23 de marzo 2000 - 00:00
"TRES REYES"
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Pero al mismo tiempo la tercera película de David O. Russell (conocido por su comedia incestuosa de muy bajo presupuesto « Spanking the Monkey») es un ágil entretenimiento en la mejor tradición hollywoo-dense del americano inescrupuloso en el Tercer Mundo que, al igual que el Rick que interpretaba Bogart en «Casablanca», no puede evitar terminar ayudando al oprimido. Los tres reyes son George Clooney, Mark Wahl-berg y Ice Cube, tres miembros del ejército que acaba de vencer a Saddam Hussein luego de la Tormenta del Desierto, sólo para hacer las paces con el dictador dejando sin protección a los rebeldes iraquíes que lo combatieron. En medio del festejo del armisticio, los protagonistas encuentran un mapa con el oro robado a Kuwait, y abandonando sus puestos deciden arriesgarse e ir para allá a buscar la fortuna que les permitirá volver a casa con una auténtica sensación victoriosa.
El problema es que el búnker con el oro está en una zona donde los rebeldes están siendo masacrados y torturados por las fuerzas iraquíes, por lo que los soldados que en principio sólo quieren su botín, pronto no tienen más remedio que tomar una decisión acerca de lo que está pasando alrededor suyo.
Los desquiciados soldados que encarnaban Clint Eastwood y Donald Sutherland en la divertida «El botín de los valientes» a comienzos de los '70 no hubieran sido tan sensibles al sufrimiento del enemigo árabe, pero lo que pasa es que los tiempos han cambiado, y aun en la más sangrienta comedia de acción y humor negro se han vuelto políticamente correctos.
De cualquier modo, las burlas impiadosas al ejército norteamericano, a Saddam, al periodismo y a los sentimientos revolucionarios (con una escena antológica en la que Clooney se vuelve demagogo intentando robarse un convertible) funcionan a la perfección, y Russell siempre se guarda un cambio de clima inesperado hacia lo dramático sin hacer concesiones a ninguno de los horrores que se pueden vivir en una guerra.
Los personajes árabes tienen una dimensión que Hollywood nunca había permitido, y las actuaciones son muy adecuadas, incluyendo la de Spike Jonze (el director de « Being John Malkovich») y la del subestimado Mark Wahlberg (también conocido bajo su nombre rapper Marky Mark), que a pesar de su excelente trabajo en « Boogie Nights» sigue sin ser considerado un actor de peso, aunque aquí debe sobrellevar una escena intensa de tortura e intercambio cultural realizada con una audacia que supera todo lo visto en el cine reciente.




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