Suñé: “En ‘Una obra para mí’ hay mucho de Almodóvar y Capote”

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En febrero reestrena, en Espacio Callejón, uno de los hits del off del año pasado, que escribió y actúa con Francisco Bertín. Según el autor, la mayor diferencia con el teatro comercial son los costos y no los contenidos.

“El teatro de calle Corrientes es de los productores, que no se animan a producir temas sórdidos”, dice Sebastián Suñé, autor, actor y director quien hizo su paso por el circuito comercial pero con el off como trampolín: con Diego Peretti al frente de “Por H o por B”, que coescribió y dirigió, debutó en Timbre 4 y luego de girar pasó al Maipo; con ¨Caníbal¨ y ¨Delía”, de su autoría y dirección, debutó en el independiente y llegó al Met. En febrero reestrena uno de los hitos del off el año pasado, “Una obra para mi”, que escribió y protagoniza junto con Francisco Bertín y vuelve en febrero a Espacio Callejón. También para el mes próximo dirige en Microteatro “El modisto y la novia”, con actuaciones de Rodrigo Lico Llorente y Martina Zalazar. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo surgió la obra?

Sebastián Suñé: Después de ver “Dolor y gloria” de Almodóvar, me senté a apretar teclas sin saber bien que estaba escribiendo. Raro en mi que habitualmente pienso de antemano las ideas, los personajes, esto fue puro impulso. También me influyó “A sangre fría” de Truman Capote, me salió una suerte de biodrama basado en un hecho particular de mi vida pero lejos del ego del creador.

P.: ¿Qué temas aborda?

S.S.: Aparece como obra después de una novela que escribí producto de una maestría en Barcelona. Es de corte gay, pero no tiene que ver con salir del closet, eso ya no debería existir, sino que se centra en una pareja de dos chicos, en este caso los nombré yo y él, uno es dramaturgo y escribe a pedido para un festival, el otro es un actor más joven y viven juntos. Está la pregunta de qué tienen que ver estos dos, hasta que ese tono de comedia de toda la primera parte en un momento se corta y viene la trompada de quién es quién y qué es lo que se está contando.

P.: Además de escribirla la actúa...

S.S.: Sí, por primera vez. La obra es agotadora porque son los 70 minutos los dos en escena pasando por diferentes estados, por diferentes estilos actuación, es la obra dentro de la obra, un poco a lo Charlie Kauffman en “El ladrón de orquídeas”, buscando humor y emoción, algo que potenció la directora Lía Bañoli. Yo soy más técnico del ritmo, propio de la comedia, ella supo llegar a lo emocional.

P.: ¿Qué hay de Almodóvar en la obra?

S.S.: Cómo él reconstruye la historia, cómo la primera parte de la obra hasta el monólogo de él a público en la que se explica que lo que vieron fue pura evocación, era él escribiendo una historia y que a lo mejor no fue todo tan lindo ni tan así.

P.: ¿Cómo fue el proceso de producción en pandemia y cómo llega hoy al reestreno?

S.S.: Empezamos con lecturas y ajustar el texto, eso se estiró mucho y cuando aflojó la cuarentena empezamos a ensayarla en mi pequeño departamento con todo abierto, era un acto de resistencia, no había fecha de estreno así que todo era una deriva y creíamos que terminaría en el streaming. Finalmente nos dieron fecha en el Callejón y la fuimos montando.

P.: La puesta es minimalista, ¿la concibió así adrede para bajar los costos de producción?

S.S.: A la hora de escribir la pensé para salir a girar. Con mi obra anterior que protagonizó Diego Peretti, “Por H o por B”, viví la complicación de la escenografía para giras, entonces aquí desde el primer párrafo la descripción dice una mesa, un sillón, poco mobiliario, y uso un proyector mío para luces especiales, es decir tenía casi todo. Me importa que lo que se vea sea estético, y apunté a eso, el dispositivo de luces creado por Alejandro Lerú ayuda mucho, escondido en un mueble.

P.: ¿Qué diferencias nota entre trabajar para el teatro comercial y para el independiente?

S.S.: La principal es el presupuesto, por ejemplo, los banner de publicidad cuestan muchísimo, y así todo, la luz, la escenografía, el comercial ofrece posibilidades impensadas en ese sentido y acerca a un público que no iría a una sala del off. Uno se traslada a una sala con mucha más capacidad y apuesta a más público, lo que trae más ganancia.

P.: Hay obras que por su temática ya no tienen lugar en el comercial porque los productores sostienen que el público no quiere ver temas sórdidos.

S.S.: El comercial en general aporta algo más digerido, pero además de divertir interpela un poco, hace pensar; con “Caníbal” en el Paseo La Plaza recibí mensajes de sorpresa, pensaban que era un musical pero descubrieron una crítica social. Es cierto que no se encuentran ya un Miller, un Willliams, y son todas comedias francesas, ¿dónde va esa gente que quería ver “Rey Lear”?. ¿Existe todavía? Es cierto que el comercial no se anima a cuestiones muy duras, como pasó con el Alzeihmer en “El padre” con Soriano, que estuvo sólo cinco meses. A Corina Fiorillo no le produjeron “Como una perra en un descampado” con Vicky Almeida, que es una patada en los dientes, es excelente, pero tuvo que llevarla al independiente. Y entiendo que el teatro comercial es de los productores. Con otros más jóvenes como Jon Goransky, se ve un cruce interesante y lleva público más joven. Hay que empezar a traerlo porque con el recambio generacional será el público de mañana. Obras como “La fiebre” o “Las cuñadas” en el Met lleva gente de treintipico que de otro modo no iría al comercial. Estoy escribiendo una obra más ambiciosa a nivel presupuesto y si no logro apoyo del San Martín o Cervantes la veo casi imposible de hacer.

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