12 de julio 2005 - 00:00

Caso de las fuentes golpea ahora a Bush

Caso de las fuentes golpea ahora a Bush
Washington (Reuters, EFE, ANSA, AFP) - La Casa Blanca debió soportar ayer fuertes críticas debido al aparente involucramiento del principal asesor de George W. Bush en la difusión de la identidad de una agente de la CIA, algo considerado delito en EE.UU. y que ha llevado a la cárcel a una periodista de «The New York Times» por no revelar su fuente.

«The Washington Post» y «The New York Times» informaron ayer que Karl Rove fue quien filtró a la prensa que la esposa del ex diplomático Joseph Wilson trabajaba para la CIA. En medio de acusaciones y reclamos para que Bush eche del gobierno a su asesor político clave, el abogado de Rove, Robert Luskin, matizó afirmando en el «Post» que éste no mencionó a la agente por su nombre.

El senador demócrata Charles Schumer calificó el acto de revelar la identidad de un agente secreto como una «traición». En tanto, otros le exigieron a Bush que remueva a Rove o que, al menos, limite sus funciones evitando que acceda a información reservada. Por último, otro demócrata, el representante de California, Henry Waxman, pidió celebrar una audiencia en el Congreso para que Rove testifique bajo juramento sobre el caso.

• Silencio gubernamental

Por su parte, el gobierno rechazó responder esos cuestionamientos. «En algún momento, con mucho gusto hablaré de ello, pero no hasta que la investigación esté completada», precisó el portavoz presidencial, Scott McClellan.

El fiscal especial Patrick Fitzgerald trabaja para determinar quién dijo hace dos años a la prensa que Valerie Plame, la esposa de Wilson, era una colaboradora de la CIA. En EE.UU. la identificación pública de un agente secreto es un delito.

• Venganza

Al parecer, ese hecho fue una venganza contra Wilson, quien había acusado a Bush de mentir cuando, antes de la invasión a Irak, dijo que Saddam Hussein estaba comprando uranio en Níger para hacerse de armas nucleares.

En el curso de su investigación, Patrick ha entrevistado a numerosos funcionarios de la Casa Blanca, incluidos el presidente Bush, el vicepresidente
Dick Cheney y varios colaboradores que hicieron declaraciones bajo juramento.

Si de la investigación con los periodistas se concluyera que alguno de estos funcionarios fue la fuente de información sobre Plame y ellos lo hubieran negado bajo juramento, podrían ser juzgados por perjurio.

Los periodistas
Matthew Cooper, de la revista «Time», y Judith Miller, de «The New York Times» hicieron averiguaciones sobre el asunto. Cooper publicó un artículo que ratificaba lo dicho inicialmente por el columnista conservador de la CNN, Robert Novak, mientras que su colega no llegó a publicar la información. Como Cooper aceptó revelar el nombre de su fuente, evitó ir a la cárcel. Miller hizo lo contrario y terminó presa.

Dejá tu comentario

Te puede interesar