29 de mayo 2003 - 00:00

Un día en la vida de atractivos personajes

«Reinas por un día» (Reines d'un jour, Francia, 2001, habl. en francés). Dir. y guión: M. Vernoux. Int.: K. Viard, H. Fillieres, V. Lanoux, J. Birkin, S. López, E. Buyle.


Como en «La belleza de Venus», donde unos C cuantos personajes cruzaban sus vidas en un mismo lugar, en «Reinas por un día», la directora francesa Marion Vernoux cruza a otra serie de personajes a lo largo de un solo día; pésimo para la mayoría.

Todo sucede alrededor de cuatro hombres y mujeres, algunos conocidos entre sí y otros que el inteligente guión de la misma Vernoux relaciona por azar. Ellas son, una joven fotógrafa que se descubre embarazada tras un instante de sexo en un casamiento con el recién casado; una treintañera mal casada que se pasa el día tratando de pactar una noche de placer con cualquiera durante un viaje laboral del marido; un colectivero al que su mujer abandona en pleno recorrido; y un deteriorado sesentón que espera la visita de un viejo amor que se anunció por teléfono después de 20 años.

La película es una sucesión de pequeñas y grandes catástrofes que, aparte de las ya mencionadas, pueden ser chocarle el auto al vecino, un insatisfactorio corte de pelo, el regreso anticipado de un marido, o que un golpe de aire cierre la puerta cuando alguien sale a buscar al gato. Estructurada como por puro azar, «Reinas por un día» apunta más bien a las consecuencias de los actos de esta gente, antes que nada irresponsable para con ella misma, y aunque hace reír a menudo, la mirada de su guionista y directora oscila entre el cinismo y una aparente desesperanza. Sus personajes son un hato de desdichados en busca de algún otro que resuelva sus entuertos, y en este sentido, parece darle más chance a quien ya no espera nada (la mujer engañada).

Además de cuidar las actuaciones, Vernoux enriquece el relato con imágenes de los pensamientos de los personajes. Ejemplo: mientras trata de mejorar su aspecto y el de su casa, el hombre que espera a su antigua amada (una espléndida Jane Birkin madura), imagina la escena del encuentro de todas las maneras posibles. Esto permite a la directora, por un lado, desarrollar diversos estilos -entre ellos, la fotonovela-, y por otro, establecer un interesante contrapunto entre lo que sus criaturas muestran y lo que sienten, creen o temen. Por ahí es que las situaciones, voluntariamente «improbables», cobran sentido y se vuelven reconocibles para el espectador; aunque si es por paros sorpresivos, burocracia y otros contratiempos que padecen estas personas, cualquier argentino puede tener un día desastroso como éste.

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