28 de septiembre 2004 - 00:00

Sedujo el inclasificable Tom Zé

En un espectáculo de organización caótica, Tom Zé bailó, cantó, actuó, hizo chistes, ironizó sobre temas de actualidad y terminó ejerciendo una fuerte seducción sobre la platea.
En un espectáculo de organización caótica, Tom Zé bailó, cantó, actuó, hizo chistes, ironizó sobre temas de actualidad y terminó ejerciendo una fuerte seducción sobre la platea.
Presentación de «Imprensa cantada». Tom Zé (voz, guitarra). Con L. Lelis (batería), D. Maies (bajo), C. Carneto (teclado), S. Caetano ( guitarra) y J. Mair (mandolina, guitarra). (Teatro Gran Rex; 25/9.)

Cuesta mucho poner en palabras lo que hace Tom Zé sobre el escenario, porque incluso es bien diferente a lo que suena en sus discos (el último de los cuales, «Imprensa cantada», presentó en esta actuación). Viejo compañero de Caetano Veloso, Gilberto Gil y María Bethania en los lejanos tiempos del «tropicalismo», y bahiano como ellos, con el tiempo se fue alejando de ese grupo y se ha ido transformando en un personaje extraño, de muy difícil clasificación.

Es como un clown o un actor que canta, o un orador seudo religioso hablando a la multitud, o un entretenedor que hace uso también de las canciones y el humor, o un bailarín sin técnica que se mueve como un pájaro por el escenario, o un marginal que juega el papel de artista; o quizá, un gran artista que trabaja en el terreno de la marginalidad.

Las canciones no siempre cumplen con los requisitos de la melodía acompañada. A veces bastan algunos sonidos, o frases sueltas. A veces, los textos hablados -muchos de ellos improvisados-interrumpen el discurso sonoro -o lo complementan-. grita por la paz, le habla con ironía a George Bush, cuestiona la pobreza en su país -y la prostitución adolescente que se desprende de ella-, se mofa de la presencia de su antiguo compañero Gil como actual ministro de Cultura, declara su antiguo amor y su deseo por la Brigitte Bardot de los años '70. Y todo eso va sucediendo a través de las letras de las canciones o de palabras que va desgranando sin una lógica aparente.

En lo musical, su discurso entremezcla géneros brasileños con bases rockeras, recursos tecnológicos con timbres acústicos, juegos teatrales sonorizados con acompañamientos convencionales. Y con todo eso, va ejerciendo una fuerte seducción sobre el público que termina acomodándose a su organización algo caótica y acompañándolo con palmas o con coros.

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