El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires inauguró la semana pasada «Ultimas Tendencias», exposición colectiva que se destaca por la excelente calidad de las obras presentadas y además, porque los artistas donaron sus mejores trabajos que pasaron a formar parte del patrimonio de la institución. El Mamba, luego de una selección rigurosa, posee así la más completa colección de arte realizada en la última década por la generación joven. Todo un gesto, tanto la generosidad de los artistas como el de la institución que brinda de este modo un reconocimiento -si no del valor económico de las obras, dado que no pagó nada por ellas-, al menos de la existencia y el mérito, al exhibir un arte que considera digno de ser atesorado. Se debe tener en cuenta que el museo es el escenario por excelencia de legitimación y consagración.
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Aunque lo correcto hubiera sido que el Gobierno de Ciudad pagara esa colección, no al precio del mercado que asciende a 700 mil dólares sino al precio mínimo que se establece para las instituciones. Y existen sobrados antecedentes al respecto.
El pago, además de estimular y posibilitar la gestación de otras obras y la continuidad de la producción, tiene un efecto demostrativo ante la sociedad, porque el museo funciona como entidad modelo. Responsabilidad que no se puede eludir. ¿Qué pasaría si las fundaciones, museos o coleccionistas privados comenzaran también a pedir donaciones?
Sin embargo, la actual situación social, económica y política abre numerosos interrogantes. ¿Cómo deben funcionar las instituciones, cuál es su papel y cuáles sus prioridades en el nuevo contexto argentino? La respuesta de la Fundación Antorchas, que financió un buen catálogo que se enviará a los principales museos del mundo y sin duda estimuló la participación de los artistas, es clara. «Tratamos de volcar nuestro apoyo donde tiene mejor efecto y es más necesario, aumentamos las ayudas, becas, clínicas y subsidios, sobre todo a los artistas del interior y actualizamos los montos», señaló Américo Castilla, director de la Fundación. «Los artistas a veces no tienen donde guardar una instalación y había muchas obras deterioradas» y agrega «Antorchas otorgó un subsidio al MAMBA para que las obras se rehicieran o se restauraran».
El arte se ha complejizado y también su ejecución. Si bien la pintura mantiene su vigencia, en la muestra predominan géneros como instalación, fotografía, escultura, video y se advierte el uso de nuevos materiales, sintéticos o efímeros, y de soportes procedentes de las nuevas tecnologías cibernéticas y audiovisuales. Características que demandan en casi todos los casos elevados costos de realización y compradores muy especializados, que no son tantos como los que compran un cuadro para decorar el living.
•Comparación
«La decisión del Gobierno, aunque el presupuesto de la Secretaría de Cultura que asciende a 145,9 millones de pesos es el más elevado del país, fue no gastar en compras. Es mucho dinero 700 mil pesos, pero es poco si se lo compara con el presupuesto de la Biblioteca del Congreso: 24 millones de pesos», comentó un entendido.
Durante el concurrido vernissage quedó en evidencia sin embargo, que la exposición es un logro personal de la directora del Mamba, Laura Buccellato, quien durante su gestión actual y desde el Instituto de Cultura Iberoamericano apoyó a la mayor parte de los artistas que figuran en la muestra.
El museo recibió esa tarde otras adhesiones y la colección se incrementará en breve con una nueva ronda de donaciones. Desgraciadamente, cuando concluya la muestra y por una cuestión de espacio, terminará en el depósito. Lo cierto es que el Mamba y el Museo del Cine son la asignatura pendiente del Gobierno: en el año 1997 el Bid otorgó un crédito y se aprobaron los planos que donó Emilio Ambaz para remodelarlos y crear un Polo Cultural en el Sur. En 1998 comenzó el proceso de licitación que se retrasa todavía hasta el límite de lo inexplicable. El primer sobre de la licitación se abrió durante la gestión de Enrique Olivera, pero tres Jefes de Gobierno y cuatro Secretarios de Cultura dejaron languidecer el proyecto.
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