Cambia permanentemente de estilos y ya incorporó ciertas reglas que sabe son inquebrantables para lograr el mejor aspecto posible. A Cristina de Kirchner, ni las altas temperaturas la obligan a deshacerse de las mangas tres cuarto que son milagrosas, aliadas, alargan y disfrazan un tríceps enemigo. Tampoco abandona los zapatos de horma escotada, de taco alto, que afinan los gemelos y dan altura, ahora que no se inhibe de usar faldas (aunque tampoco deja los pantalones, ajuar exclusivo cuando era legisladora) siempre cuidadosamente engamados. No se despega de sus anillos de oro y de su Rolex. El pelo siempre suelto y por debajo de los hombros le resulta el peinado ideal para afinar su rostro y lucir juvenil, algo en lo que se empeña. Demasiado radiante, a veces, para los eventos a los que asiste. Veamos el repaso de su vestimenta durante la semana:
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El viernes 18, como una estrella de Hollywood. Look glamoroso para entrar a la Casa Rosada como desfilando por la alfombra roja. Lució un vestido chemise de falda lápiz a la rodilla con cuello solapa, pinzado, de raso color champagne estampado con flores pequeñas en tono rosita que combinó, como siempre, con un cinturón ancho de hebilla cuadrada al tono para remarcar la cintura. Prenda de pasarela, quizá demasiado para el día. Cabello suelto, collar de piedras blancas, los anillos de oro y aros colgantes con brillantes se complementaron en forma adecuada con la vestimenta. El conjunto le quedaba perfecto, aunque el brillo abrumador, lo convertía en un modelo más apropiado para una gala.
El martes pasado reapareció muy chic para recorrer las zonas más pobres del conurbano. Usó el mismo modelo, aunque con bastantes más tablas en la falda; elección inesperada, dado que este tipo de costuras se utilizan cuando se pretende dar un efecto de mayor volumen a la parte inferior del cuerpo, que no es justamente lo que necesita la Presidente. Eso sí, el largo a la rodilla, regla inquebrantable para Cristina de Kirchner, quien sabe por consejo de su asesora de moda, Susana Ortiz, que ése es su largo ideal, clásico, elegante, que divide el cuerpo a 50% y alarga la figura. Rosa Dior, magenta y morado fueron los protagonistas del estampado floreado con el que ingresó al comedor Los carasucias. Otra vez, cinturón ancho forrado en la misma seda que el vestido, al igual que su cartera cuadrada, especialmente ideada para ella. Los mismos pendientes de oro blanco que el viernes y un collar de perlas opacas de dos vueltas acompañaron el maquillaje virado a la paleta de los marrones. Ese detalle oscureció su rostro en vez de resaltarlo, pero fue acertada la elección del esmalte nacarado para las uñas.
El miércoles volvió a los pantalones. Los llevó de crêpé de gasa, anchos, color sabayón, con una camisa blanca con flores en rosa viejo, celeste y ocre, y el cinturón ancho en chocolate, que usó a la mañana, que se quitó por la tarde cuando recibió a Mauricio Macri. ¿La novedad? un ostentoso y llamativo medallón de oro amarillo con un topacio en el centro, que combinaban perfectamente con un anillo del mismo material en su anular izquierdo, por supuesto, debajo de la alianza de matrimonio.
Ayer sorprendió con otros pantalones, blancos, bastante ajustados en las caderas. «El blanco no perdona», suelen decir los modistos y ésta no fue la excepción. En cambio, combinó con elegancia la musculosa con escote cuadrado de raso dorado y el saco manteca con estampado en hilos color oro. Párpados oscuros y labios durazno se complementaron con el collar de perlas amarillentas y los aros de oro, accesorios que terminaron por dar la pincelada final a un look extremadamente brilloso. Pero claro, es la Presidenta, debe resaltar entre la multitud, y ya sea por aciertos o equivocaciones siempre lo logra.
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