8 de octubre 2026 - 21:38

Tres películas argentinas que exploran la moral, la infancia y el arte

Con Diego Peretti y César Troncoso, La casa se destaca por su tensión narrativa y sus dilemas morales. También llegan El tren fluvial, de Lorenzo Ferro y Lucas Vignale, y Annemarie, un documental sobre la fotógrafa Annemarie Heinrich dirigido por su bisnieta Mariana Sanguinetti.

Diego Peretti protagoniza La casa, el thriller de Gustavo Triviño que pone a prueba los límites morales de un hombre frente a una situación desesperada.

Diego Peretti protagoniza La casa, el thriller de Gustavo Triviño que pone a prueba los límites morales de un hombre frente a una situación desesperada.

Al fin se estrena "La casa", con Diego Peretti y César Troncoso, una de las mejores películas nacionales vistas en el pasado Festival de Mar del Plata y, por lo que llevamos visto, una de las mejores del corriente año. También se estrena "El tren fluvial", de Lorenzo Ferro y el malogrado Lucas Vignale, y "Annemarie", evocación de la exquisita fotógrafa Annemarie Heinrich por su biznieta Mariana Sanguinetti.

Hablemos de "La casa". Una empresa local pasa a manos chinas, en consecuencia un empleado jerárquico de 57 años de edad resulta despedido y, como es difícil conseguir otro empleo, pone en venta su preciada casa. No lo hace a través de una inmobiliaria. Le dijeron de un contacto fuera de la ciudad, en el negocio de una vieja que vende milanesas caseras. Pero ese es solo el lugar de contacto. Sin entrar en detalles, esta parte cierra con una propuesta atractiva, oscura e inquietante por parte del posible comprador, y una pregunta por parte del vendedor: "¿Y cómo sé que no me matan después que firme?".

La propuesta se cumple, y de pronto surge una vuelta de tuerca inesperada, la ocasión salvadora que exige cierto riesgo, y enseguida otra vuelta, terrible, que pone a prueba la condición moral de cualquier hombre. ¿Hasta dónde puede llegar alguien para salvar su pellejo y su bien más preciado? El remate es doblemente irónico. El plano final, sin palabras, lo dice todo. Y la película dice mucho, sin discursos. Apenas una frase sentenciosa de alguien que en ese momento no sabemos para qué lado juega: "En este mundo todos tenemos una guerra privada que el otro desconoce". Y una advertencia de la vieja que vende las milanesas, que conviene escuchar.

Esa fue la última aparición de la octogenaria Marta Lubos, valiosa actriz que murió hace pocos meses y que quizá las nuevas generaciones la registren por "El día trajo la oscuridad", "Maternal" o "Bienvenidos al infierno". Y ésta, "La casa", es la nueva película de Gustavo Triviño. La anterior la hizo, créase o no, hace ya 13 (trece) años, "De martes a martes", con Pablo Pinto y Alejandro Awada. En ella un tipo grandote presencia una violación y en vez de socorrer a la víctima decide chantajear al violador. Ambas películas tienen características comunes: el manejo de la tensión, la precisión narrativa sin desvíos ni florilegios, el tratamiento singular de conflictos reales, la elección de unos intérpretes que calzan justo en esos personajes creíbles cuya aflicción económica comprendemos y cuyas decisiones pueden perturbarnos (pero acaso los seguimos comprendiendo). Películas sólidas, muy buenas, esencialmente argentinas.

El niño y la fotógrafa

En un lindo momento de "El tren fluvial", la película de Ferro y Vignale, se escucha, recitado por su propio autor, el poema de Francisco Madariaga "Viaje estival con Lucio", aquel que evoca "el sueño del viejo tren casi fluvial", "el tren marrón que no quiere morir". En la memoria del poeta, y de muchos litoraleños, ese tren casi fluvial era el que se subía al ferryboat para cruzar el río desde Puerto Ibicuy hasta Zárate. El último ferryboat, o ferrobarco, fue el "Tabaré", construido en Astilleros Argentinos Rio de la Plata, 1965, y retirado tras la inauguración del enorme y moderno puente Zárate-Brazo Largo, 1978. Nos hemos ido por las ramas solo para explicar de dónde viene el título de esta película.

Ese es un acierto, un título atractivo que predispone a ver algo especial, donde cabe cierta fantasía en medio de tanta realidad. Para el caso, la fantasía de un niño de pueblo que un día se evade rumbo a la gran ciudad, lejos del padre que le impone practicar una disciplina artística y de la madre con el guiso de siempre. Y la fantasía de los autores, que protegen al niño de mayores riesgos gracias a unos personajes que parecen de cuento: un hombre que, aunque dormido contra una pared, le envía consejos a través de sus auriculares, otro hombre con kimono de artes marciales y su joven amigo, que le dan albergue sin pedirle nada a cambio, y una chica que lo elige para un casting y lo perdona cuando el pibe hace algo malo.

Pero ellos no están siempre. Los otros chicos pueden golpearlo, las calles se hacen largas, la soledad se hace sentir. No solo Madariaga, también Leonardo Favio y Pasolini parecen estar invocados en este cuento. Que es desparejo, imperfecto, curioso y, en el final, tierno.

Posdata: la escena en un televisor, con Carlos Monzón y Nora Cullen como una madre eterna, es de "Soñar, soñar". El hombre dormido es Diego Puente, que de chico protagonizó "Crónica de un niño solo". Ambas películas son de Favio. Lo que baila el protagonista en casa ajena como si fuera un malambo es una fulia venezolana. Esto último ya excede nuestra comprensión.

Annemarie Heinrich, berlinesa de nacimiento, argentina desde muy niña, aprendió fotografía porque el padre no la dejaba ser bailarina. Tampoco escenógrafa. El hombre desconfiaba del ambiente artístico. Irónicamente, su hija estuvo largos años rodeada de artistas. Ella misma fue una artista, que tanto hacía retratos perfectos, penetrantes, de personas conocidas como fotografías experimentales, desnudos femeninos que parecían esculturas, fotos de criaturitas en su estudio e instantáneas de gente común en la calle. O algo así como instantáneas.

En "Annemarie", de su bisnieta Mariana Sanguinetti, la recuerdan Graciela Borges y Mirtha Legrand, sus colegas y a veces discípulos como Aldo Sessa, Juan Travnik, Eduardo Comesaña, Julie Weitz, y en especial unos cuantos miembros de su familia, desde la hermana menor, Ursula, para abajo. Muy interesante lo de Ursula, que entre otras cosas recuerda una Eva Duarte muy simpática, que "la quería mucho a Annie, porque Annie era una mujer que se hizo sola". Más interesante aún, lo que Annemarie misma destaca en un fragmento de archivo como un gran consejo de otro fotógrafo inmigrante, Anatole Saderman: a la gente hay que quererla. Y ella, según coinciden sus colegas, realmente amaba a la gente. Eso explica, quizá, porqué sus retratados parecen estar mostrando su alma en cada foto.

Una lástima que este documental dure apenas 74 minutos. Dan ganas de seguir viendo.

"Annemarie" (Argentina, 2026); Dir.: Mariana Sanguinetti; documental.

"El tren fluvial" (Argentina, 2026); Dir.: Lorenzo Ferro y Lucas Vignale; Int.: Mariano Barria, Milo Barria, Rita Pauls, Fabian Casas, Lucrecia Pazos.

"La casa" (Argentina, 2025; Dir.: Gustavo Triviño; Int.: Diego Peretti, César Troncoso, Fabián Arenillas, Marta Lubos, Mariano Argento, Mario Alarcón.

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