18 de julio 2002 - 00:00

Tiene la tensión de los buenos westerns

Escena del film
Escena del film
«Spirit, el corcel indomable» («Spirit: Stallion of the Cimarron», EE.UU., 2002, dobl. al español). Dir.: K. Asdbury y L. Cook. Prod. de dibujos animados.

John Fusco participó como guionista en «Demasiado joven para morir» (Young Guns) , el último western moderno lo bastante exitoso como generar una secuela; y también escribió para «Babe, el chanchito valiente», que si bien no fue el único cerdo en competir por el Oscar, por lo menos fue el único que no tuvo que alquilarse un smoking.

Fuera de broma, la mezcla de estilos necesaria para hacer un western animado dedicado al público infantil encontró una síntesis razonable en un guionista como Fusco, aunque probablemente el toque bien intencionado y un poco insulso que viene caracterizando a las producciones animadas de Dreamworks (la empresa de Steven Spielberg) debe haber atentado contra las posibilidades de este amable producto, que lucha contra la cursilería y la corrección política con un buen arsenal de imágenes alucinantes y situaciones sumamente intensas.

Un poco de la violencia de «Young Guns» y del humor negro cínico de «Babe» no le hubieran venido nada mal. Así como está, el resultado es mejor y menos pretencioso que muchos films animados recientes. En este sentido, quizá su mayor cualidad sea apelar a técnicas clásicas de animación, por lo que en sus momentos culminantes, por ejemplo una larga persecución entre precipicios y rocas gigantes, impacta con todo el poder visual de un cartoon de 80 millones de dólares de producción.

En la versión doblada al castellano estos logros memorables están mitigados por detalles tan grotescos como una canción de Bryan Adams con un estribillo no muy pegadizo que repite «No me montarás! No me montarás!», es decir, exactamente lo que cierta crítica demodé podría denominar «un canto a la libertad». Es que, como el potro protagónico no habla -buena idea, para variar-y apenas tiene unas reflexiones en off, las canciones insisten en apoyar algo que ya era obvio desde la imagen. La trama sobre un caballo salvaje atrapado por el séptimo de caballería, y luego rescatado por un piel roja que a su vez es perseguido por los carapálidas es mínima, pero da lugar a varios momentos que reelaboran con la libertad creativa de la animación espectaculares secuencias del western. Y lo hace con el talento necesario como para poder hacerles pasar un buen rato a chicos y grandes.

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