30 de mayo 2005 - 00:00

Ute Lemper y su clase: un lujo infrecuente, pero interrumpido

Ute Lemper, después de cinco años de ausencia, volvió aBuenos Aires y ofreció dos recitales y una Master Class.
Ute Lemper, después de cinco años de ausencia, volvió a Buenos Aires y ofreció dos recitales y una Master Class.
A lo poco habitual de las visitas de Ute Lemper al país se agregó, el sábado último, una Master Class -así la denominó el Teatro San Martín, que la convocó para ello-, que tendría como objeto una de sus especialidades, el teatro musical de Bertolt Brecht y Kurt Weill. No fue exactamente así, aunque la tarde terminó siendo, por distintos motivos, y a pesar de varias e impertinentes distracciones, antológica.

Desde los inicios de su carrera, Lemper asumió la condición de heredera directa del arte y la sensibilidad de Lotte Lenya y Marlene Dietrich. Su obra carga con el testamento de la «movida» de la República de Weimar en los años '20, aunque esa es una antorcha que se ve obligada a negociar, en el siglo XXI, con excesivas aventuras rockeras muy poco interesantes, y a veces, inclusive, con versiones extremadamente desnaturalizadas del legado más canónico del Kabarett berlinés. Sin embargo, cuando está en vena, parece -en voz y en figura- la más genuina traductora de esa época.

La «Master Class» fue, en realidad, una especie de entrevista colectiva con el público (más la ofrenda de varias canciones que hizo junto a su pianista), a la que el director Hugo Urquijo, oficiando de traductor pasivo, o los mismosorganizadores, debieron manejar más férreamente. ¿Por qué no seleccionar con antelación las preguntas de la gente, a la que podría invitarse a entregarlas por escrito antes de entrar al teatro? Ocasiones como estas son, desdichadamente, escasas e irrepetibles, como para perder tiempo en divagaciones donde hasta se mencionó al Cuchi Leguizamón (?), o se le preguntó a la intérprete si ella sabía qué tipo de efectos producía en el público con sus interpretaciones. «No», respondió Lemper con cierta ironía, «es algo que no controlo».

Lo peor de estas intervenciones, con todo, no es la falta de interés intrínseco sino el efecto de desconcentración que tienen sobre la artista, que más de una vez perdió el hilo de su relato, o su entusiasmo. Por caso, olvidó cantar la hermosa «Balada de María Sanders», de Brecht y Hans Eisler, que prometió en un momento antes de que se desconcentrara (también la puso algo nerviosa el volumen excesivamente bajo en sala, que parecía muy difícil de ajustar).

Pero todo lo demás fue una delicia, y aquí una síntesis de las definiciones, apuntes y relatos de Ute Lemper en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín:

BERTOLT BRECHT Y KURT WEILL
: «Fue una asociación artística que sólo duró cuatro años pero que revolucionó al siglo XX. Creo que no hay parangón posible con otro dúo, ni en Europa ni en los EE.UU.».

CELOS
: «La canción Jenny de los piratas, de la Opera de dos centavos, fue originalmente compuesta para Polly, el otro personaje femenino. Pero, lógicamente, Lotte Lenya, que fue la esposa de Weill, no le iba a perdonar que la más hermosa de las composiciones que tiene esa obra no la cantara ella. Así que, con el paso de los años, Weill se vio obligado a hacérsela cantar a Jenny, que era el personaje de ella».

RIVALIDAD:
«En los estribillos de las canciones, la música domina a las letras; en cambio, en el resto, es el texto el que se hace más importante, más dominante. Esa rivalidad entre letra y música era la misma que tenían Brecht y Weill, que se necesitaban mutuamente pero competían demasiado. Fue así que esa sociedad no podía durar demasiado».

MICKEY MOUSE
: ( Aludiendo a las primeras grabaciones de Lenya del repertorio de Weill-Brecht, extremadamente agudas): «¿Ustedes oyeron cómo se cantaban estas canciones antiguamente? ¡Parecen viejos Mickey Mouse! Nunca me gustó ese registro tan agudo, y yo siempre lo bajé para cantarlas.»

DINERO:
(Ante una pregunta sobre su éxito) «Nunca he ganado demasiado dinero con mis discos. El público que me sigue y que compra mis grabaciones es apenas un nicho irrelevante para la industria discográfica».

IDIOMA
: «Durante muchos años me negué a cantar el repertorio del Kabarett o el de Brecht y Weill en inglés. Lo consideraba una traición, más allá del hecho de que muchos matices son francamente intraducibles. Sin embargo, terminé haciéndolo porque me parece más importante que se entienda lo que hay en estas letras».

EISLER
: «La unión creativa entre Brecht y Hans Eisler produjo, aunque menos populares que las canciones con Weill, composiciones extraordinarias, y hay dos de ellas, como «Die Graben» [la interpretó] y «La balada de María Sanders» que están entre mis favoritas».

WEIMAR
: «La mayor importancia del arte de la República de Weimar no fue tanto la libertad, en todos los sentidos, sino que gracias a esa libertad se reinstaló la idea misma de identidad. Una identidad que no venía impuesta por nadie sino que era el resultado de una elección. Libre, por supuesto».

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