Tres films buscan diagnosticar el efecto del teatro sobre el público

Espectáculos

Diálogo con Mariano Pensotti, cuya película sobre la crisis del 2001 se ve a la par de una belga y otra griega.

“Estas tres películas hablan sobre la idea de que nadie sabe muy bien quién es el público”, dice Mariano Pensotti, autor y director teatral que presenta en el Malba tres films acerca del efecto que tiene el teatro sobre los espectadores. Desde el domingo pueden verse “El público”, filmada en Buenos Aires; “The audience”, rodada en Atenas y “Le public”, realizada en Bruselas. Cada película cuenta cómo una obra de teatro, que sólo se conoce a través de las impresiones del público, es capaz de transformar a los habitantes de una ciudad.

La versión local fue producida por el FIBA y cuenta con las actuaciones de Pilar Gamboa, Susana Pampín, Juan Minujín, Lorena Vega, Agustina Muñoz, Vanesa Maja y Luis Ziembrowski. Las extranjeras contaron con apoyo de festivales de Grecia y Bélgica. Dialogamos con Pensotti.

Periodista: ¿Cómo surgió el proyecto de las tres películas en tres ciudades?

Mariano Pensotti: En 2018 recibí la invitación de Atenas para hacer otra cosa, pero era muy complicada, así que pensamos otra opción. Con mi socia creativa y escenógrafa Mariana Tirante descubrimos que Atenas estaba llena de cines al aire libre con toda la estructura pero sin techo, que funcionan sólo en verano. Son hermosos edificios art deco de los 20 o 30 con grandes jardines, butacas y pantalla al aire libre. Pensamos el proyecto para ese contexto y que tuviera la idea de público y seguir las vidas de esos personajes cuando salen de la sala. En 2020 junto con el FIBA hicimos la segunda versión en Buenos Aires y el año pasado filmamos las de Bruselas, la más épica en medio de pandemia y sin vacunas.

P.: ¿Cómo son las historias de cada ciudad?

M.P.: Son totalmente distintas respetando la misma estructura y procedimiento de un público que entra a la sala, se acomoda y luego de la elipsis sale algo perturbada. La de Buenos Aires se centra en un imitador de De la Rúa en la crisis de 2001. La de Bruselas trata sobre unos mineros que quedaron atrapados varios días y la de Atenas cuenta la historia de una mendiga muy famosa en los 40 que en realidad no era mendiga sino que se disfrazaba para pelear contra los nazis.

P.: ¿Por qué su interés en la crisis de 2001?

M.P: Hace tiempo me interesaba esa época y se vinculó directamente con esta noción de dejar de ser espectador para convertirse en protagonista. Fue un momento social y político en que la gente salió a las calles y dejó de estar pasiva ante una situación muy injusta. Además nos interesa pensar cómo rebota ser espectador o ser protagonista.

P.: La pregunta por el público, ¿cree que al público le atraen esta clase de interrogantes?

M. P.: Las películas son un intento de salir de lo endogámico, que quizá solo nos interesa a unos pocos. No cuentan cómo se hace la obra, no son crípticas. Se preguntan qué le pasa a ese público en su vida cotidiana cuando sale de ver una obra. No habla de nuestro mundillo. El público de las tres películas ve una obra que nosotros como audiencia no vemos, y sólo conocemos a través de sus relatos y los recuerdos.

P.: ¿Qué otras reflexiones aparecen?

M.P.: Uno cree conocer al público de teatro, al menos el de Buenos Aires. Presuponemos que es urbano, de clase media, pero después nos sorprendemos. Cuando tengo obras en cartel espío al público en las funciones y me fascina la extrema heterogeneidad, algo de eso se muestra en estas películas. Pero es imposible aspirar al interés universal, eso hace Netflix, estudian el mercado y tratan de detectar qué le interesa a la mayor cantidad de gente posible. Los que hacemos teatro o películas apuntamos a contar historias que nos puedan conmover a nosotros y a las personas que nos resultan cercanas.

P.: ¿Cómo ve las artes escénicas pospandemia?

M.P.: Todavía hay cierto nivel de incertidumbre, hubo muchos recortes de presupuesto por la pandemia, afuera también. Hay programación atrasada que se arrastra de años anteriores. Noté una necesidad muy grande del púbico de volver al teatro, afuera y acá. Porque implica volver a la experiencia colectiva, por ejemplo en Milán tuvimos funciones llenas y gente en las charlas posteriores, que a veces son formalidades aburridas y en esta ocasión la gente mostró ganas de meterse en la cocina de las obras

P.: ¿Qué puede decir de la producción de teatro en Buenos Aires?

M.P.: Acá voy mucho al teatro y siempre veo cosas que me estimulan y sorprenden, lo hacemos en contra de un montón de dificultades. La gestión oficial está atravesada por eternos recortes presupuestos, planificación bastante errática y caótica. Surgen apoyos a proyectos buenos pero en general es muy difícil ver una planificación, los teatros oficiales no se plantean proyectos creativos a mediano plazo. Nunca lo vi. Y parte del problema es que no se concursen esos puestos. Es una asignatura pendiente. El apoyo económico es insuficiente en función de la dimensión que queremos o pretendemos darle. El volumen de teatro que se produce aquí es enorme pero la mayoría sostenida los hacedores.

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