22 de octubre 2001 - 00:00

Vibró el Colón con estupendos músicos vieneses

La Orquesta Sinfónica de Viena fue calurosamente recibida por el público que llenó el Teatro Colón para reencontrarse con estos grandes intérpretes portadores de una gran tradición. De afinación exacta, sonido mate y muy bien amalgamados los sectores, tienen verdadero espíritu de cuerpo, sin que sus músicos busquen sobresalir excepto si la partitura lo indica. Unicamente el concertino se empeñó en adelantarse unos microsegundos, pero no llegó a molestar.

El experimentado Frühbeck de Burgos, de gestos contundentes, con los cuales pide y consigue fluidez, hizo una intensa versión de la Sinfonía Nº 3 en Fa Mayor Op. 90 de Johannes Brahms, especialmente conmovedora en el movimiento «Poco allegretto» desde la intensidad de los violoncellos, el tema en el corno seguido por el oboe y la totalidad de las cuerdas, con su debida melancolía de paisaje otoñal. Con el estupendo pianista Rudolf Buchbinder abordaron, el «Emperador» de los conciertos, el Nº 5 en Mi Bemol Mayor Op. 73 de Ludwig van Beethoven.

Fue notable la atenuada marcialidad de la orquesta y la mesura en los bronces, lo que permitió disfrutar del preciosismo pianístico de Buchbinder así como su temperamento en los pasajes de bravura. Acalló las aclamaciones tocando estupendamente el finale de la Sonata «Patética» de Beethoven, de quien se había escuchado antes su Obertura «El rey Esteban». Nadie estaba dispuesto a retirarse al final del concierto, de manera que ventilaron nacionalismo con una refinada ejecución del vals «El Danubio azul» de Johann Strauss. El público deliraba, y el director aportó su autoridad como cultor de la música española con «Las bodas de Luis Alonso», y la velada culminó como una fiesta.


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