"Fábula de la princesa Turandot» de C. Gozzi. En versión de Los Macocos. Dir.: J. Rama. Int.: D. Casablanca, M. Salazar, G. Wolf, M. Xicarts y P. Requeijo. Mús. orig.: F. Mizrahi. Vest.: H. Pigozzi. Esc.: M. Sasaki. Coreog.: D. Fernández. (C.C. De la Cooperación.)
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Se dice que la leyenda de «Turandot» proviene de una antigua fábula persa en la que una princesa era obligada casarse con un príncipe desconocido. En el siglo XIII el poeta Lari reubicó la acción en China y bautizó a su protagonista con el nombre de Turandot, que en persa significa, justamente, «hija de China». El texto llegó a Europa a través de la colección de cuentos de «Las Mil y una Noches» hasta que, en 1762, el conde veneciano Carlo Gozzi la convirtió en una fábula tragicómica en la que se filtraban algunos típicos personajes de la Commedia dell'arte. La historia de «Turandot» sedujo también al dramaturgo alemán Friedrich Schiller, que la convirtió en tragedia, y además brindó su argumento a tres óperas (la más conocida sigue siendo la de Giacomo Puccini).
La versión que Los Macocos acaban de estrenar el Centro Cultural de la Cooperación, luego de una temporada en el Teatro Argentino de La Plata, se basa muy libremente en el texto de Carlo Gozzi. El grupo tomó del original algunos personajes cómicos, pero su principal tarea consistió en reformular todas las figuras protagónicas para adaptarlas a sus propios códigos humorísticos.
La princesa Turandot sigue siendo una mujer fría y enemiga de los hombres, que para librarse del matrimonio obliga a cada uno de sus pretendientes a contestar tres acertijos. Su extrema crueldad dictamina que éstos mueran decapitados al no poder descrifar sus adivinanzas. Pero, la llegada de un desconocido (el astuto príncipe Kalaf), hará que su corazón se abra por fin al amor. Claro que encarnado por Daniel Casablanca,Kalaf ya no aparece como un héroe romántico, sino como un galán torpe, pero gracioso, que deslumbra a las mujeres con su aparente exceso de testosterona y su portentoso miembro viril. Turandot, por su parte, es presentada como una villana de historieta, una máquina de matar indomable y sensual, y a la vez muy cómica. La arrolladora actuación de Paula Requeijo no impide que el personaje exhiba una constante metamorfosis en toda la obra, lo que le da una especial profundidad a su labor.
•Humor
Es muy buena la caracterización de Martín Salazar como la ardiente y vengativa Adelma. Sus intentos de seducir a Kalaf arrancan carcajadas, sobre todo cuando ambos actores bromean fuera de libreto. Gabriel Wolf y Marcelo Xicarts componen a dos personajes escapados de la Commedia dell'arte, pero aggiornados al gusto argentino. Wolf interpreta a un desopilante jefe de eunucos obsesionado con el sexo, mientras que Xicarts convierte al Brighella -creado por Gozzi-en un funcionario de pura cepa nacional. Este mismo actor interpreta también al opiómano emperador de la China, uno de los roles más simpáticos de la puesta.
La escenografía de Matías Sasaki y el atractivo vestuario de Horacio Pigozzi crean un apropiado marco oriental, en tanto que la música de Federico Mizrahi también se atreve con el humor, como por ejemplo cuando parodia un tema de Rodrigo para que todos griten: «¡Turandot! ¡Turandot!».
En sus 18 años de trayectoria, Los Macocos siguen manteniendo una excelente convocatoria entre el público joven. Su capacidad para deslizarse de un gag a otro sin que el espectáculo pierda dinamismo y su natural complicidad con el espectador les permite mantener un constante clima festivo. Por otra parte, sus alusiones a la sociedad actual, su capacidad para improvisar en los intersticios de la acción y su habilidad para infiltrar la jerga picaresca de la calle los terminan hermanando con aquellos cómicos venecianos que tanto se empeñó en defender Carlo Gozzi.
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