Poco antes del remate del miércoles pasado, una mujer observa la estrella de la subasta de Sotheby's en Nueva York: "Muchacho con pipa", de Picasso.
En la década del 80, y a partir de la venta de los « Girasoles» de Van Gogh, se produjo la mayor escalada de cotizaciones de toda la historia del arte, y desde entonces, el holandés (que sólo vendió un cuadro en su vida) y Picasso (que a los 50 años ya era millonario) se disputan los récords en la cumbre del mercado.
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La tendencia alcista de las cotizaciones, que alcanzó un punto de inflexión en 1990 con la venta del «Retrato del Doctor Gachet» de Van Gogh en 82,5 millones, parecía sin embargo haber alcanzado su fin, cuando el miércoles pasado la increíble cifra de 104,1 millones pagados en Sotheby's por « Muchacho con pipa», una pintura temprana de Picasso, elevó aún más el valor desmesurado de las grandes obras de arte.
Para medir el fenómeno bastamirar los números. En el año 1980, luego de la muestra que le dedicó a Picasso el Museo de Arte Moderno de NuevaYork, el autorretrato «Yo Picasso» se remató en el entonces precio récordpara el artista de 5,3 millonesde dólares. El valor duplicabael obtenido anteriormente en subasta por el creador del cubismo, pero al fin de la década y en pleno boom del mercado, ese mismo cuadro volvió a venderse por 47,8 millones.
La espiral inflacionaria recién se detuvo en 2000, cuando Christie's vendió la melancólica «Mujer con los brazos cruzados» en el entonces récord de 55 millones de dólares.
Hasta este año, cuando apareció el bellísimo «Muchacho», no se había vuelto a ver en las subastas otra pintura de Picasso que pudiera superar esa cifra. El valor estético de la obra no se discute, pues se trata de una pieza clave de la historia del arte, pero además tiene un plus: proviene de la prestigiosa colección Whitney, que acabó cosechando casi 190 millones en total con la venta.
Y los antecedentes de una pintura cuentan mucho en un mercado que tiene sus caprichos. Es que en los últimos remates se ha desdibujado el interés por el impresionismo, en el sentido estricto de Monet, Renoir, Degas y aquellos artistas que en el taller del fotógrafo Nadar forjaron la génesis del movimiento que lideraba el mercado en la década de 80, con los japoneses como compradores.
• Otros récords
El miércoles, una pintura estupenda de Manet se vendió en 26,3 millones y un Doufy en 3,1, mientras batieron sus propios récords los artistas del siglo XIX, Alfred Munnings (7,8 millones), Jean Bazile (5,3) y William Blake (3,9).
Luego, y si bien el despuntar de los noventa estuvo signado por un colapso del mercado, la globalización y sus efectos de concentración de capital, favorecieron su recuperación al arrimarle algunos de los fabulosos excedentes de dinero disponible en manos privadas. Además, se debe tener en cuenta que el arte esquivó la caída del fin de la historia y se convirtió en motivo de devoción.
La dieciochesca tradición romántica aún sobrevive y el arte se considera un objeto de culto, cuyo carácter casi sagrado impide medirlo en dinero, aunque justifica al mismo tiempo los precios extraterrenos que en ocasiones paga la gente. A esto se suma que el arte también reúne los atractivos que demandan los consumidores de productos de alto valor económico.
Sus compradores suelen ser aquellos que, cueste lo que cueste, aspiran a diferenciarse del anonimato gracias a la posesión de lo exclusivo y que demandan experiencias diferentes, emociones intensas, placer estético y si es posible, prestigio. Así, cuando una gran obra (y las que llegan al mercado son cada vez menos) es capaz de calmar ambiciones que superan las de cualquier operación mercantilista, los precios tienden a volverse abstractos.
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