8 de noviembre 2000 - 00:00

Un asadito improvisado revela a buen director

«El asadito» (Argentina, 1997-2000, habl. en español.)Guión y Dir.: G. Postiglione. Int.: G. Dayub,

T. Gómez, H. Molina, R. Calandra, D. Edery, D.Briguet.

 

L a idea era bastante singular.   Se trataba de rodar una película enteraen menos de un día, con una sola cámara, con actores en su mayoría aficionados,que además supieran improvisar sobre los temas que se les dieran, ya que sóloestarían escritos los últimos quince minutos de la historia, y todo teniendocomo único escenario una terraza (por suerte bastante grande).

En ese sentido, hay que reconocerlo, la propuesta de producción funcionóbastante bien, y en algunos aspectos más que bien. La calidad técnica esrelevante, con puntos a favor para el director de fotografía Fernando Zago,en definido blanco y negro, los intérpretes tienen su carisma (unos más, otrosmenos), la gente de producción es destacable, ya que supo trabajar con lomínimo y aprovecharlo, y el empuje al cine independiente es innegable. Algomás: independiente, y provinciano, ya que este film se realizó sin un solo pesodel INCAA, y es enteramente rosarino por donde se lo mire.

 

 Historia

 

En cuanto a la historia -porque a fin de cuentas uno siempre va al cineesperando que le cuenten una historia-, puede decirse que es minimalista, conlo bueno y lo malo que este término sugiere. A través de un grupo de amigos quese juntan a comer y charlar desde mediodía hasta la madrugada siguiente(víspera de Fin de Año), el ya treintañero Gustavo Postiglione decidióretratar a algunos especímenes de su propia generación, desgastados,decepcionados, refugiados en sueños incumplidos, conversaciones inconducentes,superficiales manifestaciones de afecto, y, en algunos casos, tratando deaparentar que en la vida les ha ido mejor que a los otros. Manías de tiposinmaduros, fracasos que no se asumen, traiciones que uno cometió contra símismo, traiciones que se ven venir.

Gente parecida era la que paseaba su aburrimiento existencial (entoncesse decía «spleen») en la chejoviana «Pieza inconclusa para piano mecánico»,sólo que el maestro Nikita Mijalkov retrató allí un ambiente dearistócratas de provincia de un entresiglo ya lejano. Había incluso un ridículoque amenazaba con matarse, y había también, eso sí, un amanecer de esperanza.Estos rosarinos, en cambio, son de simple medio pelo, y es difícil hallar unbuen amanecer para ellos, representantes de un medio pelo argentino más amplio,bastante poco redimible.

 

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