En medio de la volatilidad cambiaria y las dudas del mercado sobre la sostenibilidad del modelo económico libertario, el economista Miguel Kiguel lanzó una serie de advertencias al gobierno de Javier Milei. Según el exfuncionario, el enfoque obsesivo en bajar la inflación y mantener el equilibrio fiscal puede generar más costos que beneficios si no se acompaña con medidas que fortalezcan la economía real.
Inflación y dólar, las advertencias de Miguel Kiguel
El economista cuestionó la velocidad con la que el Gobierno busca bajar la inflación y alertó sobre los riesgos cambiarios, el atraso del dólar y la falta de empleo. También advirtió que un déficit moderado puede ser útil para el desarrollo económico.
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Según el exfuncionario, el enfoque obsesivo en bajar la inflación y mantener el equilibrio fiscal puede generar más costos que beneficios si no se acompaña con medidas que fortalezcan la economía real.
“La estrategia principal es bajar la inflación, pero no sé si Argentina está tan preparada para pagar todos los costos que implica ir tan rápido a una inflación del 1%”, señaló Kiguel en diálogo con el economista Walter Castro. A su entender, países como Chile o Israel lograron estabilizar su economía con procesos graduales, sin necesidad de forzar un ajuste tan agresivo.
Desde comienzos de julio, el dólar blue subió u$s95, impulsado por factores como el fin de las LEFI y una liquidación de divisas menor a la esperada. Esta dinámica, que en el Gobierno atribuyen a un esquema de flotación “normal”, generó preocupación en el mercado, especialmente por la caída en las reservas y las señales de atraso cambiario.
Riesgos cambiarios, atraso del dólar y expectativas negativas
Para Kiguel, el temor a un salto del tipo de cambio es razonable. “No se puede mirar solamente la cantidad de pesos contra los dólares. La gente decide por un todo, y cuando percibe que puede haber una devaluación, encuentra la forma de irse al dólar muy fácil”, explicó.
Según su análisis, el tipo de cambio puede moverse incluso sin que cambie la cantidad de pesos en circulación. Factores como la tasa de interés o el balance de pagos también juegan un rol clave. “Uno sabe que cuando un Banco Central no puede juntar reservas, el tipo de cambio se va a depreciar. Y lo contrario también es cierto”, sostuvo.
Además, señaló que el actual esquema puede estar dejando al dólar oficial en un nivel demasiado bajo, lo que genera desincentivos para exportar e incentivos para importar, agravando el desequilibrio externo.
Críticas al rumbo fiscal y al impacto social del ajuste
Kiguel también cuestionó el enfoque fiscal del Gobierno. Si bien reconoció que mantener cuentas equilibradas es necesario, consideró que tener un déficit moderado no necesariamente es un problema. “Un déficit del 1% puede ayudar a bajar impuestos o financiar infraestructura. Hoy hay casi una obsesión con el déficit, como si fuera lo peor de todo, pero muchos países que tuvieron éxito convivieron con déficits razonables”, afirmó.
El economista expresó preocupación por el impacto social del modelo libertario. “El programa no está generando el empleo necesario ni aumentando los ingresos como uno quisiera. Hay que ver cuánta tolerancia social puede sostener este rumbo”, advirtió.
Sobre el futuro del modelo, trazó un paralelismo con los años noventa. “En aquel entonces tuvimos una economía abierta y competitiva, con productividad creciente, pero fracasó por una política cambiaria demasiado rígida. Espero que esta vez no se repita ese error. Me da temor que vayamos a una dolarización, aunque hoy parece un cuento de hadas”, opinó.
Equilibrio entre ortodoxia y crecimiento
A pesar de sus críticas, Kiguel destacó que el programa tiene elementos positivos y que podría funcionar si se corrigen algunos desvíos. “Es cierto que hay un problema con las reservas y puede haber tensiones con el tipo de cambio, pero todo eso es corregible sin que el esquema se venga abajo”, remarcó.
Su mensaje de fondo es claro: el ajuste macroeconómico debe convivir con una visión de desarrollo, que contemple el crecimiento de la actividad, el empleo y los ingresos. “Lleva años corregir los precios relativos. A veces hay que devaluar o subir tarifas para que todo siga funcionando. Pero no se puede hacer todo al mismo tiempo sin pagar costos políticos o económicos”, concluyó.




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