12 de abril 2001 - 00:00

Sostiene su intriga nuevo tecnothriller

Sangre Vienesa.
"Sangre Vienesa".
Premiada en 1999 por la Crime Writers Association de Inglaterra, esta novela de Adrian Mathews fue recibida por algunos críticos como una nueva versión de «Blade Runner», pero, en este caso, cambiando la ciudad de Los Angeles por Viena.

A fines del año 2026 un periodista se ve envuelto en la investigación de un crimen cuya víctima es un hacker al que conoció circunstancialmente en un bar pocos meses atrás. La presencia de la joven y atractiva viuda de la víctima, sumada a su curiosidad natural, lo meten de cabeza en una inquietante y siniestra aventura en la que terminará descubriendo los manejos de una poderosa empresa dedicada a la manipulación genética.

El periodista intuye que encontrará la clave del crimen en el mapa genético de la víctima, pero cuanto más avanza en la investigación más cerca se encuentra de descubrir su propio mapa genético. Esta información tendrá un impacto demoledor en su vida y dará vuelta todas sus suposiciones con respecto al muerto.

Adrian Mathews -profesor de literatura inglesa y también autor de un ensayo crítico («Romantics and Victorians») y una novela de misterio («The Hat of Victor Noir»)- ha confesado en alguna entrevista su escaso interés por la ciencia ficción. «Sangre vienesa» es a su juicio una novela futurista, que intenta, de manera más o menos seria, prever qué consecuencias tendrán muchas de las decisiones políticas que se están tomando actualmente, sobre todo en el campo de la ingeniería genética.

El mundo que describe Mathews en este interesante tecnothriller abunda en adelantos científicos y tecnológicos. Datos que el autor maneja hábilmente y en detalle, pero que a veces abruman por su exceso de tecnicismos. Aun así, el suspenso y la intriga nunca decaen. Este pintoresco viaje por una Viena hiperdesarrollada presenta otros rasgos oscuros (hipocresía, racismo y xenofobia), que en realidad son los mismos males que tradicionalmente se le han achacado a la sociedad austríaca.

El autor se permite la humorada de imaginar al actor Arnold Schwarzenegger como presidente, pero sus informes acerca de la reproducción industrializada y comercialización de genes provocan escalofríos. Este y otros temas circulan por la novela con un alto grado de ambigüedad. Como por ejemplo la desalentadora referencia a nuestro país (pág. 164), en donde se anuncia que en el año 2026 la Argentina estará implicada en negocios tan turbios como «la venta de órganos traídos de hospitales psiquiátricos». ¿Se tratará de una denuncia o de una premonición?

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