26 de agosto 2004 - 00:00

Stomp: el asombro y la repetición

Stomp desarrolló una técnica asombrosa para hacer música con cualquier objeto. El problema surge cuando el espectador empieza a perder la capacidad de asombro ante ritmos que se reiteran casi sin variantes.
Stomp desarrolló una técnica asombrosa para hacer música con cualquier objeto. El problema surge cuando el espectador empieza a perder la capacidad de asombro ante ritmos que se reiteran casi sin variantes.
Actuación de Stomp. Creado y dirigido por Luke Cresswell y Steve McNicholas. (Luna Park, 24 al 29/8.)

Stomp creó una manera personal de mezclar el ritmo con la danza y el teatro. Y ellos son también los dueños de la idea de utilizar para eso exclusivamente elementos cotidianos y evitar la inclusión de instrumentos musicales convencionales. Ese modelo fue tomado por otras formaciones y todos los recursos citados pueden verse, con pequeñas modificaciones, en grupos argentinos como El Choque Urbano.

A partir de esos elementos, Stomp ha desarrollado una técnica asombrosa que supera los naturales cambios de integrantes que se dan en cualquier grupo numeroso. Todo lo que hacen es impecable, de una coordinación, una prolijidad y una solidez profesional sin fisuras. Sea que recurran a escobillones, cajitas de fósforos, tachos y latas de todo tipo, bolsitas de residuos, pelotas de básquet o simplemente el cuerpo, todos los integrantes de Stomp muestran un dominio absoluto.

El problema surge cuando, ya descubierto ese talento, el espectador empieza a perder la capacidad de asombro frente a la destreza gimnástica. De lo que hacen sonar resulta música (casi siempre, sólo ritmos; únicamente hay una propuesta melódico-rítmica en el cuadro de los tubos de goma); y esa música carece de la variedad necesaria como para mantener la atención del público en primer plano.

En ese sentido, son muy poco audaces y los compases regulares -ternarios o binarios- se reiteran casi sin variantes, inclusive en sus dibujos rítmicos. Tampoco están muy explotados los aspectos teatral y coreográfico. Sólo por momentos, el humor logra sacar el espectáculo de una rutina que lo domina en su mayor parte; y apenas con los breves cuadros de la percusión en altura o de los encendedores -los visualmente más atractivos-logran romper con una reiteración escénica que se va haciendo más evidente a medida que transcurre el show. Peor todavía, cuando ya se los ha visto antes.

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