13 de marzo 2003 - 00:00
Sergi López: "Algunos hasta me creen francés"
Se ganó el actor internacional de cine las simpatías del público y de varias periodistas. Al explicar cómo componer sus personajes, Sergi López explicó: "Cuando leo un guión que me parece muy rico, en el que cada escena me cuenta algo del personaje, hablo con el director a ver qué quiere y ya no preciso buscar nada". Dijo que en Francia "hay tantos franceses con acento de otro origen, muchos creen que soy francés".
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Sergi López
Periodista: Cuéntenos de «Western», la primera suya que acá vimos.
Sergi López: Pues es claramente la que me convirtió en actor de cine. Hasta entonces no tenía la sensación de serlo, sino simplemente la de tener un amigo que me invitaba a aparecer en sus películas. Soy fundamentalmente un actor de teatro, que cada tanto hacía cine. Pero «Western» fue a Cannes, ganó un premio, y de pronto debí pasar año y medio compaginando mi vida entre cine y teatro, hasta que ahora llevo ya cuatro sin hacer nada de teatro. Salvo cuando actúo en las conferencias de prensa.
P.: ¿Cómo empezó todo?
S.L.: Un francés, Manuel Poirier, me vio en teatro, precisaba un personaje español para su película, y me llamó. Hicimos cinco, una por año, cada vez con papeles más grandes, y la quinta fue «Western».Algunos me dijeron que me quedara en París para hacer carrera. Supuse que haría algunos personajes típicos, pero, para sorpresa mía y de la humanidad, fui pasando de gitano, torero y españolito a francés. Como hay tantos franceses con acento de otro origen, muchos creen que soy francés. No me lo explico. Como tampoco me explico por qué me llaman tanto. Debe ser un error.
P.: ¿Cómo compone sus personajes?
S.L.: Bueno, cuando leo un guión que me parece muy rico, en el que cada escena me cuenta algo del personaje, como «Harry, un amigo que te quiere bien» o «Una relación pornográfica», hablo con el director a ver qué quiere y ya no preciso buscar nada. Eso de cómo sería el personaje en su casa haciendo huevos fritos, cómo habrá sido su infancia, etc., no me sirve, ni creo que le sirva al espectador, porque no sale en la película. Y además soy muy holgazán.
S.L.: Ese es un supermercado. No tengo problemas de viajar a EE.UU. o a Camerún. He pasado la mayor parte de mi vida montando focos y conduciendo camionetas, de modo que esto de la actuación y parar en hoteles es un privilegio. Pero vivo en Vilanova i la Geltru, un pueblo a 50 kms. de Barcelona, a orillas del mar, conozco a mis vecinos, ellos me conocen, y no me apetece tanto eso de irme a vivir a otro sitio, y encima para trabajar mucho. De muchacho ni siquiera iba al cine, que en el pueblo había dos, pero los domingos prefería pasear, la playa, tirar piedras. No lo digo con la boca grande, no me siento orgulloso, pero donde más cine he visto fue recién cuando fui a estudiar a París.
P.: Y ahora, ¿como surge lo de «Lindas cosas sucias»?
S.L.: Para una película sobre inmigrantes, Stephen Frears estaba buscando personajes en todas partes. Me dijo «¿Te animas a hablar en inglés?», y yo respondí «pues, si me aprendo el texto, lo único que no puedo hacer es de Lord Byron, porque tengo un acento muy majo».
P.: Eso se nota incluso en las películas españolas, como «El cielo abierto».
S.L.: Mi lengua materna es el catalán, de modo que hablo castellano con acento, que no me lo puedo quitar, ni quiero tampoco. Pero curiosamente es algo que me ayuda. En este caso, como ni yo mismo me creo que estoy hablando en inglés, cuando me dicen «¡Acción!», pues sólo puedo tirarme de cabeza y actuar. Cuando menos controlas una lengua, más obligado estás a ir a lo esencial, que es el espíritu de la escena.
P.: ¿Y el espíritu de la película?
S.L.: Me gustó su modo de hablar de Londres, y por extensión de Inglaterra y de Europa, usando un hotel como metáfora de una maquinaria con dos caras. La fachada es bonita, limpia, pero en las habitaciones y en los lugares de servicio pasan cosas muy feas, y te das cuenta que quienes aguantan el barco son todos inmigrantes, que están desde hace tiempo, y son mucho más honestos que los locales, pero nadie les presta atención ni los respeta.
S.L.: Un conserje que organiza trasplantes clandestinos de órganos a cambio de pasaportes. No lo elegí porque fuera malo o bueno. Me gustó la historia. A veces el personaje que me toca me gusta bastante poco, pero la película tiene una historia muy buena. Pero es cierto, en este caso me gustó todo. Además el personaje mío era una bomba, un gran cabrón, siempre sonriente, con detalles y detallitos que están escritos en el guión, no los invento yo. Y ha salido bien.

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