11 de junio 2003 - 00:00
Susan Sontag sigue siendo más ensayista
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Sontag, reciente ganadora del premio Principe de Asturias de las Letras, publicó su primer novela a los 30 años y desde allí nunca dejó de escribir ficción («El amante del volcán» fue bestseller en el '92). Pero su producción literaria no ha alcanzado el mismo nivel que su brillante carrera como ensayista, iniciada con el exitoso lanzamiento de «Contra la interpretación» (1966). Su última novela, «En América» (ganadora del National Book Award) está inspirada en la vida de la actriz polaca Helena Modrzejewska, que emigró a Estados Unidos en 1876, junto a su marido, su hijo adolescente y un grupo de amigos entre los que se contaba el futuro autor de «Quo vadis?» Henryk Sienkiewicz. La autora alteró las historias de vida originales y sumó nuevos personajes para crear un gran fresco de época, que se inicia en una sufriente Polonia sometida al invasor ruso para culminar en una tierra de futuro promisorio, donde cualquier individuo puede triunfar y vivir en libertad sin importar sus orígenes. Sontag centró su relato en la fascinante y seductora Maryna (la actriz en cuestión), una mujer en plena búsqueda de sí misma que decide dejar la actuación para crear una comunidad utópica junto a sus amigos, en un pueblo agrícola de California. La experiencia fracasa y algunos de sus miembros regresan a Polonia, pero Maryna decide retomar su carrera de actriz en Estados Unidos logrando un éxito extraordinario. La novela se inicia con un monólogo de gran vuelo imaginativo. Es la voz de la narradora que se introduce como un fantasma en una reunión de artistas e intelectuales polacos de fines del siglo XIX para elegir a sus personajes. Pero la maestría que despliega aquí Sontag -infiltrándose ella misma en la acción y logrando que sus criaturas ficcionales se muevan libremente, mientras ella va desgranando agudas reflexiones en torno a su propia tarea como novelistase detiene en el primer capítulo. El resto sigue un estricto orden cronológico y narra paso a paso los profundos cambios experimentados por Maryna y los personajes de su entorno. Pero, toda esa información (moldeada con abundantes diálogos y situaciones intimistas) carece de la magia necesaria para convertir a estos personajes, soñadores y ambiciosos, en algo más que testimonios vivientes de una etapa histórica. Correcta, pero desangelada, «En América» alinea su estilo al de la biografía ficcional. Algo que está muy lejos de corresponder a la intención de su autora.



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