El recrudecimiento de la guerra en Medio Oriente volvió a poner en jaque a los mercados globales. Sin embargo, la city asegura que el primer impacto en los activos locales fue mesurado, aunque advirtieron que, en el largo plazo, si la matriz productiva mundial cambia, eso traerá aparejados renovados riesgos, en momentos en los que preocupa la actividad industrial, se aceleran las expectativas inflacionarias y el esquema cambiario mantiene puntos débiles.
Shock externo: la guerra en Medio Oriente suma presión al modelo económico y la city recalcula riesgos
Aunque el recrudecimiento de la guerra en Medio Oriente tuvo un impacto acotado en el mercado local, un análisis más profundo revela nuevos desafíos para el modelo económico del Gobierno.
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Frente a la guerra, la city advierte de renovados desafíos para la economía local.
“Argentina atravesó el shock razonablemente bien. Un banco de inversión global señaló a Turquía y Argentina como algunos de los mercados más expuestos a un impacto impulsado por la energía; hasta ahora, esa advertencia no se ha reflejado en los mercados”, indicó esta semana Adcap Grupo Financiero.
Y es que, en un contexto de fuerte tambaleo en los mercados, el riesgo país argentino incluso llegó a acumular una baja del 5% en la última semana, mientras que el dólar oficial rebotó, pero en un porcentaje similar al de la semana precedente.
A nivel local, “Argentina logró seguir recomponiendo reservas (RRNN) vía compras del BCRA, con un peso que ha mostrado robustez, aun durante la escalada de la tensión global, manteniéndose lejos del techo de la banda”, también destacaron desde Grupo SBS.
Sin embargo, plantearon que “el cambio en la matriz productiva del país lleva ahora a seguir bien de cerca la dinámica de precios y cantidades en commodities energéticos y metales, con una productividad que va en aumento en esos sectores”.
Una mirada más a mediano plazo: cuáles son los renovados riesgos
Para empezar a analizar los nuevos desafíos es importante ver cómo enfrenta la economía local la crisis global. Desde Grupo SBS resaltaron que, en estos momentos, Argentina presenta una actividad estancada si excluimos Agro, Minería, Oil & Gas e Intermediación Financiera, con salarios reales privados registrados en tendencia a la baja, en niveles inferiores a noviembre de 2023, que “son aún más bajos si tomamos un IPC reponderado, dando mayor peso a los servicios para reflejar hábitos de consumo más actuales”.
Por eso, desde este mismo informe consideraron que es clave una política monetaria que reduzca más la volatilidad en tasas, “manteniéndolas en nivel real positivo, tal que permita, en simultáneo, ser atractiva para los depósitos privados en pesos y para los préstamos destinados a proyectos rentables”.
Y agregaron que “impulsar inversión y empleo privado es clave para salarios reales y consumo” y que, si bien “las expectativas deberán mantenerse ancladas”, es fundamental el manejo de los planos fiscal, monetario, cambiario y financiero, en especial considerando la posibilidad —no menor— de shocks externos.
En cuanto al riesgo país, desde IEB aseguraron que “dado el contexto de tensión global y sin ningún driver claro a la vista en el escenario local, será difícil observar una compresión significativa en el corto plazo”, por lo que probablemente se mantenga lateralizando dentro de estos niveles hasta que se reduzca la incertidumbre externa. “En este contexto, la deuda emergente de Latinoamérica puso en pausa su rally y se volvió muy vendedora, en línea con la dinámica global de risk-off”, confiaron.
Tres impactos en la economía argentina ante la escalada de la guerra en Medio Oriente
Por su parte, desde Vectorial identificaron tres impactos en la economía argentina producto de la escalada de la guerra en Medio Oriente, que si bien afectan a sectores específicos confluyen en un denominador común: una presión inflacionaria que podría comprometer la sostenibilidad del tipo de cambio y, con ello, la meta de desinflación del Gobierno.
El primero —y más relevante— es la suba sostenida del precio de los hidrocarburos. La región concentra el 31% de la producción mundial de petróleo. El precio del barril ya acumula un alza de cerca de u$s10 desde fines de febrero y ronda actualmente los u$s80.
En este contexto, el sector energético argentino emerge como uno de los principales beneficiarios. Sin embargo, la contracara de esta mejora comercial es el traslado a precios internos.
“Por su efecto transversal sobre el transporte y la producción, una suba en los surtidores permea a toda la economía. Los energéticos representan algo menos del 10% de la canasta que releva el INDEC —y superarían el 13% con ponderadores actualizados—, de modo que un aumento del orden del 15% en el precio promedio de combustibles y derivados implicaría un impacto directo sobre el IPC de entre 0,15% y 0,20%, que podría duplicarse al incorporar los efectos de segunda vuelta”, revelaron desde Vectorial.
El segundo impacto, según este mismo informe, se produce en el sector agropecuario debido a la disrupción en la cadena global de fertilizantes. El Golfo Pérsico, zona de influencia de una veintena de fábricas de fertilizantes, maneja un tercio del comercio mundial de nutrientes inorgánicos, y el cierre del Estrecho de Ormuz ya disparó los precios de la urea a casi u$s700.
Además, aseguran que la escalada bélica eleva los costos de los fletes y seguros marítimos, lo que presiona directamente los costos de producción del campo argentino.
El tercer impacto opera sobre los mercados financieros, como se mencionó anteriormente. “Argentina no es inmune a la volatilidad global y el conflicto podría desencadenar un fenómeno de flight to quality: el nerviosismo inversor impulsa los flujos de capital hacia activos seguros y desincentiva posiciones en economías emergentes como la Argentina.
El fortalecimiento del dólar a nivel global representa un desafío directo para la estrategia cambiaria del país. Una depreciación del peso ganaría en competitividad, pero el traslado a precios que generaría se sumaría a las presiones inflacionarias”, finalizaron.
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