como un mensaje surrealista; al igual que la cita «Habla para que pueda verte», impresa sobre el rostro del Che Guevara. La muestra se construye sobre las ruinas del revolucionario pasado sesentista, un pasado que cobra inusitado interés con la movilizadora obra de Jacoby.


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