La 21º Fiesta Nacional del Teatro, que arrancó el viernes pasado con amplia convocatoria de público, exhibió en sus primeros días obras de San Juan, Córdoba, Santa Fe, Formosa, La Rioja, Misiones y Jujuy, Corrientes y Santiago del Estero. De todos estos espectáculos el más comentado fue «El ADN» de Sergio Ossés, concebido como un homenaje al director cordobés Paco Giménez, a veinte años de la creación de La Cochera.
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Durante parte de la obra se proyectaron videos y fotografías de distintas puestas del grupo, mientras que seis integrantes de la compañía original se divirtieron evocando la trayectoria del grupo. Entre chistes y escenas tragicómicas demostraron que siguen cultivando el espíritu caótico y festivo de sus comienzos. Giménez, presente en la función, cuentacon numerosos fans en Buenos Aires, entre ellos el director José María Muscari. Menos suerte tuvo la presentación de «Una» del rosarino Jorge Dunster, obra que luego de haber sido aplaudida en distintos festivales del interior, sufrió cambios que no la favorecen.
Desarticulada por los prolongados apagones que hubo entre escena y escena, «Una» sólo estuvo a la altura de lo esperado en la actuación. Las magníficas composiciones de Sergio Escobar y Horacio Sansivero dando vida a dos hermanas decrépitas que sueñan con volver a sus shows de cabaret, fueron muy elogiadas.
La programación también incluyó varios espectáculos infantiles, entre ellos uno de títeres, «Al agua morsa», del grupo Bigote de Monigote de Temperley. La historia de un niño aborigen que recibe en Tierra del Fuego la visita de una foca proveniente de Groenlandia gustó por igual a grandes y chicos.
Todos los espectáculos programados ofrecen dos funciones con entrada libre. La primera para público general y la segunda para acreditados. En cambio, a los espectáculos presentados por la Ciudad de Buenos Aries («Los Mansos», «Decidí Canción», «No me dejes así», «La omisión de la familia Coleman», «Ella») sólo pueden acceder los acreditados de las provincias. Este encuentro está destinado básicamente a los teatristas del interior. Año tras año, el Instituto Nacional del Teatro invita a los grupos participantes a esta fiesta. La mayor parte de los elencos suelen quedarse apenas unos días; pero en esta ocasión, al elegir a Buenos Aires como sede (luego de 16 años), la organización estuvo a punto de colapsar ante el aluvión de visitantes que decidieron permanecer en la Capital durante los nueve días que dura. Muchos aprovecharon para hacer algunos paseos y otros, incluso, pusieron dinero de su bolsillo para traer a sus familias.
El INT debió recortar algunos gastos destinados a técnica para poder solventar los gastos de comida y alojamiento de todos los elencos invitados (unas doscientas ochenta personas aproximadamente). Varios medios del interior también llegaron a Buenos Aires con el fin de cubrir esta muestra. Pero, en lugar de disfrutar de los adelantos técnicos de la ciudad como suponían, debieron resolver por su cuenta algunas carencias. La oficina de prensa, ubicada en el segundo piso del Centro Cultural de la Cooperación y equipada con varias computadoras, sigue sin activar su conexión a Internet. Los periodistas debieron recurrir a un locutorio para enviar sus notas a tiempo, mientras recordaban irónicamente una de las frases del espectáculo de Ossés: «¡Pensábamos que Buenos Aires era tan distinta!».
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