24 de enero 2006 - 00:00

Seleccionado literario se adelantó al Mundial

El EstadioOlímpico deBerlín será elescenario centralen lo deportivo,pero el Mundialya propiciahechos culturalescomo el debateliterariofutbolísticodeHenning Mankell,Péter Esterházy yJavier Maríasentre otros.
El Estadio Olímpico de Berlín será el escenario central en lo deportivo, pero el Mundial ya propicia hechos culturales como el debate literariofutbolístico de Henning Mankell, Péter Esterházy y Javier Marías entre otros.
Berlín - Albert Camus y Vladimir Nabokov fueron arqueros. El escritor húngaro Péter Esterházy, cuya obra «Armonía celestial» fue considerada una obra maestra por la crítica europea y que en 2004 recibió el prestigioso premio de la Paz de la Asociación de Libreros y Editores de Alemania, fue futbolista y su hermano Márton llegó a jugar con la selección de Hungría en el Mundial de México, en 1986. Cuando era chico, Javier Marías era wing izquierdo y llevaba la camiseta número 11 como su ídolo en el Real Madrid, Gento, pero acabó decidiéndose por la literatura.

Aunque no haya inspirado tanta literatura como otros deportes, el fútbol fascina desde hace tiempo a muchos escritores. Cuando faltan cinco meses para el Mundial de Alemania (del 9 de junio al 9 de julio, y en el marco del programa cultural que acompaña al acontecimiento deportivo, autores como el propio Esterházy, el sueco Henning Mankell, el polaco Ryszard Kapuscinski (que en «La guerra del fútbol y otros reportajes» narra «la guerra del fútbol» entre Honduras y El Salvador en 1969 que se desarrolló de forma paralela a la guerra real), la camerunesa francófona Calixthe Beyala, el británico Tim Parks y el español Javier Marías, entre otros, se congregaron este fin de semana en Berlín para debatir sobre las relación entre dos mundos aparentemente ajenos.

¿Pueden compararse el fútboly la literatura?. «Un buen partido de fútbol es una buena historia», dijo el consagrado autor de novelas policiales, Mankell. Calixthe Beyala, a la que el «Frankfurter Allgemeine Zeitung» ha descrito como «una superestrella de la literatura en Francia y Africa», sostiene que «el escritor y el futbolista buscan ambos que su público los quiera. El espectador de un partido de fútbol intenta influir en el resultado animando a su equipo; lo mismo haría el lector que reinventa una novela con cada lectura. La literatura, como el fútbol, hace soñar. La pelota es redonda como la tierra, como el vientre de la madre protectora, como el sol. Cuando un futbolista patea al aire, parece que la pelota va a tocar las estrellas. En la literatura también hay un deseo de tocar las estrellas, de ir más allá de la vida cotidiana».

Javier Marías
, autor de «Corazón tan blanco» y « Mañana en la batalla piensa en mí», entre otras novelas, seguramente el escritor español de más prestigio en Alemania, discrepó: «Cuando escribo y estoy haciendo un pasaje complicado o que yo juzgo de particular belleza, a veces tengo la sensación, quizá equivocada, de estar tocando el piano o algo que sólo he hecho en un salón: que estoy toreando...»

Tim Parks
, que con su novela «Destino» pasó a formar parte del denominado «dream team» británico y ha escrito, además, sobre el fútbol italiano, fue el más pesimista al referirse a las dificultades para poner en palabras un partido de fútbol. «Lo peligroso de escribir sobre fútbol es que lo que uno escribe no es interesante, lo interesante es lo que ocurre en el campo».

«Es perfectamente posible escribir de fútbol»,
dijo en otro momento Javier Marías, quien evocó la «figura trágica del futbolista», un profesional que se retira a los treinta y pocos años. «El destino trágico de un jugador es que siempre será el que fue», dijo.

Calixthe Beyala
y el húngaro Esterházy se enzarzaron en un vivo debate sobre fútbol y lenguaje que, en realidad, refleja dos escuelas literarias opuestas. El húngaro señaló la infinidad de sinónimos que los locutores usan para designar la pelota.La africana defendía el uso de metáforas para abordar la descripción del deporte. «¿Qué metáforas ha inventado usted?», le preguntó Beyala a Esterházy. Este respondió: «Creo que una pelota es una pelota, no un esférico o un balón. Si hay que decir quince veces pelota, pues se dice, y ya está».

• Mundos separados

El sueco Per Olov Enquist recordó que es muy distinta la perspectiva del espectador -y por tanto, la del escritor- de la del entrenador o el jugador.

«Desde abajo lo que se ve es un caos de piernas», dijo.

Los esfuerzos de muchos escritores por aproximar el fútbol y la literatura se diluyeron en el debate final, el sábado por la noche, cuando cuatro escritores se enfrentaron a cuatro personas procedentes del mundo futbolístico: una jugadora, un árbitro, un entrenador y un ex jugador. Entonces quedó claro que deportistas y literatos hablan de cosas distintas cuando hablan de fútbol.

La conexión entre literatura y fútbol sorprende en muchas ocasiones. Así, por ejemplo, el austr aco
Stefan Griebl eligió como seudónimo Franzobel (Fran2-0Bel) a raíz del resultado de un partido de fútbol en el que Francia ganó por 2 goles a 0 a Bélgica. El escritotr austríaco ha publicado dos obras en las que el futbol es el gran protagonista «Mundial. Oraciones al dios fútbol» y «Futbolcracia».

Franzobel
y Javier Marías evocaron el fútbol de antaño, cuando supuestamente había más humor en la cancha. «Con permiso -terció el árbitro Bernd Heynemann-; ustedes no pueden juzgar porque no están en el campo. Les puedo decir que todavía hay diversión».

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