17 de abril 2007 - 00:00

Ante tanto escruche, ¿a quién hay que escrachar?

Ante tanto escruche, ¿a quién hay que escrachar?
El diccionario de la lengua lunfarda define al escruche como un robo; al escrushe como un robo con violencia; y al escrache, como la acción de poner en evidencia. Ante tanta inseguridad rondando en estos días -en pleno auge si de countries y barrios cerrados se trata, porque sólo hasta marzo la crónica policial lleva computados 21-, pareciera que el eventual damnificado debería contentarse si sólo sufre un escruche. Porque si a la quita de sus bienes se le suma la violencia que puede incluso acabar con la vida, la peor pesadilla sería padecer un escrushe. Pero frente a tanta indefensión, ¿a quién habría que escrachar?

La estadística fría siempre lleva a discrepancias, según el sector del que provenga. Los 21 robos referenciados se enfrentan a los 35 que contabiliza la fundación del ingeniero Juan Carlos Blumberg. Esos 35 episodios -que corresponden sólo al sector de countries y barrios cerrados en su mayoría en el conurbano- registrados en los primeros tres meses del año equivalen a la cifra obtenida durante todo 2006. Y, lo que es peor, la experiencia indica que para que ese número se asemeje a lo que ocurre en la realidad, habría que multiplicarlo al menos por dos, y hasta por tres.

Distinto piensa el gobernador Felipe Solá, tras asegurar que «la operatividad policial y el esclarecimiento de casos de inseguridad es alto» en la provincia, utilizó su propia y cuanto menos extraña estadística. Se quejó obviamente por la repetición que hace la televisión de cada hecho delictivo, menospreciando el entendimiento del público «que ya no sabe si ocurrió un hecho nuevo o no». Y fue entonces cuando dijo que es posible que «si dividimos los 365 días del año tengamos un hecho por día». Hablaba del Gran Buenos Aires. Poco, ¿no?

En la Capital Federal, en tanto, la tasa de delitos se quintuplicó entre 1991 y 2005, de acuerdo con datos que maneja el diputado nacional y referente en temas de seguridad del PRO, Eugenio Burzaco, en base a datos aportados por la Dirección Nacional de Política Criminal.

  • Referencia

  • Claro que las estadísticas son sólo una referencia de lo que ocurre -referencia más o menos certera de acuerdo con quien las elabore y/ o las manipule-, pero lo que no es posible ya negar la existencia del problema, su auge y la innovación en los métodos de asechanza. Menos, como lo hizo Solá llegando a adjudicar un hecho real al mezquino imaginario popular, año electoral mediante. Es lo que ocurrió con el robo a automovilistas hace un par de semanas en un embotellamiento en la Panamericana a la altura de Pablo Nogués.

    ¿La opinión será la misma para los casos que siguen? Sólo durante el mes de marzo, y por lo que reflejan los diarios, se sabe que en un mismo día robaron dos departamentos en Colegiales y otro en Palermo (en este último caso primó el afán económico -se llevaron dinero- pero también el artístico -se descolgó una pintura). Un día después hubo un asalto comando en un banco en Lanús. A continuación en Recoleta hurtaron un valioso cuadro de un edificio sobre avenida Del Libertador. Y siguiendo con la opción cultural, en Tortugas a un empresario le robaron dos grabados de un artista inglés. En La Matanza hubo un millonario asalto a la empresa Volvo. Un grupo de delincuentes robó y privó de la libertad a tres familias en el Village Country club de Pilar; hurtaron en otras tres casas de un country de Benavídez; en Quilmes, un hombre de 73 años murió de un infarto porque no resistió un llamado donde le alertaban del secuestro de su hijo y le pedían rescate; mientras dormían asaltaron a un matrimonio y sus dos hijas en el barrio Santa Rita; en San Miguel mataron a golpes en su casa a un empleado municipal que estaba junto con su hijo, por resistirse a un asalto; también en San Miguel mataron al cuñado del intendente, pese a que no se resistió, de dos balazos frente a su hijo de 17 años; robaron y raptaron a un ex policía en el partido de Vicente López; unos 11 automovilistas fueron asaltados en un embotellamiento de la Panamericana a la altura de Pablo Nogués; dos ladrones ingresaron al barrio privado Los Tacos en el partido de Escobar, asaltaron dos casas y maniataron a sus ocupantes; en Adrogué y en pleno mediodía robaron en una oficina del Registro Automotor, se llevaron dinero e hirieron a un policía; en el barrio Santa Rita sorprendieron al hijo de un matrimonio cuando iba a la escuela, volvieron con él a la casa, maniataron a los padres y los asaltaron... A la lista se agrega un episodio ocurrido el martes de la semana pasada en el Country Club Las Chacras del Paraná en Lima, donde tres encapuchados robaron la casa de un médico. Pero no es el último, a continuación hubo otro violento asalto en una vivienda en Vicente López.

    No parece poco, menos circunscribiendo tanto el área de acción. Si se sumaran entonces otro tipo de delitos, más la enorme cantidad que no se denuncia, el saldo sería más fatídico aún. ¿Y la acción contra tanta inseguridad? Mal año éste para esperar una respuesta acertada de las autoridades. Hay elecciones y una tentación excluyente a adjudicar este supuesto avance de la delincuencia a las campañas sucias o de difamación. «Hay alguien que quiere que se imponga la agenda de la inseguridad en un año político, para que se viva como algo insoportable», dijo, por ejemplo y no es el único, el gobernador Solá.

    Pero, la realidad se impone y supera a la ficción política. Los registros son contundentes y no es que la actividad delictiva haya pasado de la recesión a un crecimiento a tasas chinas. Nunca ha dejado de prosperar.

    Para Blumberg, «la inseguridad es cada vez mayor» y no obedece a una cuestión de agenda política. Por ello califica de «un insulto a las víctimas» la negación que se hizo de los robos en el embotellamiento de la autopista.

    Un último dato para la estadística: dice el ingeniero que hay 190 secuestros virtuales por día. ¿Serán también parte de la campaña?

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