Antes del estreno de la serie documental “Harry & Meghan”, por la que Netflix selló un acuerdo de entre 100 a 150 millones de dólares con los duques de Sussex para que contaran su historia, se generó una controversia que continúa hasta hoy.
“Harry & Meghan”: del cuento de hadas al hastío
La controvertida historia del príncipe y la plebeya, con el sello Netflix.
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La versión de la ruptura entre la pareja real y la monarquía podría formar parte de una película de no más de dos horas, pero el aval del Príncipe Harry y Meghan Clarke para abrir su intimidad con fotos y videos inéditos, sus testimonios que en todos los capítulos incluyen lágrimas y chistes, llevaron a Netflix a incluir lo crucial en cada capítulo y rellenarlo con material de archivo, reiterativo, en especial tapas de diarios y fragmentos televisivos. También hay varios especialistas en realeza y género que exponen sus opiniones.
De cómo victimizarse y ganar fortunas fue lo mínimo que se dijo de una pareja que parece haber aprovechado un paradigma a favor de la inclusión, por cuanto enfatizan en todo momento el origen birracial de la actriz de “Suits” y los escándalos conocidos sobre el nieto menor de la Reina Isabel, que en definitiva convierten la serie en una postal algo narcisista y egocéntrica de este matrimonio.
La rebeldía de varios de los miembros de la familia real no es novedad y es anterior a la propia Isabel. Desde la abdicación de Eduardo VIII para desposar a la divorciada Wallis Simpson, lo que llevó a Jorge VI al trono, hasta la hermana de Isabel, Margarita, y sus amores fallidos con hombres equivocados que la sumieron en la tristeza. Y el más claro ejemplo de rebeldía y escándalo llegó con Lady Di y Carlos.
No deja de ser interesante espiar esta historia de amor cual cuento de hadas con un principio idílico en la que los enamorados dicen haberse conocido por Instagram, más la evocación de esa relación a distancia durante los primeros meses, recuerdos de las amigas en torno a esos días, los viajes benéficos e intereses filantrópicos de cada uno por separado y luego juntos, hasta que comienza el hastío para ellos y para el televidente, con énfasis en el “acoso” y “hostigamiento”.
En Gran Bretaña sus detractores los criticaron por victimizarse y nunca avalaron el pedido de presupuesto para que las fuerzas de seguridad inglesas tuvieran que protegerlos de los paparazzi. Para peor, el contexto económico en Europa producto de la guerra entre Rusia y Ucrania no es el mismo que en los años de Diana Spencer, aunque si algo se vio no sólo aquí sino en “The Crown” es el cuestionamiento a una monarquía que sostiene su lujosa vida a expensas de recursos económicos del Estado.
En la serie se muestran momentos felices de la pareja y también con sus hijos, el primer encuentro entre Meghan y la familia real, un excesivo detalle de la familia de Clarke, la cuenta regresiva hacia la boda, el vínculo en un comienzo amigable entre Harry y su hermano Guillermo y el gradual descenso a los infiernos. Harry sostuvo que la familia real mentía feliz para proteger a su hermano y en cambio nunca estuvieron dispuestos a hacerlo con ellos, lo que derivó en que la pareja renunciara a sus deberes reales: “No me estaban arrojando a los lobos, le estaban dando de comer a los lobos”, dijo Clarke.
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