3 de septiembre 2003 - 00:00

Segunda chance para mítica ópera de Piazzolla y Ferrer

Horacio Ferrer
Horacio Ferrer
"'María de Buenos Aires' es la obra más ambiciosa y lograda compuesta hasta la fecha por Piazzolla", decía una de las crónicas publicadas a poco de su estreno en 1968. Sin embargo, aquella primera puesta -de la que resultó un disco doble hoy de colección-, protagonizada por los cantantes Amelita Baltar, Héctor De Rosas y sus propios autores -Astor Piazzolla al frente de una orquesta de cámara y Horacio Ferrer como recitante-no tuvo el éxito suficiente como para soportar los gastos. Desde entonces, pasaron 35 años.

Durante mucho tiempo, «María de Buenos Aires» fue una obra apenas conocida por los piazzolleros más fanáticos y sólo la «Fuga y Misterio», uno de sus números (a partir de ser la cortina de un programa televisivo), alcanzó popularidad. Sin embargo, en los últimos años, con la revalorización que ha tenido la obra de Piazzolla en el mundo, empezaron las versiones, la más importante de las cuales es que la que dirigió Gidon Kremer, de la que resultó una nueva grabación con Julia Zenko, Jairo y Ferrer. Las puestas internacionales fueron muchas más, con solistas y músicos argentinos o extranjeros.

Paradójicamente, en cambio, Buenos Aires nunca había vuelto a ver en vivo esta obra fundamental para el tango argentino. Por eso, es un hecho destacado que se haga justicia y «María de Buenos Aires» tenga por estos días una nueva puesta porteña. Aunque serán pocas funciones, quizá sirva como puntapié inicial para futuras representaciones. Mientras tanto, podrá vérsela y escuchársela en el Centro Cultural Borges hasta el sábado 6 con la dirección musical de Julián Vat y Patricia Barone, José Angel Trelles y Juan Vitali en los papeles protagónicos. Sobre la obra, dialogamos con Horacio Ferrer.

Periodista
: ¿Cómo siente a «María de Buenos Aires» después de 35 años?

Horacio Ferrer: Es parte del metabolismo espiritual de Buenos Aires. Y como muchas veces pasa, parece que hizo falta que tuviera éxito afuera -se ha visto en 60 ciudades de 25 países-para que los porteños volvamos a verla en vivo.Y estoy muy contento con esta nueva puesta. Cuando se ha representado en el exterior, y siempre que pude manejarlo -porque he llegado a ver una versión en Austria que parecía «Mary Poppins»- he cuidado la estética original, la formación orquestal, el idioma porteño, el espíritu con que la hicimos con Astor. Siento a «María de Buenos Aires» como una obra en blanco y negro, que ha soportado el paso del tiempo porque es de todos los tiempos.

P.: ¿Cómo compusieron esta obra con Piazzolla?

H.F.:Yo lo conocía a Astor y era su amigo desde 1948. El me conoció a partir de mi «Romancero Canyengue» y, desde entonces, manifestó su admiración por mi trabajo. Para mí esto era algo increíble porque siempre fui uno de sus más grandes fanáticos. El hecho es que Astor me pidió que escribiera los textos para una «West Side Story» porteña. Me puse a trabajar y la terminé en 54 días en mi vieja máquina de escribir, aunque me salió algo totalmente distinto a ese pedido. Le presenté a Astor el guión completo, inclusive con ideas para la puesta y con sugerencias musicales bien concretas. El respetó prácticamente todas mis propuestas. Aunque la versión original tenía dos números más que los que figuraron finalmente en el disco, porque era demasiado extensa para la medida de los antiguos long play.

P.: Quizá sería bueno reeditarla con los números faltantes.

H.F.: Sí, porque además, hace poco me ha llegado una grabación de esos dos números con una muy buena calidad acústica. De modo que podrían agregarse.


P.:
¿Cada vez que ve una nueva puesta de «María de Buenos Aires» establece la comparación con la original? En ese caso, ¿con cuál se queda?

H.F.: Indudablemente,Amelita Baltar era la voz justa para el papel de María. Recuerdo que nos habíamos quedado sin protagonista por cuestiones extraartísticas -originalmente, la iba a interpretar Egle Martin-y Astor me habló de una cantante de folklore, Amelita, que le había interesado como reemplazante. Y, la verdad, es que yo coincidí plenamente con él. Pero esto no quiere decir que no me gusten o que no encuentre valores en puestas posteriores. Del mismo modo que en muchos casos no he jugado el papel de relator. He visto muchas versiones de «Hamlet» y cada una puede tener lo suyo. Y «María...» nos sobrevivirá a nosotros, como ya lo sobrevivió a Astor.


P.:
La ausencia de Piazzolla es también muy fuerte.

H.F.: Por supuesto. Imagínese que para mí, que lo conocí, viví junto a él, trabajé con él, fui su amigo, la pérdida por su ausencia es enorme. Por eso, no he vuelto a escribir con músicos que fueran imitadores de Piazzolla. Ahora mismo estoy escribiendo una operita con Alberto Magnone, un músico uruguayo, pero en una línea bien diferente, como antes lo hice con Horacio Salgán.

P.: ¿En qué está trabajando por estos días?

H.F.: Acabo de terminar un libro de 50 poemas, «Shakespeare es mío». Estoy armando la puesta de «Dandy», con Guillermo Fernández. Sigo al frente de la Academia Nacional de Tango y, desde allí, estoy organizando el Museo de Tango y Artes Populares. De modo que no me falta actividad.

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