10 de mayo 2004 - 00:00
¿Vuelve la inflación de los '80 con las grandes obras?
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Poco antes del remate del miércoles pasado, una mujer observa la estrella de la subasta de Sotheby's en Nueva York: "Muchacho con pipa", de Picasso.
• Otros récords
El miércoles, una pintura estupenda de Manet se vendió en 26,3 millones y un Doufy en 3,1, mientras batieron sus propios récords los artistas del siglo XIX, Alfred Munnings (7,8 millones), Jean Bazile (5,3) y William Blake (3,9).
Luego, y si bien el despuntar de los noventa estuvo signado por un colapso del mercado, la globalización y sus efectos de concentración de capital, favorecieron su recuperación al arrimarle algunos de los fabulosos excedentes de dinero disponible en manos privadas. Además, se debe tener en cuenta que el arte esquivó la caída del fin de la historia y se convirtió en motivo de devoción.
La dieciochesca tradición romántica aún sobrevive y el arte se considera un objeto de culto, cuyo carácter casi sagrado impide medirlo en dinero, aunque justifica al mismo tiempo los precios extraterrenos que en ocasiones paga la gente. A esto se suma que el arte también reúne los atractivos que demandan los consumidores de productos de alto valor económico.
Sus compradores suelen ser aquellos que, cueste lo que cueste, aspiran a diferenciarse del anonimato gracias a la posesión de lo exclusivo y que demandan experiencias diferentes, emociones intensas, placer estético y si es posible, prestigio. Así, cuando una gran obra (y las que llegan al mercado son cada vez menos) es capaz de calmar ambiciones que superan las de cualquier operación mercantilista, los precios tienden a volverse abstractos.


