3 de julio 2003 - 00:00
Stalin ordenó ejecutar al actor John Wayne
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John Wayne y Joseph Stalin
«A la cuenta de tres, dispara», le dice Wayne a Grant. Dos detonaciones perforan el silencio de la noche. Pasan los segundos y los asombrados agentes rusos descubren que siguen vivos. Wayne gira y de entre las sombras surgen dos agentes del FBI. «Ya son de ustedes», les dice. Los dos rusos miran incrédulos a Wayne y éste les dice: «Eran de fogueo». Cuando un agente del FBI le pregunta al actor qué hace con ellos, responde: « Devuélvanlos a Rusia. Esta vez metieron la pata; quizás la próxima lo piensen mejor».
En 1974, Munn entrevistó a Wayne en Londres y, cuando la conversación giró hacia Vietnam y el comunismo, Wayne dejó clara su postura: «No podemos dejar que los comunistas hagan lo que quieran. Es decir, gobernar el mundo», y añadió: «Hay gente que afirma que los comunistas no son una amenaza, pero créame, lo son, yo lo sé».
«¿Por eso lo intentaron asesinar?», le preguntó Munn inocentemente. Wayne se quedó en silencio. Tras una eternidad, le preguntó: «¿Por qué ha dicho eso?». Munn le contó lo que sabía. Pensó que Wayne se iba a molestar, pero se encogió de hombros y respondió: «Lo que le dijo Cushing es cierto. Los comunistas llevan intentando matarme desde 1949, pero, como ve, no son muy buenos». Y añadió: «Nunca dije nada, no quería que mi familia viviera atemorizada. Gracias a mis amigos y a gente del Gobierno, yo estaba seguro, rechacé la protección especial del FBI».
Wayne le contó el episodio de la playa y lo puso en contacto con su amigo Yakima Canutt, especialista de cine y buen conocedor de la trama. El testimonio convenció a Munn. En 1983 llegó la confirmación final durante una entrevista con Orson Welles. Hablando sobre el anticomunismo en el Hollywood de los 50, de repente Welles dijo: «Stalin estaba loco como para una camisa de fuerza. Sólo un demente intentaría asesinar a John Wayne». Munn optó por callar mientras Welles le contó lo que sabía de la conspiración por un director ruso, amigo suyo. «Stalin decidió matar a John Wayne en 1949», año en que Wayne fue elegido presidente de la ultra-conservadora Alianza Cinematográfica para la Defensa de los Ideales de América.
Wayne no pudo alistarse en la Segunda Guerra Mundial por ser padre de 4 hijos, por una vieja lesión en el hombro y porque la Warner se negaba a rescindirle el contrato, pero decidió compensarlo con su batalla ideológica. Apoyó la cruzada anticomunista del senador McCarthy y su infame lista negra.
Las noticias no tardaron en cruzar la cortina de acero y poco después corrió el rumor entre los intelectuales rusos de que Stalin planeaba un asesinato en Hollywood. El rumor llegó a oídos de la CIA, y el FBI averiguó el lugar y la hora del ataque: intentarían asesinarlo en la Warner.
Wayne decidió montar una trampa y le contó su plan al FBI. Esa tarde dos asesinos rusos aparecieron en los estudios y se identificaron como agentes del FBI. Tenían que ver al actor urgentemente para advertirle de que alguien quería asesinarlo. Cuando los rusos entraron en su despacho, los auténticos agentes del FBI salieron de su escondite, los esposaron y se marcharon todos juntos, para escenificar el episodio de la playa.
Pero el asunto no acabó ahí, en 1953. Una célula comunista americana intentó asesinar a Wayne durante un rodaje en México. Para complicar las cosas, Chata Ceballos, la segunda esposa de Wayne, quería el divorcio y envió detectives privados para seguirle la pista. De repente, un pequeño poblado mexicano se llenó de individuos preguntando por el actor. La policía mexicana detuvo a los conspiradores comunistas; a esto le siguió otro supuesto intento en Los Angeles.
En 1958, el presidente Eisenhower invitó al sucesor de Stalin, Nikita Kruschev, a visitar EE.UU. Wayne quedó asombrado cuando Kruschev confesó que era admirador suyo y que deseaba conocerlo en persona. Durante una exclusiva fiesta en la 20th Century Fox hablaron de vodka y de tequila hasta que Wayne fue directo al tema del asesinato. «Eso fue decisión de Stalin en su etapa más inestable. Cuando murió, yo anulé la orden», dijo Kruschev. «Entonces, ¿por qué siguen intentado matarme?». Kruschev le explicó que algunas células comunistas se negaban a denunciar a Stalin, pero le aseguró a Wayne que se ocuparía de ello.
Años después, esa advertencia de Kruschev a Wayne resultaría profética. En 1949, Stalin le comentó el plan a Mao. En 1966, tras vencer al cáncer por primera vez, Wayne inició una gira para animar a las tropas americanas en Vietnam.
Según le contó a Munn, «un día, los militares me enviaron a un pueblito; se oía un fuego bastante intenso. Estaba con las tropas cuando las balas comenzaron a zumbar a nuestro alrededor. Pensé que sería un francotirador disparando a nuestras tropas, pero cuál fue mi sorpresa cuando los marines detuvieron a un francotirador de élite chino. Tras interrogarlo, me dijeron que había intentado matarme. El chino confesó que yo era la estrella de cine que Mao había denunciado como el «Gran Demonio Jefe del Gran Satán Americano». Me llamaron muchas cosas en la vida, pero nunca algo así. Aparentemente Mao fue informado de que yo estaba en Vietnam y ofreció una gran recompensa a quien me eliminara».
Al final, no fueron los comunistas sino el cáncer lo que en 1979 mató a John Wayne.




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