Malena Solda y la era del podcast: no solo de la imagen vive el teatro

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Antes el radioteatro aguzaba la imaginación: en los tiempos digitales hay otra forma de lo mismo

¨Antes de la pandemia el mercado del podcast no se conocía tanto. Invita a despegar de algo que nos hartó: los Zoom, sus derivados y las pantallas. Estimula otro sentido como el oído y nos libra de fijar la vista¨, dice Malena Solda, quien protagoniza la ficción sonora ¨Yo no soy la hija de Nina Simone¨, de la suiza Julie Glibert, traducida por Ingrid Pelicori y dirigida por Juan Parodi, que desde el 22 de octubre estará disponible en las plataformas de Proyecto Prisma. Realizada con el apoyo de Fondation Jan Michalski, de Suiza, se estrenó en el Festival Internacional del Mercosur realizado en Córdoba. Se trata de una historia sonora para ser escuchada on demand, ya sea completa o en cuatro episodios de diez minutos. El proyecto cuenta con más historias locales para darle continuidad. Dialogamos con Solda.

Periodista: ¿Cómo se entrecruzan las historias de esta mujer llamada Nina y la de Simone?

Malena Solda: Le pusieron Nina en su homenaje, porque su madre era pianista y la admiraba. Además vivían en la misma cuidad de Suiza y a medida que avanza la historia se dan cuenta de que hay otras cosas que las hermanan, más allá de la nacionalidad o la raza. La protagonista de la historia lucha para encontrar su propia voz, libertad, valores, más allá de lo que exigen la sociedad y los mandatos familiares.

P.: ¿Qué resuena de Nina Simone en el texto?

M.S.: Aparece donde inició, las contradicciones que fue enfrentando a lo largo de su vida, los desafíos, lo que pasó cuando tomó voz política frente a situaciones de violencia racial en EE.UU, qué pasa con su matrimonio cuando toma una posición y lo que la lleva al exilio y a la música.

P.: ¿Cuál es el legado de Simone?

M.S.: Como cantante es sumamente importante más allá de toda la discriminación y dificultades a lo largo de su vida. Se sobrepuso a todo, ella quería ser artista de piano, necesitaba una beca y no se la dieron. Entonces empezó a tocar en un bar de mala muerte en Atlantic City para juntar dinero, ir al conservatorio y terminarlo, cosa que no pudo hacer, básicamente por el color de su piel, no porque la faltaran aptitudes. Era una gran concertista. Se sobrepuso a lo que no se esperaba que era para ella y fue para adelante. La obra toma eso, la búsqueda de libertad y oponerse al plan de vida que la sociedad pueda tener para ella. Casarse, tener hijos, un marido exitoso y una casa en la montaña. Todo idílico pero acaso eso no es la libertad para algunas personas.

P.: Pero esa ¨vida ideal¨ no es la que resuena en estos tiempos. ¿La obra transcurre en el presente?

M.S.: Sí pero hay más planteos. Ella es una científica exitosa que investiga algo y le ofrecen un puesto muy bueno en otro país, y ahí viene el conflicto con el marido. Qué pasa cuando a la que le ofrecen desarrollarse en la profesión y mover a la familia al extranjero es la mujer. Si fuese al revés no hay dudas. Hoy nadie dice a una mujer que no trabaje y que críe hijos, es una discusión zanjada. Pero cuando se va a lo profundo no está tan zanjada como parece.

P.: Las ficciones sonoras son nuevos dispositivos que irrumpieron en pandemia. ¿Cómo atraen al oyente?

M.S.: Son formatos que se vienen probando con mucho éxito en Europa y Estados Unidos, y con la pandemia todos los incorporamos. El desafío como actriz es poder lograr que el público vea la situación, se meta en esta experiencia inmersiva, no es teatro leído, está pasando, lo estás escuchando, como una película que en lugar de ver se oye. Es bueno proponer algo para despegar un poco de las pantallas, además no implica sentarse a escuchar, tal vez difícil con el ritmo de vida neuro que llevamos. Invita a escuchar mientras se hacen cosas mecánicas y aburridas, como cocinar, manejar, ordenar. Yo lo hacía con los audiolibros, podía estar limpiando mientras escuchaba una historia en lugar de escuchar música. La tecnología ayuda a sumergirse, entrar en ese mundo. Es un desafío que el público pueda incorporarlo, recordar que en lugar de música para ir a correr pueden escuchar una historia, para eso hay que incorporar el hábito.

P.: ¿Cómo responde el público?

M.S.: Hicimos una en Chile pero era otra experiencia, otra estructura, con un tratamiento sonoro muy interesante y otra estética. Hice una experiencia similar con Biblioteca sonora pero la diferencia radicaba en que eran llamados telefónicos en vivo de 5 minutos con monólogos de una actriz representando a una escritora. Fue excelente y el público respondió bien pero era otra cosa. Acá está grabado y disponible para cuando el oyente lo quiere escuchar. Gracias a Spotify creció mucho el podcast.

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