16 de junio 2004 - 00:00
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Periodista: No empezó bien la semana.
Norberto Bula: No, porque aparte de esta reunión me encontrécon mis dos proyectoristasinternados, uno con neumonía y otro con pancreatitis. ¡En 25 años no les había pasado nada! En total tengo ocho empleados, uno de los cuales me acompaña casi desde el comienzo, cuando abrimos como sala de arte y ensayo.
P.: ¿Cómo es su relación con el cine nacional?
N. B.: Siempre le dimos lugar. Precisamente, el Lorca abrió con una película argentina de riesgo, «Tute cabrero», que fue la primera de Juan José Jusid, hoy calificado autor de cine comercial. Pero ahora las cosas han cambiado. Hasta los independientes quieren estrenar en las multisalas.
P.: Que, sin embargo, no los tratan tan maravillosamente.
N. B.: Están mortificados. Creían que habría más pantallaspara ellos, pero, por ejemplo, el nuevo multisalas que abrirá en Devoto no va a inaugurarse con ninguna argentina, sino con taquilleras de Hollywood. El problema, además, es que las empresas norteamericanas mandan películas muy atractivas, muchas veces en estreno simultáneo con EE.UU., y como las salas de estos complejos son bastante chicas, entonces es lógico que dispongan hasta de cuatro salas para cada título. Por eso, algunos proponen restringir la cantidad de salas para cada film extranjero, lo que deberá decidir el INCAA.
P.: ¿Lo hará?
N. B.: Creo que el INCAA terminará imponiendo algunaforma de obligatoriedad. No es que sea conveniente (desde 1948 vemos que no), pero esa es su razón de ser, debe apoyar la producción nacional, porque de otro modo no se justifica su existencia. Hará eso, o buscará, supongo, una forma de mantener las películas nacionales en pantalla por más tiempo, aunque vaya poco público. A mí no me afectaría que me obliguen a dar nacionales, ni siquiera tendría inconveniente en exhibirlas a precio regalado, siempre que sean buenas, porque yo sólo doy películas buenas, y que me subsidien el lucro cesante.
N. B.: Fácil. Yo, supongamos, programo una película nacional, y a cuatro cuadras el Tita Merello, administrado por el INCAA, da la misma pero a dos pesos, y a tres cuadras más el Espacio INCAA/ Gaumont la da a tres pesos. Entonces vienen los espectadores, comparan, y nos gritan «chantas, ladrones, hijos de su madre». Bueno, si quieren, no tengo inconveniente en cobrar un peso la entrada, pero que me paguen los gastos y un mínimo de lucro cesante. Así es como hacen en Francia.Acá alquilan salas en todo el país para hacer los Espacios INCAA, pero no pueden subsidiar a los exhibidores independientes.
P.: ¿Esto conducirá al cierre de salas?
N. B.: No estoy tan intranquilo. Creo que el INCAA medirá sus pasos, porque si afecta a los exhibidores se les cerrará una buena boca de ingresos. Solamente mi cine le aporta unos 10.000 pesos por mes, lo que en el año le permite financiar, por lo menos, una película chica. Y a fin de cuentas, en último caso cierro y pongo un garage. Hace tres años que no me queda un peso, pero para indemnizar al personal todavía me alcanza.




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