23 de septiembre 2003 - 00:00
Vittori, lo mejor de "Orestes"
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Comienza el Festival Internacional Cámara Corporizada con más de 40 películas de 20 países
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Disponible en Netflix: la película que se estrenó hace 30 años y es la favorita de millones
Aunque, como se verá, poco tiene que ver con la obra de Piazzolla y Ferrer reestrenada hace muy poco aquí, inmediatamente puede surgir la asociación con «María de Buenos Aires». Sin embargo, el único punto de contacto entre ambas está en el tango, porque mientras «María...» es una suerte de cantata, «Orestes» se acerca mucho más al formato de la ópera clásica y no a la comedia musical norteamericana, con una presencia fuerte también del texto hablado. Basada en la pieza teatral «El reñidero» de Sergio De
Cecco, «Orestes» plantea el conflicto de un hijo traicionado por su padre, en un contexto de guapos en el que conviven la hermana y la madre del protagonista y un amante que, cual tragedia griega, terminará muerto para saldar cuentas de otro modo insaldables. Diego Vila desde la música, siempre alrededor del tango de distintas épocas, milongas y valses, y con buena pluma, y Betty Gambartes, responsable de los textos, lograron construir una obra compacta, rescatar el espíritu borgiano de la historia de De Cecco, y sostener el interés dramático a lo largo de dos horas. Ese mismo interés no se refleja en igual medida en los diálogos, que por momentos suenan exageradamente forzados, ni en la variedad musical, que reitera cierto clima a lo largo de toda la obra. Los papeles protagónicos se reparten entre Julia Zenko (Elena, hija de Pancho Morales), Carlos Víttori (Orestes, hijo de Pancho Morales), Susanna Moncayo (Nélida, mujer de M orales-») y Rodolfo Valss (Soriano, hombre de confianza de Morales y amante de Nélida). Bien respaldados por cantantes-actores secundarios: Jorge Nolasco como Vicente, amigo de Orestes, Carlos Rivarola como Morales, Giuliana Rosetti como «la mujer de la milonga», y un grupo de bailarines, todos cumplen con alto grado de profesionalismo con sus papeles, más en lo lírico que en lo actoral. Sin embargo, lo mejor lo da Víttori que es imponente en el manejo de su voz y en el dominio escénico y logra llevar a su Orestes al punto más alto de la puesta. En un segundo plano escénico, el sexteto dirigido por Diego Vila cumple también su parte con eficiencia, interpretando una música cuyo papel principal es sostener el sentido dramático de la pieza. Mini Zuccheri diseñó un vestuario tan austero y minimalista como la escenografía. Y son prolijas -y por momentos inspiradaslas coreografías de Oscar Araiz.
R.S.




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