26 de marzo 2003 - 00:00

Un Asterix serio y a la española

Jesús Sánchez Adalid «Félix de Lusitania» (Barcelona, Ediciones B, 2002, 509 págs.)
E l siglo III fue de gran violencia y desorden para el Imperio Romano. Los emperadores se sucedían unos a otros en breves reinados, casi siempre interrumpidos por muertes violentas (asesinatos, motines, complots). El viejo orden comenzaba a desintegrarse debido a su propia corrupción, a los constantes ataques de los pueblos bárbaros y a la codicia de los reyes persas que acechaban la frontera oriental desde hace tiempo.

Ese mundo, sometido a numerosos cambios políticos y sociales, es el escenario donde se mueve el valiente e indeciso Félix de Lusitania (protagonista de «La luz del Oriente») que reaparece ahora sumergido en una gran crisis espiritual que lo lleva a contactarse con las primeras organizaciones cristianas, en medio de muchas idas y vueltas. Entretanto, su carrera militar lo va conduciendo a distintos puntos del imperio, donde pondrá a prueba sus habilidades diplomáticas y sus condiciones de guerrero. Pero Félix también dispone de tiempo para disfrutar de los placeres sensuales que le deparan dos ciudades tan deslumbrantes como Roma y Cartago.

Su itinerario urbano es la excusa ideal para que el autor describa en detalle cómo era la vida cotidiana de aquellos tiempos. La novela está respaldada por una rigurosa investigación, tal como consta en las notas finales, donde se amplían algunos datos históricos. Pero toda esta información es apenas el telón de fondo de una historia que, pese a contar con un héroe en plena crisis de fe, nunca llega a profundizar en la angustia existencial de su personaje. Se trata de una novela de aventuras no de corte filosófico, como «Memorias de Adriano» de Marguerite Yourcenar. El celebrado autor de «El mozárabe»presenta a Félix como «la alegoría del hombre occidental, que ve atónito como todo cambia y evoluciona hacia algo diferente, aunque aún no puede determinar con claridad qué es».

Las similitudes con el mundo contemporáneo son muchas, sobre todo en lo que respecta a la reciente fragmentación de varios países europeos. Pero, otras coincidencias resultan algo forzadas, pese a su veracidad histórica. Cuando Félix va a renovar su vestuario por el aniversario de la fundación de Roma, su amanerado sastre le confiesa: «¡Esto del milenio nos trae locos!».

Y a éste se suman otros diálogos, ante los cuales no se sabe si agradecer su fluidez o criticar su anacronismo como, por ejemplo, cuando los soldados de la antigua Roma se conducen como avispados marines. Español al fin, Jesús Sánchez Adalid quiso homenajear a su pueblo a través de un héroe nacido y criado en una de las tres provincias romanas que componían la Península Ibérica.

El escritor se dio el gusto de crear un «Asterix» a la española, sólo que en versión seria y del bando de los romanos. El resultado es bastante entretenido.

Dejá tu comentario

Te puede interesar