11 de noviembre 2003 - 00:00

Vattuone, tango bueno y moderno

Juan Vattuone
Juan Vattuone
«Tangos al mango». Actuación de Juan Vattuone (voz, guitarra, relatos). Con Horacio y Carlos Avilano (guitarras). Invitada: Julieta Vattuone (baile). (Bar Tuñón, todos los viernes).

Hace ya unos años que Juan Vattuone, quien también estuvo alguna vez cerca del blues, ha comenzado a circular en los ambientes tangueros con una propuesta que lo diferencia claramente del resto.

Estéticamente relacionado con el «Tata» Juan Cedrón, Rubén Juárez, Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche y aun Carlos Gardel, no se parece absolutamente a ninguno de ellos. Se notan sus raíces, se perciben los muchos tangos que ha escuchado y disfrutado a lo largo de la vida, se le reconocen los adoquines caminados y las noches transcurridas, se trasluce el respeto hacia su pasado cultural y musical.

Pero ha logrado -cosa no habitual por estos tiemposser moderno sin romper amarras, ser personal sin perder el contacto con los próceres del género, y hasta cantar con buena voz sin tener una garganta privilegiada. Vattuone -que actúa solo, acompañado por su guitarra, o con el respaldo también guitarrístico de Horacio y Carlos Avilano se muestra en el escenario en sus distintas facetas. Puede pensarse que la principal es la de cantante, y en buena medida lo es porque así está planteado su espectáculo. El músico, de aspecto rockero, es además un muy interesante compositor y un gran «entretenedor».

Salvo las excepciones del comienzo -con «Vieja Viola», sin amplificación-y del final -con «El último café»- el resto del material es de su propia creación. Y logra picos de inspiración muy grande -otra vez, haciendo de puente entre el lunfardo tradicional y la jerga actual-en temas como «Misántropo», «Ni olvido ni perdón», «El Yuta Lorenzo», «Amalia la de Malabia», «La chacón de mi naerma», «La Yoli esa mariposa», «Un chabón jailaife» o «Pasa la vida»; todos imbuídos además de una descarnada crítica social que va más allá de lo convencional.

Pero a estos talentos para la composición y el canto, Vattuone suma su capacidad para organizar el espectáculo como un monologuista, introduciendo, con mucho humor, historias inventadas que suenan creíbles y con personajes aún presentes en Buenos Aires. Un párrafo aparte mere-cen el buen respaldo guitarrístico de los hermanos Avilano y la participación especial de su hija, la bailarina Julieta Vattuone, interpretando «Madame Ivonne».

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