23 de mayo 2002 - 00:00

Valiosa antología de Eckell

P asado el ajetreo de continua exposición en la década del '80 y otorgamiento de premios en la del '90 que hicieron de Ana Eckell una figura insoslayable, casi mediática de nuestro panorama artístico, es importante analizar en perspectiva la exposición que se exhibe en la Sala Cronopios del Centro Cultural Recoleta.

Esta antología que cubre 20 años con obras pertenecientes en su mayoría a su colección particular, seleccionadas por la artista, incluye varias de las que han participado en las Bienales de La Habana y París (1985), Venecia (1997) y Mercosur (1999), y por consiguiente no vistas en la Argentina. Antes de ingresar a la sala recomendamos leer un diario personal fechado en Marzo-Abril 2002 en el que la artista confiesa su necesidad de detenerse, de haber estado en un callejón sin salida, de que todo estaba muerto antes de empezar. Y comenzó a escribir, a volcar sus pensamientos íntimos como lo hace con su pintura, lo que nos prepara para introducirnos en ese armado y desarmado de imágenes que constituyen su estética.

Siempre al borde del precipicio, imágenes fugaces, a partir de garabatos, inscripciones que se cuelan por todos lados, diestros dibujos que conforman la base del soporte, para leer minuciosamente, convirtiendo al observador en voyeurs de su intimidad, que revela sus obsesiones y horror al vacío.

Cajas
. Sus cuadros están llenos de ellas. Encierran personajes que se aman, duermen, gritan, expresan dolor, se refugian, intentan escaparse. La artista dice metafóricamente «cuánta energía consume conservar todos estos contenidos en una caja, guardarlos, tenerlos a raya para que no afloren a la superficie».

La muestra se inicia con «El otro yo», perteneciente a una serie realizada a fines de la dictadura militar y que mereciera el Premio Arché Adquisición en Dibujo (1982). María teresa Constantín, autora del prólogo del catálogo, señala que esas obras «condensan la tensión del período, una época de dolor y encierro así como la obra de 1984 ganadora de una mención junto a León Ferrari y Carlos Alonso en la Bienal de la Habana, en la que pese al clima festivo se percibe la crispación de la época». Lo fugaz, lo instantáneo, la transcripción de un pensamiento, a veces con característica de comic, tapados por personajes y animales feroces, deformados, una visión violenta vinculada con una dinámica expresionista, sarcasmo e ironía conforman su poderosa imagen. «Volví a sentir que me corría sangre por las venas cuando se me ocurrió simplemente jugar a tapar con blanco. Hacer desaparecer todo». Entonces, ahora, sus acumulaciones, obsesiones, citas literarias y cotidianas, tumultos, aparecen velados por capas transparentes hasta llegar a «Vuelta de página», la obra que cierra la muestra.

Solamente algunos grafismos en materia espesa blanca, abiertos, gestos que se despliegan sobre un fondo blanco despojado. Ana Eckell realiza aquí una verdadera autoantropofagia, para decir que «más allá de la desintegración la paz es posible». Hasta fin de mayo.

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