Más que el drama que lleva a los cuatro hermanos del título a unirse en una venganza, en
el film de John Singleton pesan más la violencia, los diálogos insultantes y su sutil manera
de burlarse de los lugares comunes del género.
«Cuatro Hermanos» («Four Brothers», EEUU, 2005, habl. en inglés) Dir.: John Singleton Int.: Mark Wahlberg, Tyrese Gibson, Andre Benjamin, Garrett Hedlund.
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Lo más notable de «Cuatro Hermanos» es que se estrene en los multiplex argentinos. No se puede creer que esta vuelta al policial «blaxploitation» de John Singleton, ambientado en una nevada Detroit pre navideña, haya sido programa en nuestros cines justo en primavera. La verdad es que no se parece mucho a su fuente, el western «Los Hijos de Katie Elder», ni tampoco se atreve al delirio de los viejos policiales de culto de la década de 1970 con peinados afro y música funky. Tampoco intenta el realismo de las primeras películas de Singleton, y se queda un poco en la mitad de camino de su remake de «Shaft». La trama muestra a cuatro hermanos (dos blancos, dos negros liderados por el hosco Mark Wahlberg) decididos a vengar el asesinato de su madre adoptiva. Los lugares comunes abundan, a veces de manera realmente curiosa -como el villano que obliga a sus visitas a comer en el piso como perros-, a veces para alargarla en vano al detenerse en situaciones y diálogos obvios que parecen impuestos a la fuerza para la nueva generación de espectadores que nunca vio a Clarence Williams III en «Patrulla Juvenil» ni a Antonio Fargas en «Starsky & Hutch».
Del mismo modo, se puede apostar que un director's cut de este policial incluiría escenas de sexo y violencia mucho más audaces de lo que le dejaron mostrar. De todos modos, cada escena de violencia y cada diálogo insultante (con una poética profana que no se escuchaba desde los mejores tiempos de Scorsese y Spike Lee) se aprecian especialmente en pantalla grande, igual que algunas ironías sutiles a los lugares comunes del género, y la música de Motown, incluyendo los temas que Marvin Gaye compuso para su olvidado «Trouble Man».
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