Cuando Jeremy Irons vino a la clausura del Festival de Mar del Plata '99, le preguntaron por su participación en esta película. El hombre fue sincero: «Necesitaba plata para refaccionar un castillo que me compré en Escocia». A confesión de partes, relevo de pruebas. Igualmente, la prueba acaba de aparecer entre nosotros y -hay que decir la verdad-es más entretenida que buena.
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Se trata de una película de aventuras de espada y brujería, libremente inspirada en el juego del mismo título. Para el caso, dos ladrones, una estudiante de magia, un enano medio alto y una negrita orejuda deben evitar que un perverso mago domine a los dragones rojos y destrone a la emperatriz (la nena de «Belleza americana»).
Es que la chica quiere que su pueblo tenga «libertad, igualdad, y prosperidad» (a cambio de fraternidad), y el consejo de magos teme que eso le haga perder sus privilegios. Surge así la excusa para una sucesión de asesinatos, peleas, persecuciones, pruebas riesgosas, viajes prodigiosos, etc., a través de palacios, mercados, tabernas, mazmorras y campos abiertos, hasta llegar a una pelea de dragones dorados contra dragones rojos, todos lanzando fuego hacia las cúpulas de la ciudad, como si fueran la Luftwaffe contra la RAF sobre los cielos de Londres, en versión digitalizada. En fin, Irons actúa por contrato, los demás son de madera, el libreto es bastante pobre, algunos diálogos son francamente torpes, incluyendo uno de pretendida filosofía «new age», y ciertos efectos ya están superados o son buenos, pero el montaje no parece ayudarlos demasiado. De todos modos, tanto a los seguidores del género de espada y brujería, como a los jugadores de rol les encantará ver este film, aunque sea para encontrarle los defectos: hay errores de continuidad, ideas copiadas a «La guerra de las galaxias» y otros títulos y partes que desatienden las reglas del juego original. Todo eso que hace que el espectador se sienta más inteligente que los que hicieron la película, justificando así el precio de la entrada.
A los más chicos pueden impresionarles ciertas escenas de tortura (en una de ellas, muere angustiosamente uno de los «buenos») y, además, dos dragones mueren atravesados, gimiendo de dolor, aunque los créditos finales aclaren: «Ningún dragón ni otros animales fueron heridos durante el rodaje», único chiste bueno.
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