La escritora chilena Isabel Allende estuvo enla Argentina presentando la novela «Retrato en sepia». Dialogamos con ellasobre el trabajo que tiene en la actualidad un escritor de promocionar su nuevolibro con extensas giras, su vida en Estados Unidos, sobre los críticos quecalificaron su libro como «maravilloso folletín», sus relaciones con elperiodismo, el humor y el cine.
Periodista: ¿Fatigan las giras que debe realizarun escritor para presentar cada nueva obra?
Isabel Allende: Es la peor parte del trabajo.Uno va sintiéndose cada vez más expuesto, repitiendo mil veces las mismas cosasy, a medida que las repite, para no decirlas igual, va sutilmente cambiándolasy, al final de la gira, ya son puras mentiras.
P.: ¿Le molesta que los periodistas reiteren laspreguntas?
I.A.: Sí, pero además preguntan las mismascosas para todos los libros. De vez en cuando hay una entrevista diferente. Alprincipio de la gira es una confrontación con el propio texto, algo que yo notengo porque escribo en español en un país de habla inglesa, entonces nocomparto con nadie ese proceso, y un día me encuentro frente al primerperiodista que me enfrenta al texto, y ahí me doy cuenta qué escribí. Porejemplo con «Hija de la fortuna» llegué a España con el libro fresquito, saliósumamente rápido, y el primer periodista me dijo: «Este libro es una granmetáfora sobre el feminismo». A mí no se me había ocurrido, pero a partir deeso en todas las entrevistas dije «es una gran metáfora del feminismo» y quedóregio.
P.: ¿«Retrato en sepia» une diversas culturasporque usted es peruana por nacimiento, chile-na por nacionalidad ynorteamericana por residencia?
I.A.: Vivo donde hay la mayor diversidad delmundo y tolerancia por el otro, por la diversidad, por la diferencia. Eso es yanatural en mis nietos, pero para mi generación es algo cuidadoso, impuesto. Hayun esfuerzo consciente que se nota en la forma en que se habla de la gente deotra raza o religión, y para un escritor es maravilloso estar en la heterogeneidad.Yo vengo de un país como Chile, donde se trata de ser lo más igual posible alos demás y si uno se diferencia le tiran de la chaqueta porque nadie quiereser distinto.
P.: Vive en un San Francisco gobernado porrepublicanos...
I.A.: La votación es conservadora, pero es unagobernación profundamente liberal en todo.
P.: «Retrato en sepia» enlaza personajes de «Hijade la fortuna» y «La casa de los espíritus», ¿planea una saga?
I.A.: No, se dio por casualidad y estoy hastamás arriba de la coronilla con esos personajes; que se hundan ya, ¡por fin!
P.: ¿Pensó a Ana del Valle, el personaje principalde «Retrato en sepia», como fotógrafa porque las fotos fijan la memoria?
I.A.: No fue consciente, mi intención era quefuera escritora, pero era poco probable que con ese pasado y esa educación, enChile del siglo XIX, hubiera sido escritora. En cambio muchas hicieron carreraen tiempos en que la fotografía empezó a estar al alcance de todo el mundo,porque al principio era un juguete para ricos y cuando apareció la películaKodak las mujeres fueron por el mundo sacando fotos. No era arte todavía yhabía más espacio. Cuando los hombres se apropiaron y la llamaron arte, fue másdifícil para las mujeres, como siempre pasa.
P.: ¿Le molestó que dijeran que «Retrato en sepia»es «un maravilloso folletín»?
I.A.: No me molesta, que los críticos digan loque quieran.
P.:Agregaron que «su literatura honra a la novelapopular»...
I.A.: Fantástico, la idea es llegar al máximode gente posible.
P.: ¿Qué piensa de los críticos?
I.A.: En general trabajan en un oficio muydistinto de la escritura. Dudo que alguno sea capaz de narrar. Son académicosque se dedican a un oficio cuya materia prima es la escritura de otros; entoncesque hagan lo que tienen que hacer y que nos dejen hacer lo que hacemos, sin locual ellos no vivirían.
P.: ¿Sigue iniciando sus novelas un 8 de enero yencendiendo velas para llamar a las musas?
I.A.: Lo hago por cábala y por disciplina.Tengo una vida muy complicada y si no, digo: en este momento de mi vida me voya dedicar a la escritura (que es como enamorarse: un compromiso total) nopodría escribir. Entonces limpio el calendario para el 2001 y digo: por lomenos los nueve primeros meses voy a estar encerrada, no tengo ninguna otraactividad.
P.: Dice que es una «cazadora de historias», queanota lo que le cuentan, pero ni siquiera en «El plan infinito», en la que tuvoque ver su marido, William Gordon, se nota, todas son de Isabel Allende.
I.A.: Hay quien dice que abre mis libros aciegas, en cualquier página, y sabe que es mi estilo; yo no lo reconozco, meparece que todas las novelas son diferentes, que cada una tiene su tono y sumanera de ser contada. No he podido nunca repetir una fórmula que alguna vez meresultó. Por ejemplo la de «La casa de los espíritus». Ni siquierasabría cuál es la fórmula, no la podría definir. Todos tenemos algún don, eltalento es descubrirlo y permitir que se exprese. Yo desde chica supe contarhistorias. Tuve la suerte de que la vida me ha llevado a poder hacerlo yganarme la vida con eso. Y como paso muchas horas del día y de la noche, hace20 años ya, se va dando. No tengo nada pensado para el 8 de enero, pero estoysegura de que si me pongo con suficiente paciencia algo va a pasar.
P.: ¿Qué le da ser una mujer famosa y unaescritora consagrada?
I.A.: Una gran libertad porque puedo llevar mivida en mis propios términos, y mi escritura también. No tengo agente, nieditor, ni nadie que me diga necesitamos una novela para el próximo año, o nome gusta el capítulo cuarto, o agregue no sé qué, o cámbiele el final. Nadie medice cómo hacerlo. También me da libertad económica para ayudar a mi familia ymantener una fundación que me da muchas satisfacciones, y la seguridad que notengo que servirle café a nadie, una metáfora mía porque empecé como secretariasirviendo café a unos tipos que sabían menos que yo. Y eso fue por muchos años.Años tratando de que otros se luzcan con mi trabajo para su propio beneficio yyo siempre a la sombra. Primero, porque no tenía educación, escasamente terminéel colegio. Segundo, porque era mujer. Hacerme respetar me ha costado 50 años ytrato de no ser arrogante con eso, pero tengo gran conciencia de mi propiovalor y no permito que me falten el respeto porque eso me ha costado mucho.
Humor y periodismo
P.: ¿Le sirve haber hecho periodismo y haberescrito humor?
I.A.: Empecé como secretaria en las NacionesUnidas. Después me tocó hacer un programa de televisión para la ONU por casualidad,porque no había otro que lo hiciera, no porque supiera nada. La TV estabaempezando y cualquiera con suficiente atrevimiento podía aparecer allí. Yo, depuro inconsciente, lo tenía. Después me fui a Europa a estudiar periodismo.Estudié un año televisión en Bélgica y cuando volví a Chile me llamó DeliaVergara, a la que le habían pedido que creara una revista femenina, y me dijo:creo que puedes escribir humor, porque mi madre le había mostrado una carta quele envié de Europa. Comencé escribiendo humor en esa revista y me contrataronpara hacer periodismo de todas clases. Pero la constante fue siempre elartículo de humor. Después hice también un programa de humor por TV. Por eso enChile aún me siguen identificando con el feminismo y el humor.
P.: ¿Puede filtrar el humor en sus novelas?
I.A.: Poco. Se filtra la ironía. Es difícilponer humor en una novela porque tiene que ser fresco, corresponde a un momentoy a un lugar. Muchas veces me pidieron recopilar los artículos de humor, meniego porque los vuelvo a leer y no tienen ninguna gracia ¿Qué gracia van atener cuando la sociedad cambió? ¿Qué saco de hablar de cosas del machismo queeran graciosas y hoy están superadas? En la novela la ironía, la ambigüedad yhasta el sarcasmo funcionan muy bien. Pero el artículo de humor envejece, seañeja.
P.: ¿Es un alivio que hayan dejado de compararlacon García Márquez y de hablar de su realismo mágico?
I.A.: Todavía hablan. No me comparan conGarcía Márquez pero me identifican con el realismo mágico. Tengo nueve novelasy sólo en tres hay elementos de realismo mágico, sin embargo siguen pensandoque la literatura latinoamericana es el realismo mágico, algo que estásobrepasado por el tiempo. Cada libro tiene sus requerimientos y el realismomágico no funciona en todos los casos.
P.: ¿Cómo ve a las escritoras que son susseguidoras?
I.A.: No las veo como seguidoras, en absoluto.Veo que estaban esperando que les abrieran el corral para entrar en carrera.Son todas más jóvenes que yo, y no tenían chance hasta que los editorescomprendieron que sesenta por ciento de la ficción la compran mujeres, quequieren libros escritos por otras mujeres, es una cuestión de mercado. No esporque vengan detrás de mí sino porque estaban listas para hacerlo y finalmentese les dio la chance. Lo que pasó conmigo fue un milagro porque el boom era unclub puramente masculino. No había chance para nadie más. Cualquier mujer concincuenta años escribiendo tenía que ganarse un sitial, un muchachito de veinteque estaba escribiendo sus memorias, los críticos los observaban como elpróximo Vargas Llosa. Cuando «La casa de los espíritus» tuvo éxito lotuvo en Europa y a América llegó 5 años después.
P.: De algún modo fue pionera de la tendenciaactual...
I.A.: Entré porque antes los grandes del boompavimentaron el camino y crearon interés por la literatura latinoamericana.Además, por mi apellido, Allende llamaba la atención en Europa. Todo ayuda,pero nadie llega a nada sin mérito personal. Se podrán dar los primeros pasoscon marketing pero los lectores no son imbéciles.
P.: ¿Por qué algunos escritores adoptaron unacierta cursilería que antes se consideraba típica de la escritura femenina y, ala vez, muchas escritoras eligen una narrativa fuerte?
I.A.: Cuando leí «El amor en los tiempos decólera», que me encantó, pensé: sólo García Márquez se atreve, a cualquier otrole caen encima por la cursilería; a ninguna mujer se lo habrían tolerado, lacritica la destroza; pero es García Márquez y él se puede permitir ese lujo ylos que quiera. Tal vez nos pasa a las mujeres que tenemos más cuidado por quenos van a caer encima con eso. Yo me cuido en el sentimentalismo porque me hanacusado de sentimental. Los hombres se pueden dar ese lujo. Nadie va a decirque Skármeta es cursi.
P.: ¿Cómo anda su relación con el cine?
I.A.: Me ha ido relativamente bien. Tengohechos dos de mis libros. «Eva Luna» está desde hace seis años en distintasproductoras, no ha pasado nada. Dos cuentos se van a hacer. Y ahora PinoSolanas quiere hacer «Afrodita» lo que es medio raro porque ese libro no tieneargumento; creo que por eso le gustó, al no tener argumento puede hacer lo quequiera. Me presentó un guión que me llamó poderosamente la atención porque sacódel libro lo que no estaba en el libro, mi experiencia y cómo llegué a escribir«Afrodita». Puede funcionar porque piensa hacer una comedia surrealista, conalgo al estilo Fellini y una segunda intención muy sentimental. Es de un granatrevimiento.
P.: ¿Cómo anda su sitio de Internet?
I.A.: La idea de crearlo fue porque mis librosson de lectura obligatoria en high schools y universidades de Estados Unidos.Me llega todos los días correspondencia. De pronto aparecen 14 cartas deBrooklyn, todas con la misma pregunta porque una profesora, maldita sea, ledijo a los alumnos que escribieran a la autora, y entonces tengo quecontestarles.



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