21 de octubre 2021 - 00:00

“Quitame la respiración”, o la boda que se convirtió en velorio

trío. María Figueras, Florencia Limonoff y Denise Yañez, protagonistas.
trío. María Figueras, Florencia Limonoff y Denise Yañez, protagonistas.

“Mi obra habla sobre el que decide partir motu propio y se lleva esa respuesta consigo”, dice Carla Scatarelli, autora y directora de “Quítame la respiración”, que debuta el sábado a las 22.15 en el Camarín de las Musas. “Poner eso en escena es valioso, el misterio de un segundo estar y otro no. Y siempre desde el humor, por eso se puede decir, si no sería terrible”, continúa María Figueras, que junto con Florencia Limonoff y Denise Yañez integran el elenco de esta obra que formó parte de “Incubadora de primeras obras” de Dgeart y se presentó durante el FIBA 2020 como Work in progress. Cuenta con escenografía e iluminación de Pablo Calmet y transcurre durante la noche en la que se iba a celebrar una boda que se transformó en velorio. Dialogamos con Scatarelli y Figueras.

Periodista: ¿Qué temas toca la obra?

Carla Scatarelli: Uno es el suicidio. No hay respuestas sino que se profundiza; de hecho, la obra habla de la no respuesta. Habla de qué hace cada una de esas tres amigas y cómo atraviesan el dolor. En la obra hay una aparente superficialidad con los vestidos y las comidas para no hablar de lo que tienen que hablar. El final es el único momento en que aceptan que están angustiadas. Habla de cómo decoramos el sufrimiento para no atravesarlo.

María Figueras: Habla del duelo, que es un tema tabú. La gente siempre da consejos de manual en esos casos y la obra habla de esos tópicos, qué se hace ante la pérdida, de la pérdida amorosa, en este caso la amistad que considero una forma poderosa de amor.

P.: ¿Cómo creció del papel a la puesta?

C.S.: Fue clave el tiempo para ensayar, gracias a la pandemia. Del papel a lo que está en el escenario hay un abismo, las actrices aportan mucho, no sólo desde la actuación sino porque el texto se puede modificar. Sobre el escenario se terminan de construir los personajes. Aquí hay un subtema que tiene que ver con la imagen, se aborda de costado la bulimia aunque sin nombrarla, entonces sobreviene una estética, ellas comen todo el tiempo y cuando viene la muerta llega para devorar y el tema emerge. Hay algo de la mujer esclavizada por la imagen que cuando no es cuerpo ya no le importa. Eso vino con la puesta y no estaba en el texto.

P.: ¿Qué referencias reconoce de teatro o cine que la inspiren?

C.S.: Cuando la escribía leí la obra de Becket, “Vaivén”, sobre tres amigas, que es casi sin texto, poética, y hubo algo que me hizo profundizar en ese vínculo, el dos contra uno. También apareció Sofía Coppola no sólo por “Las vírgenes suicidas” sino por María Antonieta, algo del lujo, la comida, los vestidos, cómo el espanto está presente disfrazado de belleza y lujo.

P.: ¿Cómo es este volver al ruedo después de la pandemia?

C.S.: Hay un cuello de botella con acumulación de obras atrasadas. Lo vivo como actriz, directora y espectadora, es un buen momento por el entusiasmo, hay mucha oferta, todo lo que voy a ver está lleno. Habrá que ver cómo sigue, por ahora hay entusiasmo, también del colectivo de artistas que estuvo rezagado y esperando. Somos muchos, existe ese apoyo entre nosotros y con un poco de público externo hace resurgir el teatro independiente, algo que pocos países tienen, no pasa en México ni España, sólo en París o Londres. Tenemos fuerza, somos el ave fénix, es una motivación que excede la especulación resultadista, lo hacemos porque no podemos no hacerlo. Eso es la bohemia, existimos por la pasión que hay en Argentina por el teatro.

M.F.: Volvemos con Microteatro en noviembre con las obras que quedaron interrumpidas en marzo de 2020. Creo que el público responderá como responde al comercial o a los bares, que están llenos.

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