25 de febrero 2008 - 00:00

El "bombón keynesiano" ya tiene quien le escriba

Martín Lousteau
Martín Lousteau
«Todos saben q martincito es un bonbon,q inporta q no sepa de economia» (sic). Jaqueado en los pasillos del poder, cada vez más acotado en sus funciones y abrumado por el protagonismo del polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, el ministro de Economía, Martín Lousteau, encuentra defensores -defensoras, más bien- en la red.

Las cuitas de quien pasó aceleradamentede joven promesa y única novedad expectante del gabinete de Cristina Fernández a estar más desdibujado que sus antecesores, Felisa Miceli y Miguel Peirano, suscitan en Internet comentarios como el antes citado.

Ya la designación de este graduado de la Universidad de San Andrés había generado en diversos blogs acotaciones del tipo: «sí, es joven y muy buen mozo»; «nuestro ministro está muy bueno»; «sí que sabe elegir Cristina»; «¡qué bueno que al menos una pueda recrear la vista con algún político!»; etc. Aunque entre tanta admiración, no faltó quien intuyera algún rasgo de su personalidad: «lindo es, aunque medio apático»; o los motivos de su nombramiento: «muy joven, mucho título y poca calle. ¿Es para que lo puedan manejar más fácilmente?».

En todo caso, la pinta no le alcanzó a «Martincito» para abrirse un espacio de autoridad y hasta le puede haber jugado en contra por la envidia de los menos agraciados o simplemente porque su look es demasiado ajeno al medio kirchnerista y su aspecto aniñado no ayuda a imponer respeto.

En reacción a artículos que insinuaban un ninguneo de Lousteau por parte del ala «política» (calificativo generoso) del gabinete, una indignada admiradora anónima prometió crear un club de fans virtual. Y cumplió: «¡Chicos, chicas! llegó http:// martinlousteau.blogspot.com/», anunciaba quien se hace llamar Pat. «Seguiremos de cerca los pasos del nuevito Ministro de Economía» porque «I (heart) Lousteau».

Hasta ahora son 16 las entradas de este blog, en las que Pat, con el estilo correspondiente a la veinteañera que dice ser, da cuenta de las actividades del funcionario, con muchas fotos y sin demasiada preocupación por el rigor informativo.

«Equipo confirmado», escribió el viernes 14 de diciembre de 2007: «Martincho les pegó un llamado a sus amigochos del Banco Provincia y les dijo ¿se copan? y así armó el equipo para esta gestión». Benévola versión la de Pat para un ministro que apenas si pudo llenar unos pocos casilleros.

El jueves 13 de diciembre el título fue «Hoy estuviste en A dos voces. y no te pude ver». «Martin tendrá visitas», fue la entrada del 26 de diciembre de 2007 porque el ministro recibía a su par brasileño de Hacienda, Guido Mantega; o «Cositas que dijiste hoy», el 17 de diciembre, donde se ocupaba más del vestuario de Lousteau que de sus dichos: «quiero destacar la presencia de tu corbata, creo que estamos ante 'la corbata Lousteau' así como 'el perfume Banderas', estás imponiendo una moda sólo para entendidos». Observadora, la chica también notó que, en otra ocasión, «te pusiste la corbata que tenías en la primera foto, se ve que no tenés el trauma de no repetir vestido de Cristina».

Su último ingreso fue «Martín quiere un 20», en relación con el porcentaje expresado por Lousteau para las paritarias, anuncio autodesmentido luego, cosa que Pat olvida consignar, demostrando que está tan poco «on line» como su admirado Martín.

Seguramente fue con la intención de ayudarlo, pero con su afirmación de que «Guillermo Moreno es el superministro, por no decir que Néstor Kirchner sigue siendo el presidente», el ex Banco Central Javier González Fraga puso en evidencia la difícil situación de Lousteau, realidad que no pasa inadvertida a las internautas: «Por supuesto que Martincito está de adorno y nada más, lástima, tan pintón».

¿Será en la política como en el juego? ¿Mala suerte en la gestión, buena suerte en el amor? En todo caso, este nombramiento parece haber obedecido más bien a la intención de crear una representación del ministro de Economía, que encubra el lugar de decisión real.

Quizá Cristina, afectaba por el mismo síndrome, visible en la trascendencia que han tenido los maliciosos comentarios de Eduardo Duhalde sobre un doble comando en el gobierno, decida dar un golpe de timón y un nuevo equilibrio de fuerzas en el gabinete beneficie al «bombón keynesiano», como han bautizado algunas al ministro. Caso contrario, tal vez éste busque la puerta de salida, habiendo transitado por la función pública sin pena ni gloria y dejando el interrogante de por qué aceptó el cargo.

De momento, le queda el consuelo de marcar tendencia en materia de corbata y despertar suspiros en una platea femenina a la que no le importan sus desventuras en el planeta K.

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