3 de julio 2003 - 00:00

"UN DIA EN EL PARAISO"

Araceli González y Guillermo Francella
Araceli González y Guillermo Francella
«Un día en el paraíso» (Argentina, 2003, habl. en español). Dir.: J.B. Stagnaro. Guión: E. Mignogna, S. Chague. Int.: G. Francella, A. Gonzalez, C. Fontan, J. Lombardo, M. Alonso, L. Brandoni, P. Cibrián Campoy, S. Bosco.

V istos los antecedentes, pareciera que de Guillermo Francella sólo pueden esperarse películas prendidas con alfileres. De quién es la culpa sólo se sabrá cuando alguna le fracase en boletería. Pero de Eduardo Mignogna («Sol de otoño»), aquí guionista, y de Juan Bautista Stagnaro, que tan lindos amores supo brindar en obras anteriores, se esperaba algo más. Desgraciadamente, sólo la simpatía del público hacia sus artistas puede sostener esta película. Capacitados para hacer algo mejor, estaban.

Si «apenas» (ahí esta el detalle) se trata de una comedia romántica de curso convencional: el hombre y la mujer se encuentran, pasan la noche juntos, aunque a la mañana no les veamos ni un cinto desprendido, se desencuentran, para colmo cada uno dijo ser otra persona, y tras varias vueltas se reencuentran. Aunque sin un crecimiento firme de la historia, ni del enredo, se nota que dispusieron de buenos condimentos, tales como, precisamente, la posibilidad de escarbar en los vaivenes del histeriqueo, en ese rastacuerismo tan nacional de querer aparentar lo que no se es, las amistades especulares con alguna sombra de amable sospecha, los sistemas de ventosa de alguna gente, y otros fastidios siempre divertidos, sobre todo cuando los vemos en los demás. Pero esos condimentos surgen apenas como escenas sueltas, y dejan gusto a poco. Por supuesto, todo termina bien, la parejita en la cama a los piquitos (y con la ropa puesta), Araceli González sigue preciosa, ya da como una mezcla de Candice Bergen con Genevieve Bujold, hacen muy gratos personajes Luis Brandoni (un director de comerciales), Claudia Fontán (la amiga), Margara Alonso (la madre del amigo), Silvina Bosco (la ex), y Javier Lombardo se luce dándole un difícil acompañamiento en tono menor a Francella. En fin.

Aparte de eso, hay una escena notable, que hasta parece de otra película. Es aquella, antológica, donde el mismo Pepe Cibrián Campoy en persona toma una prueba de canto y de inmediato, con impecable, seductora, fascinante y perfecta maldad expulsa «cariñosamente» de su seno a la infeliz aspirante. Ojalá el resto de la película hubiera
seguido de ese modo, y qué tanto romance.

P.S.

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