4 de septiembre 2026 - 07:00

Inminente Súper Niño: por qué la macro puede festejar, la micro sufrir y cómo pueden cubrirse las empresas

El fenómeno climático abre un escenario desigual para la economía, con potenciales beneficios sobre la producción y el ingreso de divisas, pero mayores riesgos para regiones, cadenas logísticas y actividades expuestas a excesos hídricos. La clave estará en dónde se concentren las lluvias, cómo impacten sobre el agro y qué herramientas existan para limitar las pérdidas.

El fenómeno puede mejorar los rindes agrícolas en algunas regiones, pero también aumentar el riesgo de inundaciones, problemas logísticos y pérdidas para empresas expuestas.

El fenómeno puede mejorar los rindes agrícolas en algunas regiones, pero también aumentar el riesgo de inundaciones, problemas logísticos y pérdidas para empresas expuestas.

La llegada de un Niño fuerte a la Argentina ya es una realidad. Si bien las probabilidades eran altas desde hace meses, los preparativos frente al fenómeno escalaron a operaciones concretas de seguridad y prevención en Nación, Ciudad, y la provincia de Buenos Aires.

A nivel nacional, la Agencia Federal de Emergencias ya identificó al NEA y a la cuenca del Paraná como las zonas de mayor riesgo, mientras que dentro del Gobierno reconocen una preocupación puntual por el eventual impacto sobre la disponibilidad de dólares en un año electoral.

En la Ciudad de Buenos Aires, el jefe de gobierno, Jorge Macri, reforzó el plan de contingencia con 177 puntos de monitoreo, de los cuales 83 son fijos en pasos bajo nivel y puentes y otros 94 móviles para tareas de desagüe y bombeo. Además, se estableció un centro de operaciones que coordina a diez organismos, entre ellos bomberos, policía de tránsito, hidráulica, AUSA y distintos grupos de búsqueda y rescate, con un despliegue escalonado según alerta amarilla, naranja o roja. A esto se suman más de 60 obras de ampliación de la red pluvial ya terminadas, equivalentes a 18,5 kilómetros de nuevos caños, y otras 14 en marcha.

A nivel provincial, el gobernador Axel Kicillof creó por decreto una mesa interministerial para coordinar la respuesta entre septiembre y enero, anunció un paquete de $2,3 billones en obras y monitoreo y reclamó al Gobierno nacional la liberación de $293.000 millones del Fondo Hídrico y otros $2,1 billones de ATN retenidos.

Sin embargo, el efecto no será igual en todo el país ni tendrá la misma intensidad. En esa línea, el INTA y el CONICET desarrollaron AgroENSO, una herramienta que cruza 35 años de rendimientos oficiales del MAGyP con las distintas fases históricas de El Niño y permite observar, departamento por departamento, dónde El Niño tuvo históricamente un impacto claro sobre los cultivos y dónde ese efecto fue menos consistente.

El Niño de este año escaló con rapidez y las proyecciones ya apuntan a un episodio de fuerte intensidad durante los próximos meses. En agosto, la NOAA asignó más de 90% de probabilidad a un evento "muy fuerte", mientras que el IRI de Columbia estimó una probabilidad del 100% de persistencia hasta febrero de 2027.

Para la Argentina, el impacto será desigual: la Bolsa de Comercio de Rosario prevé excesos de lluvia crecientes en la zona núcleo hacia octubre, noviembre y diciembre, justo cuando se definen etapas clave para el trigo, la soja y el maíz.

Ese escenario abre una doble cara para la economía. Una mayor disponibilidad de agua puede mejorar rindes y exportaciones si las lluvias se distribuyen bien, pero los excesos pueden deteriorar cultivos, afectar la logística y generar inundaciones en la Mesopotamia, las cuencas del Paraná y Uruguay y la cuenca del Salado.

Esa tensión entre beneficio macro y pérdidas concentradas será clave para entender cuánto puede ganar o perder la economía y qué margen tienen las empresas para protegerse.

Cómo cambiaron los pronósticos y qué empieza a verse en Argentina

Con este escenario, El Niño dejó de ser apenas un riesgo potencial para convertirse en un fenómeno ya establecido y en proceso de intensificación. En esta línea, la Organización Meteorológica Mundial advirtió además que existe una probabilidad extraordinariamente alta, cercana al 100%, de que sus efectos se extiendan hasta febrero de 2027 y anticipó fuertes alteraciones en los patrones de precipitaciones y temperaturas.

El interrogante ahora pasa por entender cómo se está manifestando actualmente en la Argentina, qué antecedentes ofrecen una referencia útil para dimensionar su posible evolución y, a partir de allí, dónde podría concentrarse el mayor impacto económico y cómo pueden prepararse las empresas.

Aunque el fenómeno fue declarado a nivel global en junio, José Luis Stella, experto del Servicio Meteorológico Nacional de Argentina, explicó a Ámbito que sus primeras señales comenzaron a percibirse en el país desde mediados de julio. Durante el invierno ya se registraron nevadas y precipitaciones extraordinarias sobre la cordillera, excesos de lluvia en Misiones, Corrientes, Entre Ríos y el norte de Santa Fe, además de temperaturas más altas de lo normal en el norte y más bajas en el sur.

Pero la fase más relevante todavía está por delante. Según Stella, en los episodios de Niño fuerte la señal suele intensificarse desde finales de la primavera, durante el verano y hasta comienzos del otoño. En los próximos meses, el mayor exceso de precipitaciones podría concentrarse primero en el norte del Litoral y Cuyo y, desde noviembre, extenderse hacia Santa Fe, Córdoba y La Pampa.

“Lo crucial ahora es el monitoreo”, remarcó Stella. El fenómeno permite anticipar qué regiones tienen mayor probabilidad de recibir lluvias por encima de lo normal, pero no determinar con tanta anticipación cuándo ni dónde ocurrirán los eventos más severos. Por eso, los pronósticos semanales y quincenales serán clave para detectar tormentas y acumulados extremos.

Los primeros efectos económicos también empiezan a aparecer

Desde EconSur, consultora especializada en análisis de coyuntura y estrategia financiera para empresas, Guillermo Baez y Joaquin Palma Hernandez, advirtieron que las lluvias, el viento y el granizo ya afectan la producción de frutas y verduras y comienzan a trasladarse a los precios mayoristas del Mercado Central.

A la vez, señalaron que las perspectivas internacionales para los principales commodities agrícolas empiezan a ajustarse. Entre julio y agosto, el USDA elevó sus previsiones para maíz, trigo y sorgo, con subas de u$s4,40 a u$s4,50 por bushel para el primero y de u$s6 a u$s6,20 para el trigo. En soja, en cambio, mantuvo sin cambios sus últimas estimaciones, aunque el Banco Mundial ya había revisado al alza sus proyecciones para 2026 respecto de octubre pasado, con aumentos de u$s31 por tonelada para el poroto y de u$s58 para el aceite de soja.

En el trigo argentino también mejoraron las perspectivas. En este sentido, lla BCR elevó el área prevista de 6,66 a 6,82 millones de hectáreas y llevó la estimación de cosecha desde 18-19 millones hasta 20 millones de toneladas. El ajuste, sin embargo, no respondió solamente al clima, sino también a una baja en el costo de los fertilizantes y a mejores expectativas de precios internacionales.

Las lluvias ya presionan los precios de frutas y verduras, mientras mejoran las perspectivas para maíz, trigo y soja.

Las lluvias ya presionan los precios de frutas y verduras, mientras mejoran las perspectivas para maíz, trigo y soja.

¿Con qué Niños anteriores puede compararse?

La magnitud proyectada vuelve inevitable la comparación con los grandes episodios de 1997/98 y 2015/16. Sin embargo, los antecedentes muestran que una intensidad similar no necesariamente se traduce en el mismo impacto sobre la Argentina.

En ese sentido, Stella explicó que, por la forma en que se están configurando las anomalías del Pacífico ecuatorial y su extensión hacia Sudamérica, el episodio actual presenta rasgos parecidos tanto al Niño de 1997/98 como al de 2015/16. “Tiene similitudes, por lo menos en la configuración general”, señaló.

Aun así, remarcó que la intensidad de El Niño no alcanza por sí sola para anticipar cuánto y dónde va a llover en la Argentina. El impacto final dependerá también de cómo se combinen, semana a semana y mes a mes, otros patrones atmosféricos que pueden reforzar la señal del fenómeno o, por el contrario, amortiguarla durante determinados períodos. Por eso, incluso dentro de un Niño muy fuerte, pueden alternarse episodios de lluvias y tormentas intensas con ventanas de tiempo más estables.

Esa incertidumbre también aparece al mirar los antecedentes económicos. Desde EconSur señalaron que, durante el Niño de 1997/98, Corrientes llegó a tener 58% de su superficie bajo agua, mientras que la superficie sembrada nacional cayó 4,2% y el área destinada al trigo se contrajo casi 20%. En cambio, durante el episodio de 2015/16, el área agrícola siguió expandiéndose y aumentó 3,5% en el año de mayor intensidad.

La diferencia, además, no fue solamente climática. En 1997/98, la crisis asiática deprimía la demanda y los precios internacionales, mientras que el escenario actual combina una demanda asiática más firme con stocks globales más ajustados de maíz y trigo. Por eso, desde EconSur plantearon un rango amplio para la campaña 2026/27, con variaciones de superficie que podrían ir desde una caída de 4,2% hasta una expansión de 3,5%.

Los antecedentes de 1997/98 y 2015/16 muestran que una intensidad similar puede dejar efectos muy distintos sobre la producción y el territorio.

Los antecedentes de 1997/98 y 2015/16 muestran que una intensidad similar puede dejar efectos muy distintos sobre la producción y el territorio.

Cuánto puede costar y dónde se concentraría el impacto

El impacto económico de El Niño no necesariamente será negativo para la Argentina. Según un modelo del FMI relevado por EconSur, un shock de este tipo puede generar una mejora acumulada de hasta 1,08% en el PBI real al cabo de cuatro trimestres. Sin embargo, desde la consultora estiman que esta vez el efecto sería bastante menor, porque la economía parte de una campaña 2025/26 excepcional y la mejora podría venir más por precios que por un nuevo salto de la producción.

Ese beneficio, además, sería muy desigual. El mayor potencial agrícola aparece en Entre Ríos, Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba y La Pampa, donde históricamente El Niño mejora los rindes de soja y maíz. En cambio, los mayores riesgos físicos se concentran en Corrientes, el NEA, las islas del Paraná y los bajos submeridionales, donde el exceso de agua puede transformarse rápidamente en anegamientos, problemas logísticos y pérdidas ganaderas.

“Las economías regionales, sobre todo del Litoral, ya están viendo los efectos del Súper Niño”, señalaron desde EconSur a Ámbito. Corrientes aparece como uno de los casos más sensibles: si el episodio se pareciera al de 1997/98, estiman que más de tres millones de hectáreas actualmente secas podrían quedar expuestas a inundaciones, con impacto sobre pasturas, caminos rurales e infraestructura productiva.

La ganadería y la lechería también enfrentan un riesgo particular. Las inundaciones pueden forzar liquidaciones anticipadas de hacienda, presionar inicialmente los precios a la baja y, más adelante, reducir la oferta de terneros y elevar los costos. A eso se suman mayores gastos de flete y deterioro de caminos rurales, que desde la consultora describen como un “impuesto implícito” sobre la renta del productor.

A nivel agregado, el balance dependerá de cuál de esas fuerzas predomine. Una campaña favorable podría reforzar exportaciones, recaudación y oferta de divisas, mientras que los daños quedarían concentrados en determinadas regiones y cadenas productivas.

“En un excesario de fuerte exceso de precipitaciones, la macro festejaría por los dólares, pero la micro sufriría”, resumieron desde EconSur.

Cómo pueden cubrirse las empresas

Frente a este escenario, la cobertura no pasa solamente por contratar un seguro. Desde EconSur señalaron que las empresas expuestas cuentan con herramientas como seguros contra granizo, multirriesgo y coberturas paramétricas, aunque su uso sigue siendo limitado y supone mayores costos operativos.

La gestión del riesgo también exige medidas concretas sobre la operación. Entre ellas, diversificar proveedores y cadenas logísticas, reforzar la gestión hídrica propia y monitorear de manera permanente en qué etapa del cultivo se producen los eventos más severos, cuánto duran y qué extensión territorial alcanzan.

Para las empresas ubicadas en el Litoral y el NEA, el foco debería estar en planes preventivos y contingencias logísticas; en la región pampeana, en cambio, puede haber margen para aprovechar una eventual mejora de precios y rindes.

En este sentido, aseguran que las empresas del agro ya empezaron a adaptarse. Según GEA/BCR, 38% de los asesores prioriza modificar fechas de siembra, 23% reforzar el manejo sanitario y 15% utilizar ciclos más cortos.

El problema estructural es que gran parte del riesgo sigue sin cobertura específica. En 2024 se emitieron 188.584 pólizas agrícolas sobre 23,6 millones de hectáreas, pero 67% correspondió a granizo y los seguros multirriesgo y paramétricos representaron menos de 0,01%.

Por eso, desde EconSur remarcaron que la resiliencia no depende solo de cómo respondan los cultivos a las lluvias, sino también de contar con infraestructura de drenaje, transporte y sanidad animal capaz de transformar el exceso hídrico en una oportunidad y no en una pérdida.

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