9 de octubre 2002 - 00:00

W.G. Sebald fue mucho más que un innovador literario

W.G. Sebald fue mucho más que un innovador literario
H asta mediada su cuarentena, Winfried Georg Sebald (Alemania 1944, Inglaterra 2001) fue conocido sólo como académico, un profesor de literatura alemana de una universidad de provincias inglesa interesado por la literatura austriaca. Su carrera académica había sido buena, aunque no excepcional. Si había en él algo peculiar era que abandonó su Alemania natal a los veintiún años y a partir de aquel momento siempre residió en el extranjero.

Entonces, en 1988, Sebald publicó un libro de poemas, seguido en los '90 de una secuencia de cuatro obras como el mundo no había visto nunca en las que la narración se entremezclaba con el relato de viajes, la biografía (no estaba claro si se trataba de personas reales o ficticias), los ensayos eruditos, los sueños y las reflexiones filosóficas, y escritas con una prosa anticuada en su formalismo pero que de vez en cuando emitía un destello irónico. Las obras iban ilustradas con fotografías que parecían salir de álbumes familiares.

«Los emigrados»
(1992), un conjunto de cuatro biografías de alemanes, algunos judíos, otros no, que habían vivido o intentado vivir fuera de Alemania, se tradujo a muchas lenguas y convirtió a Sebald en un escritor reconocido, sobre todo en el mundo de habla inglesa. «Austerlitz» (2001) es la historia de un hombre que descubre que no es -como había creído- británico, sino un checo judío enviado de niño a Gran Bretaña para escapar de la inminente catástrofe. El libro cuenta su intento de rescatar el pasado. Publicado en el año en que Sebald murió en un accidente de coche a la edad de 57 años, «Austerlitz» es su obra más ambiciosa e intensa.

•Otra escritura

Hubo una época, en los '60 y los '70, en el apogeo de Foucault y Derrida, Luce Irigaray y Julia Kristeva, en que el crítico y el teórico literario fue una figura envuelta en glamour, un héroe cultural. Luego la historia siguió su curso. La teoría literaria se volvió cada vez más arcana y árida; el ataque contra el humanismo que ha estado en el corazón del nuevo movimiento dio su fruto en forma de un descenso de fondos -y una disminución de inscripciones-en el terreno de las humanidades; la economía fue elevada a la categoría de nueva disciplina maestra; la lectura crítica de textos filosóficos y literarios se volvió cada vez más marginal respecto al cometido básico de la universidad, la producción de operadores de una economía globalizada; y los estudiantes emigraron en masa desde las facultades de humanidades hasta las facultades de economía.

En semejantes circunstancias, no es sorprendente que los especialistas dotados empezaran a abandonar la crítica literaria académica y se lanzaran a otras formas de escritura, desde géneros cautos como la escritura de viajes, la autobiografía y las memorias por un lado, hasta la narrativa y la poesía más auténticas por otro. Sebald es quizá el ejemplo sobresaliente de esta tendencia. Un aspecto de este desplazamiento desde el erudito hasta el escritor es que (si hacemos caso omiso de la salida en falso de «Contra natura», su libro de poemas) se creó él mismo un medio en el que explotar conocimientos que ya había adquirido y habilidades explicativas que ya dominaba. No es necesario saber escribir diálogos, si se emplea a un narrador en primera persona que cuenta sus historias mirando el pasado y no utiliza nunca el estilo directo. No es necesario ser capaz de crear una tensión dramática si los modos básicos son las memorias y el ensayo, en lugar del relato. En cuanto al suspense, la búsqueda investigadora de un profesor puede mantener tan en vilo, a su modo, como la búsqueda del detective de un asesino.

Lo que convierte a Sebald en un gran escritor y no sólo en un innovador literario es que, por algunos medios misteriosos, fue capaz de despegarse una y otra vez desde el nivel de lo prosaico -el ensayo, las memorias-, hasta el nivel de la poesía. Este despegue es marcado en «Los emigrados» y «Austerlitz». Cuando no se produce, como en partes de «Los anillos de Saturno», una serie de textos en prosa basados en un viaje a pie por la zona oriental de Inglaterra, Sebald es un periodista de calidad. En las entrevistas, Sebald insistía en que el «yo» de sus libros, el narrador, no debía identificarse con W. G. Sebald, el escritor y profesor de literatura. Sin embargo, en los propios libros, ese mismo narrador nos impulsa a realizar la identificación (por ejemplo, reproduciendo un documento oficial con el nombre y la fotografía del «auténtico» Sebald).

El gran tema de
Sebald es la memoria y la carga de la memoria. Como todos sus personajes, su narrador omnipresente, lo llamemos o no «Sebald», es un melancólico; y la raíz de esa melancolía común, la del narrador y de los personajes, es la historia de la Europa del siglo XX, una historia sobre la que se cierne la alargada sombra de Alemania y de la suerte de los judíos europeos. Todos se ven desgarrados internamente entre, por un lado, un autoprotectora necesidad de bloquear un pasado doloroso y, por otra, una búsqueda ciega de algo -no saben quéperdido.

A pesar de que en sus obras en prosa el pasado sólo se recupera mediante una ardua indagación, esa victoria sólo confirma lo que las personas ya sabían en el nivel más profundo, lo que ya expresa su pertinaz melancolía frente al mundo y lo que su cuerpo ha estado diciendo con su propio lenguaje, el lenguaje del síntoma: no hay cura, no hay salvación.

El acontecimiento básico en el mundo de
Sebald, recurrente de un libro a otro, es la experiencia del vértigo («Vértigo» fue el título de su primera obra en prosa). Se produce de forma típica cuando el narrador está de pie en lo alto de un acantilado o volando en un avión, mirando el mundo que está debajo: cuando ve a la humanidad desde el punto de vista de Dios. El vértigo, en Sebald, es una experiencia de lo más perturbadora, una caída en espiral de la mente que a menudo precede al derrumbe mental. Semejantes derrumbres no son sólo acontecimientos psicológicos, sino episodios de duda metafísica en los que se desmoronan los cimientos de la existencia. Bajo su superficie de extravagancia con encanto, los libros de Sebald se encuentran entre los documentos más oscuros de los padecimientos de una sensibilidad moldeada por el siglo XX.

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