1 de abril 2005 - 00:00

Se oyó en el Colón una hermosa "Misa" de Verdi

«Misa de Réquiem», de Giuseppe Verdi, para solistas, coro y orquesta. Director: R. Buckley. Dir. del coro: S. Caputo. Orq. Estable y Coro Estable (Teatro Colón.)

Verdi no dejó de lado la incursión por la música religiosa, tal como lo hicieron muchos de los operistas del siglo XIX (como Rossini y Donizetti, entre otros). En su misa para difuntos, Verdi elabora un enorme fresco sinfónico-coral que trae la evocación de su «background» operístico.

Es conocida la historia de la creación de la «Misa de Réquiem». El primer intento (la composición de una obra religiosa colectiva con motivo de la muerte de Gioacchino Rossini, en la que Verdi se reservaría la última sección «Libera me») se vio frustrado. El segundo se concretó a la muerte de Alessandro Manzoni, cuando Verdi se prometió escribir una «Misa de Réquiem» en su tributo para cuando se cumpliera un año.

Así, el 22 de mayo de 1874, dirigida por el mismo compositor, se estrenó ese «Réquiem» para Manzoni, en la Iglesia de San Marco.

Luego la obra seguiría una brillante carrera nacional (Milán) e internacional (París, Londres, Viena).

El Teatro Colón acaba de cerrar su «Verano Musical 2005» con una nueva ejecución de la grandiosa creación verdiana, y esta versión constituyó una de las mejores ediciones de los últimos años. El director norteamericano Richard Buckley al frente de la Orquesta Estable del Colón; el debutante director del coro estable, el italiano Salvatore Caputo, y un brillante cuarteto de voces solistas ofrecieron una interpretación recordable.

Buckley
guió a los instrumentistas de las diferentes secciones de la orquesta con seguridad, disciplina y logrando momentos (sobre todo en los «pianissimi») de atmósferas de extrema plenitud. La placidez y el recogimiento de algunos de los segmentos de este gran fresco sonoro contrastaron con el efecto y la solidez del «Dies irae». La Orquesta Estable, como en sus mejores momentos, respondió con eficacia a las indicaciones de Buckley, y Caputo logró del coro los matices y la potencia para la compulsión de las nueve secciones del «Dies irae».

Las voces solistas aportaron calidez, dramatismo y emotividad. La soprano española
Amparo Navarro (de buena técnica y medios vocales), la mezzosoprano María Luján Mirabelli (emisión profunda), el tenor Carlos Duarte (espléndido timbre lírico que evidenció en un memorable «Ingemisco») y el bajo italiano Elia Todisco (cantante de exquisitos medios y grave emisión) constituyeron un cuarteto vocal de categoría.

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