6 de septiembre 2001 - 00:00

Ser escritor, para Wilbur Smith, no supone glamour

Wilbur Smith.
Wilbur Smith.
Los 100 millones de ejemplares de sus novelas comprados en el mundo dan al sudafricano Wilbur Smith la seguridad de hacedor de bestsellers de aventuras. Esto le permite, a los 67 años, tomarse uno de vacaciones tras cada libro y dedicarse a giras promocionales y a sus deportes preferidos: la caza y la pesca. Vino a Buenos Aires a respaldar la novela «Hechicero», que continúa su saga del antiguo Egipto compuesta por «Río sagrado» y «El séptimo papiro», que hace 6 semanas está entre los libros más vendidos.

Periodista: ¿Es cierto que suele visitarnos seguido, aunque más secretamente?

Wilbur Smith: Vengo a la Argentina desde hace 15 años por cuestiones deportivas, para pescar y cazar. Disfruto mucho del país, de la compañía de los argentinos, de sus carnes y sus vinos. Suelo visitar la parte central de Córdoba, ir a Paraná y, en el sur, a San Javier.

P.: ¿Se interesó por algún escritor argentino?

W.S.: Me resulta difícil leer a todos los escritores ingleses que me gustaría conocer. El tiempo es demasiado corto, he leído sólo a algunos argentinos que han sido traducidos, pero prefiero leer lo que está en mi idioma.

P.: Borges ha escrito, a veces, directamente en inglés...

W.S.: Desafortunadamente, no he leído nada de él.

P.: ¿Sigue escribiendo un bestseller cada dos años?

W.S.: Ese fue el plan. A los 60 años decidí escribir un libro un año y al siguiente descansar. En el futuro, en vez de un año libre, me voy a tomar dos. Lo que estoy haciendo es gozando de mi pensión jubilatoria de a poco.

P.: ¿En las vacaciones planea la próxima obra?

W.S.: El año de vacaciones no lo es totalmente, porque hago una intensa promoción de mi obra. Este año, que es de vacaciones, visité Italia, Escandinavia, Australia, Canadá, Nueva Zelanda. Además, trato de ponerme al día con la lectura, ver lo que se ha publicado en ficción, leer sobre las zonas que quiero visitar para desarrollar mis actividades deportivas.

P.: ¿Sus giras lo inspiran, como a Patricia Cronwell?

W.S.: Ella escribe libros total-mente distintos de los míos, thrillers modernos. Yo sólo voy a escribir sobre lo que conozco en profundidad. Nací y pasé toda mi vida en Africa, y hay allí un millón de historias que todavía no se han contado. Si bien tengo interés en otros países, como Australia y la Argentina, no tengo la profundidad necesaria para crear una historia convincente.

P.: ¿Esa es una de la claves para escribir bestsellers?

W.S.: Para escribir una historia convincente se debe creer en ella. Elementos clave son el entusiasmo y la verosimilitud, la capacidad de trasladar la historia al lector de modo que pueda transportarse, suspender su forma de pensar y creer en lo que se le cuenta. Para generar ese sentimiento uno debe tener todos los datos, por más minúsculos que sean, y que sean correctos. Se debe poder crear un mundo al que se invite al lector.

P.: ¿La construcción de un personaje es fundamental?

W.S.: Absolutamente. Yo no comienzo construyendo un personaje, sino que se va desarrollando a medida que evoluciona la historia. Al iniciar un libro no estoy seguro de cuál va a ser la resolución final, porque para que una historia sea creíble los personajes deben hacerse cargo de la historia, interactuar unos con otros, y eso es imposible antes de largarse a escribir. Sé que hay quienes utilizan cuadros muy complicados y organigramas; no es mi caso.

P.: ¿Le gusta que lo comparen con Henry Rider Haggard, el autor ya clásico de «Las minas del rey Salomón»?

W.S.: Es un gran cumplido. En la adolescencia leía todo lo de él. Tenía muchísimos de los elementos que a mí me gusta incluir en mis libros, los misterios, las reacciones de los personajes, las situaciones exóticas, es maravilloso. Fue muy halagador que, en Gran Bretaña, hace 6 semanas, quienes están formando un club de fans de Rider Haggard me invitaran para ser miembro fundador. Me dijeron que, para ellos, yo era la versión moderna de Haggard.

P.: ¿Cuál de sus muchos libros es su preferido?

W.S.: Estuve por decir: el próximo. Pero es como si tuviera 29 hijos. Algunos son más hermosos o más inteligentes que otros, pero los quiero a todos. Aunque, pensándolo, el primogénito, «Cuando comen los leones», es el que más aprecio porque es el que inició mi carrera.

P.: ¿Por qué escribe por series, sagas, ciclos novelísticos?

W.S.: Una histor ia que funciona parece querer perpetuarse, seguir como la vida misma. Cuando me es difícil concluir un libro es porque aún tengo mucho para decir, entonces paro. Pero queda tanto en mi cabeza como para continuar; además, es más fácil: ya tengo los personajes instalados, conozco su historia y no tengo que empezar de cero, y eso ahorra muchísimo trabajo.

P.: ¿Cuál es su rutina para escribir?

W.S.: Hay quienes creen que la del escritor es una vida glamourosa, pero es 5% de inspiración y 95 de transpiración.

Recomendación

P.: En uno de sus 4 matrimonios estuvo casado con la escritora Danielle Thomas, ¿es posible un matrimonio de escritores?

W.S.: Cuando me casé, Danielle no era escritora. Nuestro matrimonio fue de treintipico de años y recién en los últimos siete, antes de su muerte, ella decidió ser escritora. Yo había comenzado mucho antes y ella se sentía envidiosa de mi éxito. Tenía un sentimiento de competencia que yo trataba de detener, pero no podía ocultar su resentimiento cuando alguien se acercaba a comentar un libro mío y no decía nada acerca de los suyos. Dejó de ser una buena relación cuando ella comenzó a escribir. No recomendaría que un escritor se case con una escritora. Hay suficientes problemas en una pareja como para sumar un elemento más que implique competencia entre ambos.

P.: ¿Qué piensa de sus compatriotas escritores, la Premio Nobel Nadine Gordimer y el prestigioso J.M. Coetzee?

W.S.: Otro escritor y compatriota, Roy Campwell, publicó el breve poema «Algunos escritores africanos», que dice: «Ustedes critican las limitaciones con que escriben/ por supuesto que los apoyo en esto/ utilizan las riendas y el bozal bien/ ¿pero dónde cuernos está el caballo?». Tanto Gordimer como Coetzee no me parecen escritores estimulantes. Son valiosos, han hecho una gran contribución a la literatura sudafricana, pero no producen la literatura que yo leo por placer. Prefiero que me lleve un buen caballo y Nadine es una escritora política que se ha limitado al tema «bozales y riendas» (ríe).

P.: ¿Gordimer lo critica por «británico, blanco y victoria-no»?

W.S.: Por eso y por un poquito de envidia también, porque yo puedo comer con mis libros.

P.: Lo mismo podría decir Stephen King, ¿usted también pondrá novelas en Internet?

W.S.: Ese experimento de King, a quien admiro muchísimo, fue valioso como experimento. King tiene tanta energía, tanta producción, puede escribir 5 o 6 grandes libros al año, es incansable, y quiere experimentar. Yo soy «old fashion», «blanco, victoriano, británico» y creo que un libro es un libro. Desde hace 30 años vengo escuchando que la novela se ha acabado, ha muerto, pero mi experiencia diaria con lectores me dice lo contrario. La lectura no puede ser reemplazada por estar frente a una pantalla; aún necesitamos el ejercicio de nuestra imaginación, y cualquier libro es una invitación a llenar los espacios en blanco, por eso es una experiencia tan reconfortante leer un libro.

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