9 de julio 2001 - 00:00
"Yo he sido un raro hasta para la movida de Madrid"
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Eusebio Poncela.
Maldito
¿Maldito? «No he sido maldito para nada, soy una persona muy famosa, que ha triunfado enseguida, que ha hecho series de muchísimo éxito («Los gozos y las sombras», «Werther», «Pepe Carvalho»); voy a un hotelucho de cuarta de Uruguay y el portero sabe quién soy. Un maldito es alguien a quien no se lee o a quien no se puede representar.»
El caso es que en «Sagitario» interpretó un papel en una historia gay hasta la militancia, de sexo y de astros. ¿Le preocupa? «Esa imagen no es mía, es de Vicente Molina Foix. Este es uno de los personajes más distintos a mí que he interpretado en toda mi vida, pero hay detrás un trabajo arduo que se olvida. Sus reacciones se alejan muchísimo de las mías, sobre todo ante el amor: yo no buscaría una pareja estable ni loco, soy mucho más independiente.Y su manera de ver el sexo no tiene nada, nada, nada que ver con la mía. No sé lo que es una revista de contactos.
Hice esta película porque me gustó la cosa azaresca, medio absurda, medio mágica, que puede ser fatal o maravillosa; y porque Vicente es muy amigo, pero nuestros mundos son completamente distintos. Además, soy una persona muy atractiva, lo sé, nunca he necesitado hacer ese tipo de contactos telefónicos... ¿Estoy bien en la película?» Sí, y lo salva que, además de homosexual militante, les gusta a las chicas. «Vale niña, y a la mía también (dice con la boca pequeña). Yo no tengo problemas para comer de todo.»
Me estoy refiriendo a la película. «No, y en la vida soy muy atípico: he sido raro hasta para la movida de Madrid, porque estaba en el ojo del huracán, pero mi mambo era ser yo mismo, no creo ni en los grupos de rock & roll.» En los grupos no, pero sí cree, y mucho, en la amistad. Retomando la fallida biografía, se cuenta del actor que ha tenido siempre la costumbre de huir cuando venían malos tiempos. Así, a principios de los '60, se refugió durante un año en Nueva York en casa de unos amigos. Luego, a principios de los '90, volvió a hacer lo mismo, pero esta vez en el Cono Sur, Buenos Aires, junto a sus queridos Cecilia Roth y Fito Páez. Huésped, a cambio de quién sabe qué. Dicen de él que es un seductor.
Dentro de los hilos argumentales de «Sagitario», el placer aparece como germen de la desgracia: una lectura del hedonismo en cierto modo católica, ¿o no?. «Yo no comparto ese punto de vista. Mis problemas han sido de exceso, pero no diría que el placer necesariamente lleva a la desgracia. El placer es también una gimnasia, hay que tener una disciplina con el placer.»
Reto
No es ningún secreto que su conexión con «Arrebato (el film en el que interpretaba a un heroinómano), más allá de lo interpretativo, era una conexión vital. Es decir, que Eusebio Poncela sabía lo que era el poder hipnótico de la heroína. Una cuestión de placer o de infelicidad o qué era aquello de la heroína. «Era un reto, porque te ponía al borde de la muerte, una experimentación. Pero no quiero hablar de ese tema porque es muy difícil trasladarlo y porque no me gusta hacer hincapié en ello. He sobrevivido entre 50.000, y a ellos les dedico mi trabajo y parte de mi vida.»
¿Uno decide ser marginal? «No, es una cuestión del alma, más allá de si eres famoso o rico.» ¿Usted se siente marginal? «Sí, así lo creo: así he sido y creo que lo sigo siendo.» cane-«Sagitario» es también la historia de nosotros mismos como parte de un mosaico, porque en esto parece habernos convertido la sociedad de masas en donde el individuo se diluye. Es una especie de vidas cruzadas, de ventanas indiscretas y superpuestas. Una fábula contemporánea, que dice Vicente Molina Foix, en la que el hombre ha perdido la mismidad. «Es una desgracia; por eso, yo voy tanto a Sudamérica, porque allí todavía existe el individuo y la amistad.»
Sube el ruido de los miles de coches, individuos en marea intentando cruzar la Calle Génova, medio y medio de Madrid, como si pudieran oír lo que tramamos aquí arriba. ¿Usted se siente uno cualquiera cuando va por ahí? «La sociedad te empuja a ello, no te salvas de la vibración de la calle, y eso me aburre a morir. Entonces, busco salidas, porque quiero divertirme en la vida.» Amigos, cine, sustancias (puntos suspensivos), ¿quién lo salva ahora? «¿Ahora?, que me gusto a mí mismo. Creo que estoy bien, pese a mi temperamento y mi egoísmo, hay una persona ahí atrás que está bien.»




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