Al principio imperan los celos y la desconfianza, sobre todo en el gato, que es capaz de no pasarle las llamadas telefónicas a Lucimar sólo por acaparar su atención. Sietevidas está tan alterado que sufre un brote histriónico (ésta es una escena de antología) y se da el gusto de parodiar al Topo Gigio y a otros personajes del dibujo animado. Pero su maternal dueña lo conoce bien y logra convencerlo de que su afecto ha permanecido inalterable pese a la distancia.
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Acto seguido, Sietevidas saca de su mochila una serie de objetos que funcionan como «recuerda-cuentos» y que le permiten dar inicio a las historias que conforman este espectáculo. Son en total cinco episodios, según distintas técnicas de manipulación y de tratamiento de la imagen (teatro negro, teatro de sombras).
No existen subrayados ni moralejas, ni siquiera en el famoso episodio de «La cigarra y la hormiga», sobre el que la autora aplica una inteligente vuelta de tuerca que enriquece la lectura de esta polémica fábula. Salvo el episodio del «Comic», un colorido pero confuso sketch de teatro negro, los demás cuadros desarrollan situaciones dinámicas, atractivas y con un buen soporte musical. El cuadro «Osos» (una simpática remake de «Ricitos de oro») incluye algunos coros típicos de la música negra, que aportan a este encuentro entre la niña y los osos un sutil llamado de atención sobre las actitudes discriminatorias. «Ñandutí» es otro de los episodios más celebrados.
En realidad, éstos son sólo algunos de los muchos aciertos que reúne este multifacético espectáculo del equipo de Asomados y Escondidos. El grupo celebra así sus 20 años de vida entreteniendo a toda la familia con buenos recursos.
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