17 de marzo 2008 - 00:00

Drogas: anuncio de despenalización es admitir que se perdió guerra

Bob Dylan y Aníbal Fernández.
Bob Dylan y Aníbal Fernández.
«Aca vos ves a un tipo vendiéndole a otro señor droga y van y detienen al que está comprando, no al que está vendiendo.» Esta descripción no corresponde a un observador neutral, sino a Aníbal Fernández, ministro del Interior de 2003 a 2007, hoy titular de la cartera de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. El funcionario justificaba así el proyecto oficial de «despenalizar la tenencia de pequeñas cantidades de droga para consumo». Después de su polémico anuncio, Fernández tuvo una semana alucinante -nunca tan apropiado el término- porque, a la desmesura que siempre lo caracterizó para referirse a sus críticos -esta vez los llamó «trogloditas»-, sumó una serie de sorprendentes afirmaciones. Dijo querer que su ministerio «pueda dedicarse a la persecución del que trafica y vende para sancionarlo con toda la dureza», como si alguna ley se lo impidiese. «La Policía tiene que dedicarse a encontrar a los traficantes y no a perseguir a un adicto que se fuma un porro», agregó quien durante más de cuatro años estuvo al frente de las fuerzas de seguridad cuyo desempeño ahora critica.

Consultado por este diario, Wilbur Grimson, especialista de reconocida trayectoria en materia de tratamiento de adicciones, ex titular de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), fue categórico: «El proyecto del gobierno es un verdadero disparate, porque parte de un supuesto equivocado: en la Argentina la ley no penaliza el consumo sino la tenencia; no se penaliza al consumidor. No hay un solo preso por consumir droga en la calle». Lo mismo afirma Claudio Izaguirre, presidente de la Asociación Antidrogas de la República Argentina: «No hay un solo juez en el país que haya enviado a un penal a un adicto por su condición de tal».

Basta recorrer las calles de cualquier ciudad del país para saber que la Policía no persigue a los que «se fuman un porro». Pero la distinción entre consumo y tenencia no es caprichosa: «Si detuviéramos a todos los que hacen tenencia y entran a discotecas, se acabó el consumo», dice Grimson.

En octubre del año pasado, Virgilio Palud, juez federal de Reconquista, denunció que el norte de Santa Fe era «una gran pista de aterrizaje» para los aviones que traen droga desde Paraguay. Agregó que carecían de medios para evitarlo y pintó un cuadro sombrío: «Aumenta la cantidad de droga, baja la edad de los consumidores y son cada vez más complejos los métodos que usan los narcos para ingresar» su mercadería.

Conclusión: hoy en el país no se combate ni la oferta ni la demanda. Lo admitió el propio Aníbal Fernández cuando, a mediados del año pasado, dijo que lo hecho hasta ese momento para combatir el narcotráfico había sido «un total y absoluto fracaso».

Si no puedes vencer a tu enemigo, ¿ríndete? En la misma ocasión, el ministro había dicho que «el aumento de la oferta» estaba «en consonancia con el continuo aumento de la demanda por los consumidores». No se entiende entonces para qué liberalizar la tenencia, pues, como sostiene Grimson, «una mayor tolerancia al consumo generará un incremento del mismo: si se les vende alcohol abiertamente a los menores ¿por qué no también droga? ¿Cómo hablar de tolerancia en un clima donde los chicos empiezan a emborracharse a los 12 o 14 años?». Y agrega: «La clínica no ha podido afirmar que la marihuana es inocua. No hay droga inocua». El proyecto oficial ni siquiera hace distingos: la despenalización sería para todas las drogas hoy ilegales. Incluido el muy letal «paco».

«En los programas de educación no hay nada en referencia a la prevención de la droga. La prevención no ha llegado a la educación», nos dice Grimson. Y ello pese al alerta que significó un reciente estudio de la OEA y la ONU según el cual, entre nueve países sudamericanos, la Argentina presentó el mayor porcentaje de estudiantes de 13 a 17 años que habían consumido cocaína. El estudio reveló un incremento del consumo de esa droga en las escuelas de 170% en cuatro años y de más de 200% del «paco». Según la propia Sedronar, 440.000 personas consumen habitualmente cocaína en el país. Aníbal Fernández encargó al INDEC la realización de otra encuesta. ¿Querrá el gobierno combatir la droga como combate la inflación: manipulando las cifras?

Más en general, el objetivo detrás de la liberalización del consumo, aquí y en el mundo, es lo que se llama la «reducción de daños», es decir, a quienes no pueden o no quieren dejar de consumir, no tiene caso imponerles la abstinencia; sólo queda reducir los riesgos derivados del consumo: por ejemplo, evitar que éste vaya asociado al contagio de HIV. El problema de esta concepción es que no contempla los riesgos de terceros. «
Tenemos que darle una respuesta a quien está padeciendo los efectos del consumo», dice Aníbal Fernández. De acuerdo, pero ¿no habrá que pensar también en quien padece el flagelo de la violencia delictiva asociada a la droga?

El ministro fue visto rubio y de ojos celestes esta semana por muchos entusiastas de la droga libre. Si ésa era su intención, debería mirar más a Holanda, país que es un semillero de iniciativas «políticamente correctas». Hablando de semillero justamente, una revista holandesa -«Nieuwe»- regaló en su última edición semillas de marihuana «de buena calidad» para pasar el mensaje de que «la lucha contra las drogas es inútil». La misma conclusión a la que parece haber llegado el gobierno argentino.

  • Derechos humanos

    Hay una nueva tendencia en Europa. Ya no basta luchar por la protección de los animales, ahora hay que lograr la equiparación de la condición animal con la humana. Sus derechos valen tanto como los nuestros: tal es la convicción de muchos ecologistas y de partidos nuevos que se están formando. En Holanda, país que siempre es vanguardia en iniciativas tales como exhibir mujeres al modo de mercancías en vidrieras (si se van a prostituir, que sea con «reducción de daños»), marihuana libre, legalización de la eutanasia, etc., existe desde el año 2002 un Partido de los Animales. No es broma: ya tiene dos diputados. Su presidente, Marianne Thieme, obviamente vegetariana, sostiene que «los derechos de los animales son tan importantes como los derechos humanos» y que el suyo es un verdadero movimiento de emancipación de las bestias, como antes lo hubo de los esclavos o de las mujeres. «Tenemos que dejar de lado la idea de que somos el centro del universo».
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