«Sin título», obra de Cynthia Cohen, la artista más joven de la nueva exhibición
de Daniel Maman.
La intensa actividad artística que se concentra en Buenos Aires -aun cuando nadie se ha dedicado a planear la política cultural que merece-, posiciona la ciudad como el centro más vital de toda Latinoamérica. Es preciso reconocer, sin embargo, que las muestras que este año llegaron del extranjero son escasas, pero la Fundación Proa y el Centro Cultural Borges suplen la ausencia con creces. La Colección Tamayo que expone Proa depara una excelente visión de la vanguardia europea y americana, con obras de primer nivel que atraen a La Boca un público numeroso. Por su parte, el Cultural Borges, con la exahustiva exposición de Andy Warhol, brinda una acabada lección sobre el origen y apogeo del Pop.
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A partir del martes pasado y, con buen criterio, a la muestra de Warhol se sumó la de Marta Minujín, representante local de esta tendencia. Así, al ingresar al lobby del Borges, dos gigantografías realizadas a partir de una foto de época, muestran la imagen de Warhol sentado junto a Minujín. Plena de ritmos y colores brillantes, la exhibición de la sesentista derrocha energía, y demuestra que lejos de dedicarse a reeditar los éxitos del Instituto Di Tella, es capaz de conmover con la belleza de sus nuevas obras.
Entretanto, durante toda la semana pasada se reiteró el abrumador fenómeno que comenzó hace dos años: la superposición de vernissages en un mismo día y a la misma hora. El martes, el Instituto Leloir y Ediciones Larivière presentaron el estupendo proyecto «Cow Parade, Buenos Aires 2006», propuesta que consiste en la exhibición de 150 vacas de fibra de vidrio de tamaño natural, y que ya ha sido realizada con éxito en ciudades como Bruselas, Nueva York, Chicago, Londres, Estocolmo, Tokio, Sydney y Barcelona, entre otras. A partir de marzo y luego de ser intervenidas por artistas argentinos, las coloridas vacas ocuparán los espacios públicos de Puerto Madero, para luego ser subastadas a beneficio del Instituto Leloir y Esclerosis Múltiple Argentina (EMA).
Ese mismo día, por la tarde, el arte confirmó su poder convocante. Una marea de espectadores se desplazó desde la muestra de Minujín en la calle Florida, hasta Palermo Hollywood, para ver en la galería Braga Menéndez las exposiciones de Manuel Amestoy y Tomás Fracchia, pasando por el barrio Recoleta, para asistir al vernissage de la histórica y documentada exposición que inauguró Daniel Maman, rica en pinturas de los precursores y grandes maestros. Amestoy, que hace unos meses colgó sus atractivos encajes de papeles multicolores en el Barrio Joven de la Feria arte-BA, despliega en Braga Menéndez todo el encanto que encierra esta idea. Es decir, desarrolla los motivos, figuras y autorretratos, que luego recorta en papel. En esta ocasión invade toda la pared de la sala con un velo blanco, monta sus recortes entre paneles de acrílico, los dispone como cortinas, los conjuga con sus dibujos y, además, los agrupa para crear un espacio donde el público pude sentarse, sumergirse y percibir la dulce alegría que depara estar inmerso en una obra de arte.
En el piso superior, Fracchia muestra un cambio de estilo. Sus pinturas tienen un color que parece haber envejecido por el tiempo, y las resoluciones abstractas, que traen resonancias del arte de Pettoruti o de Aisemberg, hablan del grado de madurez alcanzado en este último año. Claro, las obras con calida museística del pintor viajero Juan León Pallière que Daniel Maman expone junto a las de Prilidiano Pueyrredón, e incluso una poderosa pintura de Quinquela Martín, nos devuelven al pasado, a un mundo donde la pintura representaba otro país, otras ilusiones y otra cultura. De allí en más y hasta la actualidad, el recorrido puede verse desde varios puntos de vista. Para comenzar, desde la historia, la de una Argentina que fue tierra de promisión y a pesar de la crisis y el dolor que reflejan Berni, Macció, Benedit o Kuitca, una pintura de Cynthia Cohen, la artista más joven de la exhibición, conserva sin degradar, las cualidades que todavía deslumbran al mundo.
Luego, si se mira desde una perspectiva estética, en una muestra que con pocas obras abarca más de un siglo, se destaca la obra de Xul Solar, como un hito. Finalmente, más allá del anecdotario sobre la proveniencia de cada cuadro, figura también el trabajo que pocos advierten y se refiere más bien al gran tema y problema de la autenticidad, que hoy padecen no pocos galeristas, rematadores, coleccionistas y, desde luego, los simples compradores. Cada libro, cada documento -de época- es una prueba de la autenticidad de las obras.
• Gira
Embarcados en esta gira sin fin, el miércoles, los invitados de Anibal Jozami y Laura Buccellato partieron a un almuerzo en la localidad de Caseros, a la inauguración de «Antonio Berni, obra gráfica» en el MUNTREF, el Museo de la Universidad de Tres de Febrero. Por la tarde, frente a la Plaza San Martín, toda la alegría del espacio Belleza y Felicidad se mudó a Barrio Norte, al glorioso y salvaje patio que la Bibliotéque comparte con la galería Sara García Uriburu. En la calle Florida la galería Ruth Benzacar abría a esa hora las muestras de Máximo González y Miguel Rosthchild, artista que desde hace años reside en Berlín, y se destaca por su talento, lucidez y profesionalismo. La muestra debería ser vista luego de la celebración de la sociedad de consumo que irradia la obra de Warhol.
Con sus ironías y apreciable humor, Rosthschild, inmerso en el espíritu de los tiempos actuales, marca las diferencias con un renovado Pop art. El jueves, la muestra de pinturas de Adriana Fiterman en el Cultural Borges, que trata a la vez cuestiones tan disímiles como las apariencias, representadas en la gente gris que camina por la calle, y de asuntos puntuales como la vida y los órganos del cuerpo humano (corazón, ovarios, hígado, entre otros), concentró el ambiente del arte.
Luego del viaje hasta el Malba, durante una visita guiada, la curadora Inés Katzenstein describió con claridad las características y virtudes de las últimas obras que ingresaron a la colección del Museo.
Desde las consagradas firmas de Guttero, Kosice o Greco, hasta las de las nuevas estrellas que hoy brillan en el horizonte, como Pablo Siquier, Marina De Caro o Beto de Volder. «La idea -señaló Katzenstein- es incluir obras representativas de la escena actual latinoamericana, que reflejen el modo en que piensan la obra de arte los artistas contemporáneos».
Con una ductilidad digna de elogio, el Malba, que inició su colección de obras cumbre latinoamericanas al compás de los precios récords, se adaptó a la realidad del país, estableció un fructífero diálogo con los protagonistas del acontecer artístico, y ahora se posiciona como receptor de talentos.
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