11 de junio 2003 - 00:00

Suma de talentos de nivel internacional

Sandra Guida, Elena Roger y Diego Reinhold
Sandra Guida, Elena Roger y Diego Reinhold
«Jazz Swing Tap». Prod. gral.: A. Romay. Coreog.: E. De Chapeaurouge. Coord. artística: J. Murray. Dir. mus.: G. Gardelín. Esc.: V. Ambrosio. Vest.: F. Luca. Ilum.: A. Del Mastro. Son.: G. Briski. Int.: S. Guida, E. Roger, D. Reinhold y ensamble. (Teatro Broadway, de miércoles a domingo.)

D entro del panorama multiforma del musical de Broadway existe un subgénero que se denomina «homenaje» y que tiene como misión seleccionar fragmentos de un autor reconocido o de un estillo particular para estructura con ellos un espectáculo. Se recuerda, en ese sentido, «Jerome Robbins in Broadway» como ejemplo incuestionable. En ese estilo se encuadra ahora «Jazz Swing Tap», que con producción de Alejandro Romay acaba de estrenarse en uno de sus dos teatros de la calle Corrientes.

En el caso, el homenaje es compartido por el jazz como cultura afroamericana que se expandió por el mundo, entrando en la vida nacional fundamental como forma de danza (charleston, shimmy, fox trot, entre otras), el «swing» de la década del '40 con su ritmo y glamour y el «tap», una danza que marca «tempi» con galpecitos hechos con las chapitas pegadas a los zapatos de los bailarines y que fueron furor en el cine de Hollywood de los treinta y pico, donde brillaban Fred Astaire y Ginger Rogers.

De todo ello da cuenta «Jazz Sing Tap», un varieté coreográfico diseñado por Elizabeth de Chapeaurouge, una coreógrafa especialista en el tema que además es una docente que prepara eventuales exponentes de su arte y dinámica corporal.

Son veintitrés números en un show de 80 minutos que no deja respiro para el espectador, tal el ritmo de las secuencias que va in crescendo desde la obertura («De buen humor») hasta el «finale» («Boogie Bumper»).

La férrea disciplina impuesta por Chapeaurouge a su esamble da como resultado cuadros bellamente construidos en los que danza y música se integran ajustamente.

Los méritos estéticos del show provienen de una sumatoria de elementos de óptima realización como una escenografía con una gran escalera móvil y una pared de ladrillos de fondo, un cartel de neón y un lugar para la orquesta en un ángulo del escenario firmada por
Valeria Ambrosio; el estupendo vestuario de Fabián Luca, de gran cromatismo y una iluminación rutilante de Ariel del Mastro. Las músicas de Glenn Miller, Duke Ellington, Cole Porter, Benny Goodman entre otras no menos notables tienen en la agrupación dirigida por Gerardo Gardín -ocho impecables instrumentistas a muy buenos expositores, en arreglos sensatos. A ellos se suman tres excelentes cantantes: Sandra Guida (recordada por «Chicago»), Elena Roger (de notable performance en «Los miserables») y Diego Reinhold (de «Canciones degeneradas»), todos artistas argentinos que junto al grupo de bailarines redondean un musical que puede ser, sin ninguna duda, un orgullo a nivel internacional.

Dejá tu comentario

Te puede interesar